Alfredo Leon Leyva -Ingeniero. Escritor. Columnista

Por; Alfredo León Leyva*

-NO HAY RAZÓN PARA MONUMENTOS

Reunir un grupo con un fin específico, de pronto podría llamarse una emboscada. Muy común que se vivía paralelo en el norte del continente, cuando la barbarie venida de Irlanda, Inglaterra, y Francia, vivida y denominada  como el “Far west”; y en donde se armaban bandas y no de músicos, de donde se popularizaría  el termino “bandido” con única acepción propia en nuestra lengua: Criminal. 

“Vaya Virrey San Martín, vuestro Rey Bolívar os entregó a la columna inglesa para que destruyerais la paz del rico Virreinato del Perú”. Se oyó decir por entonces en 1821, como un rumor que se comentaba como un “escuchito de a oídas” entre la población despreocupada de entonces, de esta parte de Sur América.

Fue el Virreinato del Perú, al que llamaban inicialmente: del “Pirú”, la mayor unidad de gobierno tenida por España entre 1542 y 1824; establecida así, para ejercer la dirección política, judicial, militar y religiosa, sobre una monarquía compuesta por diferentes reinos y provincias, regido por la autoridad única del Virrey establecido en lima, Perú.  

Llegó a abarcar el virreinato, casi toda la América del Sur desde la Patagonia hasta Panamá, y algunas islas de Oceanía. Venezuela se excluía de sus dominios, ya que era dependiente del Virreinato de Nueva España; y colindaba desde 1543 al Este, con la línea establecida en el tratado de “Tordesillas”, con las tierras del Brasil del gobierno portugués. El virreinato mandaba sobre casi toda Sur América.

Las reformas Borbonas sucedidas en el siglo XVIII, hacen que sufra el Virreinato del Perú, particiones: la creación del Virreinato de la Nueva Granada  en 1717; y en 1776 nace el virreinato del Rio de la Plata; y en 1798, la Capitanía General de Chile se separa del virreinato, estableciendo su autonomía. Y además, que el virreinato de Brasil (Portugués) amplía sus límites territoriales en la amazonia.

Pero a pesar de tales fraccionamientos sucedidos en casi un siglo, el virreinato del Perú seguía manteniendo la presencia de España como el último de los reductos que se oponían a la intentona de dominio inglés, organizado con la banda de bandidos formada por el cabecilla de rasgos mantuanos de color cobrizo, que creó a partir de entonces (1821), la deuda externa con los ingleses; y no solo para el Perú, sino también para todos estos pueblos de América del Sur. Y que dicen ese libertó.

Sea pues momento de reflexión para desaparecer iconos que adoramos como “bahales”, y mostramos en todos los parques desde las más mínimas poblaciones, hasta en los de las más encopetada urbes; y en donde sobre un caballo, imponentes y enormes se exhiben los bustos de uno de esos tales que nos vendieron al hacernos los nuevos esclavos del mundo. 

España no nos dejó deuda externa. Derribemos tales recuerdos de la picarescas épicas inventadas por los ideólogos del miedo (historiadores asalariados) que nos ataron a la esclavitud, y empecemos por adorar solo a Cristo Rey, quien si nos da la paz y la armonía.

Y digamos todos en tono alto y a voz en cuello, como en estos tiempos dice nuestro Presidente, el que elegimos la mayoría: ¡VIVA CRISTO REY!

*

-¡QUÉ HONRA!

“¿Quién tiene tu amor? Ahora que yo no lo tengo. Porque te perdí sin quererlo. Si, recibí una cartita tuya, donde me dices adiós sin alma”.

Fragmento del tango de Leopoldo Díaz Vélez, interpretado por la orquesta de Alfredo De Angelis en la voz de Juan Carlos Godoy, argentinos todos ellos; aunque aquí, por estas latitudes del norte de Suramérica, la popularizo en ritmo de bolero el monstruo del romanticismo: Felipe Pírela. Inolvidable tema que los de mi generación oíamos cuando se acercaba diciembre, y las estaciones de radio la repetían una y otra vez durante el día y la noche. 

Venia la melodía acompañada de ese dejo de tristeza en aquellas épocas, cuando entonces parecía que un amor si dolía, y las brisas como las que se sienten aquí en estos meses últimos del año, es que pasan intempestivas, del ardiente calor en las tardes, a las noches frescas con asomo de estrellas en el cielo; y que así nostálgico con un no sé qué, es como sentimos único en este hermoso y paradisiaco rincón atiborrado de playas en su extenso litoral del caribe colombiano. 

