Melanio ZUÑIGA HERNANDEZ

Por: Melanio Zuñiga Hernandez*

Hablar del cannabis conocido igualmente como marihuana originaria de Asia central, y su impacto económico en el mundo, implica hacer una abstracción para indicar que según reportes esta planta se comenzó a cultivar en el Neolítico (7.000 a. c, -3000 a. c.), difundiéndose luego hacia el este (China) y posteriormente hacia el oeste (Europa) en el Neolítico, alcanzando su extremo más occidental en un periodo posterior.

Son múltiples los estudios que señalan que a lo largo del tiempo esta planta ha sido utilizada desde hace más de 5.000 años para diferentes fines, que van desde el uso lúdico y recreativo, pasando por un medio de relajación y meditación, hasta su uso en el tratamiento de varias enfermedades o el alivio de procesos vinculados a cierto tipo de malestares.

El cannabis, entonces planta silvestre se domesticó para diferentes fines, desde alimenticios hasta religiosos, y posteriormente, en el Calcolítico se difundió más por todo el territorio europeo llegando hasta la fachada atlántica (Kebors, Francia) y el sur de la Península Ibérica. Durante la Edad del Hierro, el cannabis se utilizó en las ceremonias sepulcrales de la aristocracia hallstáttica, así como para quemarlo y aspirar su humo para alcanzar estados místicos.

Se estima que su introducción a América data del año 1492 con llegada de las naves de la flota de Cristóbal Colón, que trajeron aproximadamente 80 toneladas de derivados del cáñamo del cannabis como cuerdas, redes, velas y demás utensilios navales. En 1530 Pedro Cuadrado, originario de Alcalá de Henares (España), conquistador de la hueste de Hernán Cortés trae las primeras semillas de cannabis y la Real Audiencia, presidida por el obispo Juan de Zumárraga, autoriza el cultivo de cáñamo en Nueva España (gran parte de América del Norte) para estimular una economía próspera.

En 1545 el rey Carlos I de España, emite una real ordenanza para sembrar cáñamo en las Indias occidentales y pide el apoyo de virreyes y gobernadores, siendo de suyo conocido desde entonces que son los españoles que llevan el cannabis y propagan su cultivo a la América del sur.

Si bien esta planta no tiene un origen mesoamericano, sí ha generado interés en el mundo americano desde un principio, sobre todo en México. Es en este país donde el uso del cannabis ha ido desde intereses textiles y medicinales hasta el consumo lúdico, pasando por su venta libre, la prohibición por presiones políticas y sociales, su tolerancia y, recientemente, su despenalización para uso lúdico y medicinal.

El cannabis siempre ha estado asociado a personas que están en contra de la sociedad dominante, ya sea en oriente o en occidente. Grupos alejados de las castas dominantes, como los asociados a malhechores, prostitutas, esclavos, sufíes, gandules, asesinos y gentes de mal vivir. También a marineros y soldados rasos que siguieron difundiendo sus semillas por territorios aún no conquistados por la planta.

Para la sociedad estadounidense de principios del siglo XX el cannabis era la causante de la “depravación” de negros y mexicanos. El magnate de la prensa William Randolph Hearst utilizó todos sus medios de comunicación para publicar artículos desarrollando la teoría de que los negros y mexicanos se convertían en bestias desesperadas bajo los efectos de la “marijuana”.

A nivel mundial, el avance hacia la legalización del cannabis medicinal, habilitado con distintas modalidades y alcances en más de 40 países y en más de 36 estados en Estados Unidos, y de manera recreacional (legal) en otros países como Canadá, Uruguay y 11 estados de Estados Unidos, más Washington D. C; ha generado gran interés no solo en académicos, hacedores de política y representantes de la sociedad civil, sino también en inversores y empresarios.

El cannabis está clasificado aun como droga de la Lista 1 en EE. UU., lo que significa que es ilegal a nivel federal, sin embargo, son muchos los estados que han adoptado medidas para legalizar la marihuana medicinal o para legalizar totalmente la planta, incluso con fines recreativos; en el entendido que las oportunidades de expansión para esta industria no se limitan al mercado medicinal y recreacional.

Hoy el cannabis puede ser utilizado además con fines industriales y en horticultura, para fabricar diversos derivados, tales como fibras, cosméticos, papel, materiales para la construcción, etc., así como alimentos, bebidas e infusiones.

