Rafael Robles Solano

Por: Rafael Robles Solano*

Dada la importancia que reviste el tema para los lectores y a instancias sugerida por varios de ellos, procedo a la exposición de algunos puntos de interés qué por razón de espacio, deliberadamente omití referirme en el pasado artículo, con los cuales pretendo despejar someramente diferentes conceptos y en particular con el significado de lo que es la llamada MANIPULACIÓN INFORMATIVA, la cual objetivamente conduce a lo que se conoce como: Desinformación y estrategia de control. Esta se manifiesta y evidencia principalmente en los diferentes medios de comunicación y redes sociales, consiste en una serie de estrategias relacionadas entre sí con las que miembros de un determinado grupo político, económico o de presión crean y promueven mensajes, imágenes o ideas que favorecen sus respectivos intereses particulares; se destacan entre las principales clases de manipulación: la publicidad y propagandas ideológicas o políticas, el marketing y las relaciones públicas, o más sofisticadamente el activismo en las guerras sicológicas. Todo lo anterior se comprueba observando y revisando especialmente como se acomodan y fijan sus posturas en nuestros escenarios los diferentes medios de comunicación al servicio de los poderes empresariales o gubernamentales, qué en nuestro país, son fácilmente identificables, tanto en la prensa escrita, como en la hablada y en las audiovisuales o como sucede a propósito de las contradictorias noticias sobre la cruenta invasión rusa a Ucrania.

Para complementar lo explicado de mi parte, me permito acudir a planteamientos expuestos por Carmen Rosa Gómez, periodista especializada en economía, quien a propósito de la Desinformación como estrategia de control en las redes sociales sostiene que: “La máxima que indica que la información es poder”, es la explicación de las razones por las cuales muchos reenvían un audio sin verificación alguna de su veracidad o publican fotos recibidas en su celular de fuentes totalmente desconocidas. “Pero lo grave de esta situación es el deterioro de la capacidad para discernir que se evidencia en buena parte de la población de todos los estratos sociales, ante la lluvia de datos, cifras y supuestos testimonios que corren indiscriminadamente en los mensajes telefónicos, en los chats, en Twitter y demás redes.

El deterioro no se percibe sólo a la hora de poder discriminar, incluso haciendo uso del sentido común básico entre informaciones que pueden tener algo de veracidad y las que no, sino que se ha extendido a una forma irracional de compartir y multiplicar compulsivamente este alud de datos que juegan perversamente un rol especial en la estrategia de desinformación,… Entonces la tecnología disponible debe ser usada con racionalidad para proveernos de la información que buena parte de los medios de comunicación están restringiendo. Urge una actitud responsable a la hora de documentar lo que ciertamente ocurre, las marchas, las protestas, la represión, la violación de los derechos humanos y el vandalismo inexplicable es prueba de ello. La información sólo se convierte en poder cuando se puede decantar, ordenar, entender y analizar con criterio serios, de resto es basura que se acumula en los chats de los teléfonos y en los ríos de Twitter, ahogándonos como sociedad en la madeja de mentiras con la que transitamos a ciegas estos tiempos tan complejos.” (Fuente: Control social, Fundación CIEV).

A propósito de esta situación se creó en Argentina en el año 2018, el PROYECTO DESCONFÍO, buscando despejar y desmentir tanta información falsa, engañosa o inexacta, que no sólo confunde a los ciudadanos de nuestros países, sino que además horada la confianza en la palabra, mediante la verificación del discurso público (conocido como fact-checking), con la esperanza de convertir a cada usuario en un fact-checker, loable, sin embargo es mi parecer, será utópico por cuanto se requiere de mucha cultura y en nuestro medio, no se cuenta con ella, de ahí el peligro de la enorme inestabilidad política resultante de acciones que intentan propalar contenidos falsos o engañosos sobre el gobierno, las personas opositoras o periodistas, como sostienen Soledad Arréguez y Adrián Pino (de AMIDI), cuando endilgan entre otros a la pandemia de Covid-19, situaciones que aceleraron estos procesos y permitieron visibilizar de forma más aguda un problema que se agrava año a año, pero especialmente en Colombia, por causa de la preocupante polarización de la campaña presidencial.

Artículo previo del tema:

DE LAS CAMPAÑAS POLÍTICAS SUCIAS. Campañas con propagandas sucias, consisten básicamente en recurrir a las mentiras, las calumnias y las denuncias falaces.


*Rafael Robles. Secretario Ejecutivo LIDERESOCIAL. www.lideresocial@hotmail.com.co

Por editor

Un comentario en «DE LAS CAMPAÑAS POLÍTICAS SUCIAS (II)»
  1. Me gusta mucho lo que explica el señor Rafael Robles, nos hace ver las cosas como son, sin pelos en la lengua, pero siempre con la verdad respetuosa, palpitante al posible cambio. Muchas gracias, muy agradable leerle.

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