Si aquí en la ciudad “dos veces santa”, a la que dicen, que uno venido del barrio de Triana, de Sevilla, la llamó: Santa Marta. En donde múltiples coloridos naranjas, se mezclan en el atardecer sobrepuesto como velo sobre el fondo de azules que se ven todos allá: en lontananza; y un indio Tayrona, libre como el viento, la contempla desde la enorme y alta mole de la sierra nevada de Santa Marta. 

Hoy, como dice Leopoldo Díaz en la letra de su tango, pregunto: Santa Marta: ¿quién tiene tu amor? 

Mis paisanos pareciera hubiesen dejado solo una cartita, donde le dicen: ¡Adiós sin alma!

Y cuando el cuerpo vencido duele de tanto crecer, parece retornamos a buscar el acogimiento de la que hasta la historia le ha querido negar su valor; pero quiero recordar, que las que llaman heroicas, amuralladas, e históricas, fueron y serán siempre sus hermanas menores. Por Santa Marta, entró la civilización para todo el país, antes que a Cartagena, que vio registrar los bautizos de sus hijos en la catedral de Santa Marta hasta que esa misma que el Obispo Fray Juan Toledo De los Barrios, se la llevara para Santa fe de Bogotá, siendo septiembre 11 de 1562. Y se fue ese amor, “sin siquiera decir un adiós sin alma”.

Podrán negar su amor a mi hermoso “paraje” caribe, pero nunca su hospitalidad. Oiremos nativos mal “hablaos”, pero serviciales hasta más allá del límite; y parecerá que son ellos flojos, perezosos, y tal vez lo sean. Más esa magia que contagia, que encanta cuando es palpada empalagosa por los visitantes, pareciendo que el viajero al partir ya lejos de aquí, se preguntará reclamante: ¿dónde está tu amor? … Santa Marta.

Santa Marta tiene tren, y nunca necesitó tranvía; tiene ríos, tiene mar, tiene playas, tiene montaña. Nos falta, tal vez así sea; pero no importa que no sea la preferida de los historiadores, también ellos son bien recibidos. Y como la hermana mayor de las ciudades, quizá algún día y muy pronto, el deseo del extrañado amigo ido: José Rafael Dávila Angulo, se cumpla; y sea como lo soñaste tú, amigo: ser honrado por haber nacido en este paraíso.

Hasta el cielo vayan mis recuerdos para ti. Amigo, vives aun en mi corazón, y todavía, en nuestra irrepetible ciudad. Gracias a Dios.

*

-VELOZ, SIN DARME CUENTA DE ELLO: PASÓ EL TIEMPO

Pasó el tiempo inexorable sin poderle contener, rápido, sin darme cuenta. Y me volví tonto como el abuelo; y me sentí niño otra vez. Y aunque por más nostalgia que sentía, no percibía que ya en el ayer todo se había ido.

Solo los recuerdos que persistían vivían aun en mí, las fuerzas de los miembros desfallecían; pero mi mente insistía en que fueron fuertes, pretendiendo la ida del ayer frustrante. Ya no ansiaba con vehemencia saber de todo lo demás que me rodeaba, y bastaba con oír aquello de aquellos que conocí, y sin más detalles de los recuerdos que persisten aun en mi memoria. 

Empédocles de Agrigento, el Presocrático que se atrevió a utilizar la voz: POR QUÉ en todo el transcurrir de vida. 

Fue él el primero que registra la historia en abandonar la idea de que todo lo decidían los dioses; y podría decirse que fue el primero en oponerse al determinismo. Hombre que sometía al fuego de su propia razón en su mente de lo conocido obsesivo: la naturaleza, el mar, los campos, los dioses, la lluvia, la aridez de los desiertos, las formaciones de las montañas, y todo fenómeno de la naturaleza visto.  

Dios inmortal caído por sus propios errores en vidas anteriores, en su propio criterio, que lo hizo nacer humano mortal, que proclamó los cuatro elementos que según el eran inmutable en su esencia: El fuego, la tierra, el agua, y el aire; y definió que estas eran las cuatro raíces de todas las cosas que hacían brotar la totalidad del universo. Pero se preguntó antes de dar el paso fundamental: ¿qué fuerza hace que el agua se una con la tierra, para dar origen a la arcilla o la roca, o a la vida? ¿Qué fuerza hace que el fuego se separe del aire y ascienda hacia el cielo en busca de su lugar natural? 

Y concluyó qué: Esas fuerzas son la misma forma que gobiernan el cosmos, y no son mecánicas ni frías, ni indiferentes, pues son las mismas fuerzas que gobiernan el corazón del hombre, y que él llamó: El amor, y la discordia. 

