Álvaro Beltrán Pinzón

abpopinion@hotmail.com

Seguramente los lectores recordarán que hubo un momento en Cien años de Soledad en el que comenzaron a suceder tal cantidad de hechos insólitos que la gente esperaba con ansiedad el amanecer para saber qué novedad les sorprendería. Eran tantas y tan absurdas, que ya ni encontraban por cuál de todas comenzar a maravillarse en ese Macondo de las paradojas, del anacronismo, de la parodia y de lo burlesco, que, con magistral eficacia artística, ha dado representación al surrealismo tropical de nuestra idiosincrasia.

Son difusas las fronteras que deslindan los aconteceres que vivimos de la ficción macondiana. Esquema que peligrosamente se ha venido acentuando en nuestro medio, en el que cada día, por dónde se le mire, se registran situaciones inconcebibles que rebasan cualquier capacidad de asombro. Un país que persiste en la guerra y la depredación ambiental como opción de vida; con el velo de una impunidad que desconcierta frente a la persecución y asesinato selectivo de tantos líderes comunitarios; el inverosímil descaro y las mil maneras para saquear el erario público; la claudicación de la justicia en episodios sórdidos; el paulatino acaparamiento de la institucionalidad por avezados clanes.

Y, como si fuera poco, un largo inventario de disparates, de artilugios pintorescos, de salidas en falso, de lapsus lingüísticos, de contra evidencias, de alejamiento de las realidades sociales, incluso, de arrogancias retadoras que más bien conducen a la caricatura. Continuo ingrediente que día a día alimenta el ingenio de los memes, que han convertido la risa en una forma simbólica de la resistencia a una estructura que no está a la altura de los retos históricos que le ha correspondido afrontar. Un equívoco talante que se refleja en la desconfianza y en la desaprobación al aparato gubernativo, que, según la última encuesta de Invamer, ya alcanza una cifra del 77.5% de opinión desfavorable.

Solo los dislates macondianos son comparables a la vista de un país que permanece en la incertidumbre sobre cuál será la próxima ocurrencia o, tal vez más inquietante aún, con el interrogante ¿qué se esconde tras la confusión que se propicia con tanta mascarada?

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