Adicionalmente, la industria genera repercusiones indirectas no solo por la compra de insumos y bienes de capital para sus distintas etapas y segmentos, sino también por la necesidad, por ejemplo, de servicios de análisis y testeo para garantizar atributos de calidad, trazabilidad, composición y potencia (contenido de THC, principal componente psicoactivo) de la materia prima y derivados; incluyendo genéticas, perfiles de compuestos, detección de contaminantes y/o agroquímicos, presencia de patógenos, etc.

De acuerdo con las estimaciones de New Frontier Data, en su reporte Global Cannabis Report (HEADQUARTERS 1400 I Street NW / Suite 350 / Washington, DC 20005): 2020 Industry Outlook, se estima que el mercado global de cannabis, considerando tanto el regulado como el ilícito, tiene un valor de unos US$ 344.000 millones.

En el informe también se identificó que los cinco principales mercados regionales son Asia, con US$132.900 millones; Norteamérica, con US$ 85.600 millones; Europa, con US$ 68.500 millones; África, que asciende hasta US$ 37.300 millones y América Latina, con US$ 9.800 millones.

De acuerdo con los datos de otra empresa como Muisca Capital Group, el mercado tuvo una tendencia de crecimiento de entre US$ 45.000 millones y US$ 67.000 millones el año pasado, mientras que se proyecta que supere US$100.000 millones en beneficios económicos para 2024.

La flexibilización de algunos países en materia de regulación para el uso médico y recreativo del cannabis ha hecho que la planta cobre gran popularidad y que se haya empezado a cotizar dentro de los mercados internacionales como un commodity o bien de consumo básico.

Países como Canadá, que es el único de la región y uno de los seis en el mundo que ha legalizado todos los usos de la planta, la industria de la marihuana, hasta el primer trimestre de 2020, tenía un valor de US$ 5.500 millones, que representan 0,3% del PIB del país.

Por otro lado, Italia es uno de los pocos países de Europa que permiten la venta legal de marihuana y la distribución para tratamientos médicos. Allí, la venta de la llamada ‘marihuana ligera’ está regulada por una ley que estipula que los productos a base de hoja de cannabis deben permanecer entre 0,2% y 0,6% de THC, es decir, el compuesto psicoactivo de la planta. Gracias a esta regulación, los cultivos legales, hasta finales de 2019, ascendían a 4.000 hectáreas y el mercado de la planta representó un volumen anual de US$ 47,8 millones.

Ahora bien, en Alemania la situación es completamente diferente. Este país aparte de tener la economía más grande de Europa, también se encarga de financiar directamente la producción de cannabis medicinal en el territorio; tan es así que ha autorizado una ley que obliga al sistema de salud a que al menos cinco onzas del suministro de medicamentos de todos los pacientes cada mes estén basadas en cannabis. Hasta 2019, este mercado representaba US$ 87,2 millones a la economía nacional.

Es tanta la euforia que se esconde detrás de la legalización de la mata, que tan solo en los meses de enero y febrero de 2021 las acciones de Canopy Growth y Tilray, gigantes de la producción y comercialización de marihuana, tuvieron incrementos en su valor de mercado de hasta 170%; esto tras el anuncio de una posible legalización medicinal a nivel nacional en Estados Unidos.

Se espera que la legalización de la marihuana permitiría a las empresas estadounidenses aparecer en las bolsas de valores por primera vez en la historia, hecho que, a su vez, ayudaría a mejorar la liquidez y a fortalecer las normas de información en toda la industria.

Para Giadha Aguirre de Carcer, directora ejecutiva de New Frontier Data, la industria legal del cannabis se ha vuelto verdaderamente global. Incluso, frente a una prohibición generalizada, el consumo de cannabis crece y las actitudes y las percepciones desafiantes sobre el consumidor típico continúan cambiando. Esta evolución social y cultural, según la experta fundadora de la agencia de datos, “ha creado un mercado global con un enorme potencial para las partes interesadas en docenas de sectores más allá de los tradicionales de producción de plantas”.

Los inversores ya reconocen el enorme potencial de la marihuana, dadas las ventas históricas y previstas y los topes de mercado. Se espera que el impacto económico total de las ventas de cannabis tan solo en los EE. UU. en el año 2022 alcance los US$ 100 mil millones en ingresos. Esto representa más del 20% de incremento respecto al año pasado, y se prevé que se recauden más de US$ 155 mil millones en 2026.

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