Siendo el Amor la fuerza que atrae los elementos para crear formas nuevas: une, mezcla y funde; y la discordia: es la fuerza que separa, desintegra, que disuelve las mezclas y dispersa los elementos. Y el cosmos entero, es el eterno teatro de esa batalla entre estas dos fuerzas opuestas. 

Cuando el amor prevalece completamente, todos los elementos se funden en una esfera perfecta y armoniosa: el todo unificado, la totalidad sin partes, el cosmos en paz absoluta. Pero esa paz no dura eternamente, pues la discordia nunca descansa; y poco a poco, penetra a la esfera perfecta y comienza a separar a los elementos; y de esa separación nace el mundo de la diversidad, del cambio, de la muerte,  y del nacimiento. 

Empédocles que vivió en el siglo V antes de cristo, hará de ello más de 2.500 años sucedidos, que  desde muy temprana edad cuando introdujo un cubo de metal en un vaso de agua, descubrió que el nivel del agua subía; entonces difundió que el aire era una sustancia material real, y no solo un vacío entre las cosas. 

Quizá fue el primero en establecer que todos los seres vivos estaban emparentados entre sí,  y que los animales, las plantas, y los seres humanos compartían los mismos elementos fundamentales en distintas proporciones; y que las diferencias entre un pez y un hombre, un árbol, eran solo en la combinación y no de sustancias, que hoy recuerdan la teoría de Charles Darwin.

Y aunque Diógenes Laerte le reconoce suicida al lanzarse en el volcán Etna, quizá para reafirmar su inmortalidad en la que él creía; y hallada en el borde del cráter una sandalia de bronce usada por el soñador visionario de siglos. Quizá así en busca de la inmortalidad del Dios que según el mismo era y de donde había venido al mundo.

Vivimos hoy todavía en el amor, así los almanaques reflejados en nuestros órganos nos recuerden: ¡Cuánto duele crecer! Máxime, cuando hemos sabido del amor y la discordia; y que aun reconociéndonos, que somos un grano pequeñísimo de ese enjambre que contienen las playas de los mares, y luchamos día a día todavía con la discordia cotidiana que se atraviesa a desorganizar la paz perfecta que por ratitos vivimos. 

Hay frustraciones muchas que vivimos que nos hace conocer la discordia, y el poeta Alberti nos recuerda una tenida de las suyas en particular que tituló: MARINERO EN TIERRA.

“Traje mío, Traje mío. 

Nunca te podre vestir, mi traje marinero. Mi madre me lo ha escondido, guardado está en el ropero; para que no vaya más al  mar”. 

*

LO SIENTO

“Dices amar la lluvia, pero abres el paraguas cuando llueve. Dices amar el sol pero buscas un lugar a la sombra cuando brilla. Dices que amas el viento, pero cierras la ventana cuando sopla.

Por eso me da miedo que digas, que me amas a mi también.” 

Qyazzirah Syiekh Ariffin, autor Turco del poema viral: “I Am Afraid.”

Detenido observé un video de una fiesta sucedida en el año de 1968, y carajo: noté que bailábamos entonces como tontos. No hay concordancia entre los movimientos que hacíamos entonces con la música que bailábamos. Y quizá muchos y muchas de los que torpe movíamos nuestro cuerpo, con saltitos que caramba, iban distantes y  opuestos al ritmo del compás de la música que se oía; y con caras circunspectas, vacías y lejanas, y muy distante de la emoción que debe producir tal actividad. 

Qué sentimos entonces, que como robots acaso si les cogíamos las manos a nuestras chicas, que en igualdad repetían siempre los mismos movimientos, aunque cada uno por su lado haciendo lo des armónico en armónico. Pero que absurdo, nos sentíamos entonces muy felices; y que hoy lo veo, el bailado, en una forma estúpida como lo hacíamos entonces. 

En ese año de 1968 en la música bailada se impuso desde el exterior que la TV que nos trajo para la juventud de entonces, como el “soul train”, el “jalajala”, y otros; pero en Colombia, sobre todo en el caribe: el porro, la guaracha, y el paseo se había heredado de nuestras generaciones mayores.

Y comenzó arrollador lo que algunos llamaron la yuca. Sí, el vallenato tuvo ese apodo que todavía recordamos, a pesar que decían en sus orígenes que era un género de música solo para parrandear; y teníamos además el bogaloo, la pachanga, la charanga, y al final la salsa que aun sobrevive.

