Luis Gilberto Ramírez Calle

Por: Luis Gilberto Ramírez Calle*

Importará e interesará siempre, sobre todo en estos cruciales tiempos que vive la humanidad entera, reflexionar sobre todo cuanto tenga relación con la cultura política, arma de análisis esencial para la historia política e historiografía dedicada al estudio de la instauración y desarrollo de la democracia, de ahí la importancia del tránsito desde la ciencia política hacia la historia y la forma en que esta se ha venido adaptando a las necesidades de interpretación histórica de las realidades políticas, camino que no ha estado exento de cuestionamientos y debates, pero que ha sido factor clave en la renovación de los estudios historiográficos sobre lo político y el posicionamiento de la democracia como objeto de estudio de la historiografía (Conjunto de técnicas y teorías relacionadas con el estudio, análisis y manera de interpretar la historia; como también estudio bibliográfico y crítico acerca de los textos escritos sobre historia y sus fuentes, así como de los autores que han tratado estas materias).

La cultura política le confirió a la variable cultural una posición determinante en la orientación política de las sociedades, su interacción con los sistemas políticos y de regímenes políticos; y, cambios a nivel conceptual en su proceso de adaptación y aplicación en la investigación histórica, interesada en explicar la acción política de los individuos y las comunidades a partir de la existencia de marcos culturales que le otorgan sentido a dichas acciones. Ese andar disciplinar y epistemológico le ha facilitado a la cultura política su ampliación y enriquecimiento teóricos, pero igual la ha empujado a la laxitud y la ambigüedad.

La asimilación de la cultura política por parte de la historiografía política, muchas veces se limita a su dimensión descriptiva como concepto, restringiendo así su alcance analítico como teoría. Aunque este no es un problema que concierna exclusivamente las líneas de investigación, si es posible identificar que los desarrollos teóricos sobre la cultura política propuestos desde la historia no necesariamente tienen un impacto en el abordaje histórico de la política y la democracia, a pesar que gran número de investigaciones han pretendido inscribirse en la señalada renovación historiográfica de lo político, generada por su encuentro con lo cultural.

Es de destacar que para la cultura política tuvo importantes implicaciones en sus alcances analíticos y normativos, el que se definiera inicialmente como una tipología específica de sí misma la democracia contemporánea; de ahí la importancia de ocuparse de las principales transformaciones que vivió el concepto cultura política al ser acogido por la historia en el momento en que hasta cierto punto la ciencia política ya se había distanciado de dicho concepto como teoría.

Importa destacar también la forma en que la adopción del concepto resulta de acomodarse a los desarrollos historiográficos y establecer el vínculo entre cultura política y el interés creciente por el estudio de la democracia, a fin de poder evidenciar cómo la ciencia política debe retomar y reconfigurar teóricamente la cultura política con el fin de estudiar el retorno de varios sistemas políticos a la democracia.

Claro es entonces que la cultura política como categoría para el campo de investigación de democracia ha sido pocas veces empleada de forma explícita y sistemática; ya que aparece más para describir la esfera ideológica que acompaña la instalación de las instituciones y sistemas políticos propios del liberalismo, que como una perspectiva teórica sobre la historia. Con esto no se quiere expresar que la cultura política como concepto no haya servido como herramienta de análisis, pero sus alcances explicativos se ven mermados en la medida en que su uso no es tan frecuente y que cuando se emplea se hace con fines descriptivos, lo que revela que generalmente su mención esté acompañada de adjetivos como premoderna, moderna, democrática, republicana, liberal, entre otras, que son a la postre restricciones por las que el concepto tiene poca disposición para dar relevancia a la existencia de particularidades en cuanto a las culturas políticas regionales y locales.

Razones las dichas por las que deba tratarse siempre de poner en evidencia la compleja trayectoria trasegada por el concepto cultura política desde su origen en la ciencia política hasta su consolidación como una categoría historiográfica de primer orden en las dos últimas décadas. Como pudo observarse, ese tránsito epistemológico y disciplinar transformó el concepto y lo fue moldeando de acuerdo a las necesidades de una disciplina histórica que buscaba airearse a través de retomar su vínculo con la dimensión cultural.

Del énfasis que ponía la ciencia política en las orientaciones socio-psicológicas de los individuos y en cómo se veían aquellas reflejadas en su comportamiento político, se pasó a una posición mucho más abierta en relación con lo que se entiende por cultura política en la historia, concebida más como un conjunto de valores, creencias y actitudes, y enfocada en explicar la acción humana en el ámbito de lo político.

Evidente es entonces que esta ampliación del concepto fomenta lo cultural y derivó en el entendimiento de la cultura política como discurso, propició que su capacidad analítica se pusiera en duda, de ahí que interese siempre dar luces para demostrar la forma en que la cultura política fue utilizada historiográficamente para el estudio de un fenómeno especial de la política, como es la democracia, a fin de resaltar que el uso implícito del concepto dificulta establecer su nivel de aportación analítica, sin negar el importante estímulo que significó para el estudio histórico de la democracia la confluencia entre política y cultura en los últimos años.

El adecuado empleo de las perspectivas teóricas en la historia depende, en gran medida, del conocimiento que el historiador tenga de los alcances de las diferentes teorías y conceptos en los campos de conocimiento en que estas surgen y cómo estas se van transformando en el tiempo. Al parecer, este no ha ocurrido con la asimilación por parte de la historiografía de la cultura política como concepto forjado y desarrollado a nivel teórico y metodológico por la ciencia política. Sin duda, ese reconocimiento podría fomentar un uso más sistemático de la cultura política como formulación teórica.

* Luis Gilberto Ramírez Calle. General (r) Ponal. Administrador. Consultor Asesor en Seguridad, Inteligencia y Defensa Nacional. Abogado. Especializado en Derecho Administrativo.

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