Melanio ZUÑIGA HERNANDEZ

POR: MELANIO ZUÑIGA HERNANDEZ

Teóricamente se ha definido que el desarrollo económico es un concepto que se refiere a la capacidad que tiene un país de generar riqueza. Esto, además, se debe reflejar en la calidad de vida de los habitantes.

Igualmente se entiende el desarrollo económico como un continuo proceso que está orientado a mejorar la calidad de la vida de las personas en todos sus aspectos, incluyendo el político, económico, sociocultural, espiritual y ambiental en términos sustentables; que debe garantizar y asegurar además la equitativa y justa distribución y control de los recursos naturales, así como su adecuada utilización el presente, sentando las bases para que lo hagan y los disfruten las futuras generaciones.

El desarrollo se concibe también como un proceso que debe empoderar a los pobres y sectores excluidos de la sociedad, de tal manera que puedan ser partícipes y beneficiarios de la satisfacción de sus necesidades libres de dependencia o dominación política

El desarrollo debe igualmente enfatizar en la justicia social, la seguridad, la equidad, la dignidad, el respeto, el buen gobierno y la paz en todos los niveles de la interacción de los seres humanos, desde la familia y lo comunitario y sus organizaciones a nivel local, nacional e internacional.

Como resultado de lo anterior, surge el desarrollo personal, conocido también como superación personal, crecimiento personal, cambio personal o desarrollo humano, que es un proceso de transformación mediante el cual una persona adopta nuevas ideas o formas de pensamiento, que le permiten generar nuevos comportamientos y actitudes, que den como resultado una mejor calidad de vida.

Contrasta el concepto de desarrollo económico y personal con el de la pobreza, que es una situación en la cual no es posible satisfacer las necesidades físicas y psicológicas básicas de una persona,​ por falta de recursos como la alimentación, la vivienda, la educación, la asistencia sanitaria, el agua potable o la electricidad.

La pobreza que se caracteriza y concibe, ante todo, como un estado de privación del bienestar y, una barrera contra el feliz desarrollo y realización de los individuos, sus familias y comunidades que afecta la dimensión material de consumo de alimentos, vivienda, educación, salud, etc.); asi como otras esferas de la vida como la seguridad personal y de los bienes, vulnerabilidad a las enfermedades, los desastres naturales y las crisis económicas.

Podría decirse entonces que la pobreza es un síndrome de situación en el que se asocian el infra consumo humano con la desnutrición, las precarias condiciones de vivienda, los bajos niveles educativos, malas condiciones sanitarias, inserción inestable en el aparato productivo, actitudes de desaliento y anomia de las personas con poca participación en los mecanismos de integración social.

A lo anterior debe agregarse la acentuada perdida de autoestima y la progresiva destrucción de la dignidad de la persona, la debilidad en dimensiones no materiales para la exigencia y obtención de conocimiento que permita tener una disposición analítica, capacidad de procesamiento de información, acceso a nuevas tecnologías y habilidades de comunicación.

La pobreza en el mundo no se aviene tradicionalmente a una decisión personal sino a circunstancias propias de las actuaciones del mismo hombre que, a partir de causas diversas y factores diferentes como el colonialismo, la esclavitud, la guerra, las invasiones físicas y tecnológicas entre otras, han contribuido a su institucionalidad y a que perdure en el tiempo una situación de carencia extrema de recursos vitales.

Otro factor claramente determinante de la pobreza en el mundo es el actual modelo comercial que aplican los países desarrollados o del norte y, muchas de las grandes empresas multinacionales, cuyo proceder no ayuda al desarrollo de los países pobres, ya que las empresas del primer mundo utilizan los trabajadores y los productores locales como mano de obra barata y proveedores de materias primas a bajo costo.

Esta inversión en los países denominados del sur, que bien podría ser el motor de su desarrollo, se acaba convirtiendo en una nueva causa de la pobreza, lo que algunos autores como Arghiri EmmanueloSamir Amin definen como intercambio desigual; relación en la que un país percibe más valor que el que entrega a otro país. Una situación que no se llegará a solucionar hasta que, no se constituya un valor mundial que convierta las relaciones comerciales en efectivamente equivalentes.

Según las proyecciones de Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde), la economía mundial crecerá en 2021 un 5,7%, cifra que guarda similitud con la delo Fondo Monetario Internacional que lo estima en un 5,9%; informes que se contraponen a las previsiones del Banco Mundial que considera que frente a la crisis del Covid-19, la cantidad de nuevos pobres aumento en 2020 entre 119 y 124 millones, pobreza estructural que en el ámbito material amenaza colapsar el orden mundial por su inexorable  extensión por toda la faz de la tierra.

Conforme el Índice global de Pobreza Multidimensional (IPM), producido por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Iniciativa sobre Pobreza y Desarrollo Humano de Oxford (OPHI), en 109 países con una población de 5.900 millones de personas en el mundo, se refieren situaciones especiales, entre otras que: 1.300 millones de personas sufren la pobreza en múltiples dimensiones y, aproximadamente la mitad (644 millones) son menores de 18 años, casi el 85% vive en el África subsahariana (556 millones) y Asia meridional (532 millones), en tanto más del 67% vive en países de renta media o baja como los de Sur América,  Centroamérica y el Caribe.

En el caso de Colombia las cifras del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), señalan que el año pasado el 42,5% de la población estuvo en condición de pobreza, es decir, hubo un aumento de 6,8 puntos porcentuales (pps) frente a la cifra de 2019 (35,7%).

En total son más de 21,02 millones de Colombianos los que subsisten con menos de $ 331.688 mensuales, un monto que, según el Dane, es la línea para caer en la pobreza extrema, en la que hoy 7,47 millones de personas viven en el país con menos de $ 145.004 al mes, y sus ingresos no les alcanzan para consumir las calorías que necesita una persona para tener buenas condiciones de salud.

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