Sea como sea, de veras que si bailamos en nuestra juventud, muchas veces con la ilusión de que nuestra pareja era una princesa encantada. Y entonces cuando caminábamos con nuestra oportuna consorte, de veras que si amábamos la lluvia, y no usábamos paragua. Sentíamos agradables las gotas de lluvia, frescas y frías caer sobre nuestras cabezas, que nuestra oportuna amada así compartía; y sí, amábamos a la lluvia. 

Y cuando el tiempo de lluvia se había ido, disfrutábamos del brillante sol que lucía en el celeste, y también los brillantes rayos del astro rey lo disfrutábamos, y no buscábamos sombra alguna donde escondernos. Y cuando la brisa llegaba, abríamos las ventanas para sentir el frescor del viento. 

¿Saben? Entonces cuando nos decían que nos amaban, no había ley ni fuerza de la naturaleza que nos hiciera sentir una pizca de temor. 

No temíamos. Nos amaban, y eso era así para la eternidad. 

Lo creíamos, y lo sentimos entonces así.

Pero hoy no sé si tengo miedo, cuando dicen también que me aman.

*

-LA DISTOPÍA QUE YA VIVIMOS

La sociedad colombiana acostumbrada a la utopía siendo que siempre le ha tocado soñar con un mejor mañana, cuando es que se posesiona un nuevo presidente; después de abandonar el gobierno distópico vivido con el anterior gobernante. Hay una esperanza única en todos, aun en los que equivocados han participado de la cumbiamba alborotadora y arrítmica que sonó durante estos últimos cuatro años; y que todos esperan que el nuevo sea mejor, y que lo incongruente se vuelva por fin congruente. Y confieso en mi intimidad, que ahora comparto, que la calidad de ministros que soporté sin excepción de alguno o algunas de estos, no podrían ser peores en la expresión de la natura que da: El, y La, pero nunca Ellos; y que extrañamente este que pasó, nos llenó de Ellos. Y que con fundamento en el discurso de Aristófanes, fueron reconocidos en desde el año 700 A.C., como los “Hembros”. 

Para los antiguos griegos, “Kallos” (La belleza), no se atenía a un mero asunto de gusto personal; sino, una combinación de proporciones matemáticas del orden cósmico conjugado con la virtud moral. Se contenían en “Kallos” la proporción y medidas, con patrones que determinaban que el cuerpo humano debía medir siete u ocho veces el tamaño de la cabeza, y el ombligo marcaba exactamente el centro exacto del cuerpo; la Simetría y Armonía dividía el rostro en tres tercios horizontales, y quintos verticales que anticipaban la proporción aurea; y la infaltable y necesaria “Kalokagathia” ( lo bello y lo bueno), que unía la belleza exterior con la bondad y la nobleza del alma, y el innegable el equilibrio mental que reflejaba una mente disciplinada, ordenada, y con el alma en paz, que debe mostrar siempre un cuerpo armónico. 

Los estándares físicos en el hombre se valoraban en la musculatura trabajada y definida, la piel color bronce por el ejercicio al aire libre y la depilación con aceite de oliva y la piedra pómez; y en la féminas, la piel pálida era la preferida por no exponerse frecuente al sol, los pechos pequeños y los rasgos de única ceja que simbolizaba alto grado de inteligencia. 

Aun en el debate presentado en el Banquete de Platón, y después de la intervención de Erixímaco, Agatón, y Aristófanes con su tesis de las almas gemelas, es cuando Sócrates argumenta: que el amor no es el deseo de buscar nuestra otra mitad, sino el ferviente deseo de alcanzar el bien, la belleza, y la inmortalidad.

Caramba, la sociedad griega pareciera solo tenía tales preocupaciones entonces, y era una sociedad utópica. Cuán diferente es la que vivimos los colombianos, con esta sociedad que ya no es imaginaria, sino real y distópico en sus frutos cuando vemos que un líder político invita a incendiar el país cual Nerón, por el solo hecho que no ganó su pretensión de gobierno en cuerpo ajeno y eterno en su errada ideología.

No es presunción  lo tal, la prensa mundial muestran los cerros del Tolima, que padecen la orden dada de: “incendiar a la pacha mama”, y nos enseñan de ese mundo distópico en que viven los que nos prometían a todos que viviríamos sabroso, pero que en ultimas solo se robaron al país. 

Carajo, todo el país pide orden, que se respete a las autoridades, y hasta a los que piensen diferentes; pero, no podemos seguir empeñando nuestras libertades al libre tránsito y movilidad, tener el derecho a la salud, y a que nuestros niños no se les ideologicen con las aberraciones sexuales a tan tempranas edades; a seguir permitiendo el crimen del secuestro, la extorsión, y la genuflexión del imperio de la Ley ante los criminales. 

