MÉDICO HERNANDO RAFAEL PACIFIC GNECCO

Por: Hernando Pacific Gnecco*

La casa paterna despidió a sus principales moradores: papá y mamá. Ese hogar construido durante tantos años alberga historias y remembranzas, cada una atada a determinados objetos. Ellos cuentan vivencias únicas y cargadas de sentimientos; mirarlos, tocarlos y olerlos traen a la memoria todos los recuerdos que aún albergamos en la memoria y que tienen un significado especial.

El piano, que tan gratos momentos musicales nos regaló en la vida, tres acordeones, todos los instrumentos de percusión; discos de acetato y CD por montones: folclóricos, música parisina, italiana, brasilera, cubana, mexicana, etc. Los muebles en los que estuvimos sentados, las distintas bibliotecas que alojaron enciclopedias y colecciones de clásicos, literatura, poesía, arte, medicina y demás. Muchas pinturas, en particular los de Gabriela, algunos de autores reconocidos y otros menos famosos, pero de gran calibre pictórico. También los adornos que con buen gusto le confirieron calidez y carácter a ese hogar, ajenos a la asepsia de diseñadores de revista: reflejaban vida y expresaban sentimientos. Desempolvamos recuerdos de viaje: fotografías y objetos que señalaron momentos especiales, anécdotas y chistes con los que gozábamos recordándolos. Se configuró un baúl que recibió recuerdos durante tantos años y le dio personalidad a ese hogar que nos cobijó desde la adolescencia; un nuevo barrio que nos regaló amistades eternas.

Recordamos a aquellas personas y objetos que ya no están; la abuela Leonor, la tía Niche, Orlando Alarcón y otros agnados. Desde luego, a ciertos amigos que eran verdadera familia; Rafa Díaz, ese irrepetible “polilo vallenato” y su aguaje, dichos, chistes y anécdotas graciosas con las que le ponía picante a las parrandas; el genial Armando Manrique con un piano maestro y otros que recordamos con cariño. Además, tantos amigos y allegados que compartieron pedazos de nuestra existencia bajo ese techo; la lista es interminable. Desmontar ese hogar hace que nos llevemos jirones de vida que jamás se juntarán de la manera en que se crearon.

Tomó rumbo desconocido un viejo televisor portátil Phillips en el que vimos las primeras transmisiones, una radiola y un radio de mesa, hermosos aparatos. Otros trastos nos transportan a la vida en Santa Marta, entre ellos una vieja paila de cobre elaborada por los gitanos que mi madre usaba para preparar dulces; unas lámparas de petróleo que iluminaban las noches samarias de frecuentes cortes energéticos; el Škoda vinotinto de divertidas anécdotas. De la vida bogotana, un televisor Trinitron con su respectivo Betamax, primeros dispositivos a color, teléfonos de disco que sirvieron hasta hace poco, tocadiscos, reproductores de CD y DVD. Diplomas, reconocimientos y premios en medicina, pintura y música, escasos ejemplares del libro escrito por mi padre, borradores inconclusos, muchísimas anotaciones y recortes de mi madre, y sus viejas máquinas de escribir.

No sabemos qué camino tomó la enorme damajuana de color verde botella, recubierta en mimbre que debió alojar vino Chianti o aceite de oliva que el abuelo Ernesto importaba de Italia junto con las ruedas de queso parmesano, alegría de la spaghetatta dominical, congregación reservada para la familia y amigos cercanos, particularmente la colonia italiana. En el comedor del hotel había un piano alemán de tiempos inmemoriales con un par de candelabros de bronce que indicaba una época anterior a la energía eléctrica y que ayudó al aprendizaje de mi padre; terminó alimentando comejenes, lamentablemente. La entrada al hotel alojaba una vieja nevera a gas y un teléfono de madera con timbre, bocina y manivela.

Desmontar una casa es el ejercicio de remembranzas y sentimientos para decidir con qué nos quedamos, qué podemos vender o donar, y qué no podrá ser enajenado. Cada objeto se lleva un pedacito de nuestra vida, que será reconstruida como un extraño rompecabezas en varios lugares con otros elementos, para crear una existencia distinta a donde quiera que lleguen. Otros, irremediablemente, irán al basurero. Aquellos que continúen su vida en nuestros hogares nos traerán todos esos momentos y vivencias que cada quién revivirá a su manera. 

*Médico Cirujano. Especializado en Anestesiología y Reanimación. Docente Universitario. Columnista

Loading

¿Cómo le pareció el artículo?
+1
1
+1
0
+1
0
+1
0
+1
0

Por editor

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *