Ruben Darío Ceballos Mendoza - jurista

Por: Rubén Darío Ceballos Mendoza*

Es la corrupción política la obtención de beneficios personales o grupales de manera ilícita, por el poder o vínculos con éste mediante el ejercicio de la actividad política o de representación, siendo además el mayor factor de riesgo por las divisiones e intrigas que genera la disputa por contratos y recursos públicos, lo que lleva a inferir entre otras elucubraciones, que si bien la política desgasta, las corruptelas minan el apoyo popular y exhiben el filón de camarillas vigilantes por controlar el poder y aumentar sus acciones corruptas.

Discusiones fuertes como subidas de tono y de todo vienen dándose a lo largo y ancho del país en los grupos, movimientos , partidos de gobierno y hasta en la alicaída oposición, que pareciera no darse por enterada y en consecuencia no fija líneas respecto de cómo recuperar el poder. Se cruzan Tirios y Troyanos acusaciones de corrupción que dan cuenta exacta que el poder, incluso si absoluto fuera, no asegura materializar un proyecto político, además de defraudar a los votantes que los apoyaron, como está sucediendo, lo mismo que viéndose comenzar su deterioro estructural al agitarse como se viene agitando la corrupción en su seno.

Impacta lo dicho y queda evidenciado en el sismo generado en el Consejo de Ministros que acabamos de presenciar, mismo que enmarca y encharca aún más el paisaje institucional, lo que de ser aprovechado a favor por el Ejecutivo, bien podría ser una oportunidad para delimitar el alcance de su poder y no seguir siendo rehén de cuadrillas y conciliábulos, lo que va en detrimento del país político y nacional por ende. No obstante, me atrevo a decir, que afortunadamente es el del mandatario actual un proyecto que considero no seguirá en el buen puerto al que llegó; más, por cuanto muchas son sus reiteradas equivocaciones y ningunas las respuestas en positivo de cara al país, sumido en incertidumbres al enterarse de primera mano de los múltiples intereses del grupo de gobierno, así sus áulicos quieran rebajarlo a errores pasajeros, olvidando que la historia, enseña que la corrupción y falta de responsabilidad política siempre será motivo de animadversión y enojo, especialmente cuando se le carga a los asociados la austeridad.

Es que la corrupción política es y siempre será un fenómeno criminal que se enmarca legalmente y se proyecta en la moral pública. Sus devastadores efectos desdibujan la confianza en los poderes, el control, la supervisión de las instituciones y en el asumir responsabilidades. El escándalo vivido alarma, previene y deja sospechas en el desarrollo político que sacude los cimientos del sistema democrático, generando como en efecto ha sido, honda preocupación.

No hay orden en el país, no han unidad de acción, no se resuelven las  denuncias públicas que deben investigarse debidamente. Se carece de obediencia institucional, eminente es el vacío político, como tampoco se cortan con valor civil los amarres que al parecer mantienen atados al jefe de gobierno, que mira impávido como se deteriora su base política sin hasta ahora situarse como árbitro entre sus camaradas. Lo sucedido pone a prueba su condición de fiel de la balanza, toda vez que lo cual generó una crisis gubernamental, recordatoria que la corrupción es veneno puro para un movimiento, en mi entender, erráticamente dirigido.

 *Jurista. Columnista. *rubenceballos56@gmail.com

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