¿Cómo puede una senadora exigir que no se les bombardee a los criminales? 

Mi padre si viviera, seguro diría a la tal senadora: ¡Tiene usted huevillo!

¿Acaso ella que representa una parte de sus electores, colombianos ellos, realmente pareciera está representado allí a los criminales? 

Ahora el queso que se come la rata, debe explicar el cómo y el por qué, no se deja comer ya más. 

Si no hay autoridad, no hay disciplina; y sin ello, no podremos salir de la corrupción.

Apoyemos este nuevo amanecer, Utópico sí, pero la utopía se acompaña de una sábana alentadora que llámanos: ESPERANZA. 

No les demos ni un milímetro a estos varones y hembras que parecen fuesen todos hembros.

Lo distópico gracias a Dios, ya pasó.

*

-QUEDÓ UNA RAMA PARA HACER EL NIDO

No temas al otoño, si ha venido. Aunque caiga la flor, queda la rama. La rama queda para hacer el nido. 

Fragmento tomado de un poema del dramaturgo argentino nacido en Villa La María del Rio Seco, Córdoba, Leopoldo Lugones.

El milagro para los caleños que en una semana estuvieron pletóricos con la posesión del presidente de Colombia, Abelardo de La Espriella, sucedido en Cali por primera vez en nuestra historia republicana; y que abrupto fue en el inicio de la mañana de un nuevo día después, en que el piso tembló sin control, derribando edificaciones con altos costos de vida entre sus habitantes. 

Los que no perdieron la vida, sufrieron lesiones físicas y que decir de la pena moral que debe producir el haber perdido la vivienda que lucharon y levantaron con tanto esfuerzo durante tantos años, y que hoy en este día los enfrenta otra vez con ese sueño que ya se les había cumplido, pero que la naturaleza les arrebató con este impredecible sismo.

A través de la literatura el tema de las fuerzas oscuras que dicen alimenta tales catástrofes, es voluminoso; pero, en el pensamiento “progres” esta opinión es otra mentira más de la derecha, ultraderecha, y no sé qué más dicen ellos de ello. 

Pero casualidades hemos vivido en Colombia que contradicen tales posturas de los “cultos” estudiados, con títulos adquiridos en dos meses en centros que uno no se explica cómo funcionan con licencias expedidas por el ministerio de Educación; y digo que contradicen los hechos sucedidos, porque la información relatada en la prensa con conceptos de expertos en tales temas así lo han referido.

Vaya casualidad que unos días después de realizarse el congreso mundial de brujería en la sabana de Bogotá, fue que se dio el desastre de Armero en el Tolima, con la pérdida de más de 20.000 almas; con la avalancha que produjo la erupción del nevado del Ruiz, que arrasó con un municipio entero. Y que hoy es campo santo. En memoria de ellos lo recordamos.

Entonces el soñador presidente de marras que teníamos le importaba más complacer a su amigo llamado Simón Gonzales, con los permisos para realizar los aquelarres que parece según los aplicados en estos temas espirituales, divulgaron y anotaron en las crónicas sucedidas en suelo de la sabana de Bogotá; y en vez de atender la correspondencia escrita un mes antes del siniestro, solicitada por los geólogos que le imploraban atender y tomar las prevenciones para salvar vidas, en prevención de  cuando el evento se diera como finalmente se dio. Pero, nunca Belisario Betancourt dio respuesta a la misiva de alerta temprana que le llegó al palacio de Nariño. 

A Cali desde la distancia, la he observado como la ciudad que se lava desde adentro, pues allí ha confluido la maldad del narcotráfico por más de cincuenta años, y en el proceso de despojarse de ese tara, ha tenido que soportar un avance guerrillero promovido por antiguos militantes del criminal movimiento guerrillero que fue y sigue siendo el M-19; quienes ´por más de quince años la han mal administrado. 

Dicen que no hay mal que dure cien años, y a Álvaro Alejandro Eder Garcés, alcalde de Cali, lo de la posesión del presidente allí le anunciaba un buen presagio; y aunque hoy lo rodee un paisaje de otoño, con la unión de todos los colombianos y el mundo, y pronto cuando haya pasado cíclico el verano y el invierno, llegará florida la primavera y mostrará el verdor y renacer esplendoroso del Valle de Lili. Dios lo permite.

Hay desastre, sí. Pero así haya quedado en este otoño pasajero solo la rama seca, hay donde hacer el nido. Animo Alcalde. ¡Muéstrales que en Cali también hay verracos! 

Hazlo por tus hijos, por tus paisanos, y también por mi paisana Taliana. 

*Ingeniero. Analista Columnista

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