Por: Saúl Alfonso Herrera Henríquez*
Tienen nuestros mandatarios la obligación, responsabilidad y compromiso, si aspiran a pervivir en la memoria de las gentes, conducirnos por caminos ciertos, sin asomos de incertidumbre, amenazas, ni peligros. Velar por que todo funcione bien y mejor. Que observadas, estudiadas y analizadas sean el cúmulo de nuestras propias realidades y necesidades, a efecto de actuar en consecuencia respecto de sus soluciones en contexto de prioridades y en la seguridad que se pondrá para las futuras administraciones la vara muy en alto como hacerlo debe siempre todo buen gobernante que se precie de serlo.
Las necesidades de nuestra comunidad son muchas y las amenazas de seguir a la vera del camino respecto de integrales avances, desarrollo, crecimiento, progreso, bienestar, prosperidad, productividad y competitividad, entre otros aspectos, son enormes, en lo que seguiremos inmersos de no atenderse lo cual como corresponde y de continuar postergando de manera temeraria, valga el vocablo, hacer posible lo necesario, lo deseable; en síntesis, lo que encarnan las política públicas, vale decir, acciones gubernamentales que buscan resolver los problemas socioeconómicos y son decisiones que abordan las demandas de la sociedad que se implementan con el fin de alcanzar objetivos de interés público, abordan los desafíos socioeconómicos, buscan dar respuesta a las demandas de la sociedad y tienen como meta realizar objetivos de interés público; siendo en fin, un proceso que inicia cuando el gobierno detecta un problema y termina con la evaluación de los resultados de las acciones.
Sirven ellas para corregir rumbos, hacer funcionar en gran medida el aparato administrativo público, favorecer a la comunidad, reforzar el bienestar colectivo, controlar los cabos sueltos, avanzar en resultados, responder a los compromisos de gobierno, evitar que se sigan ahondando brechas y diferencias, emprender las rutas mejores y adentrarse en nuevas verdades históricas. Importantes ellas sin duda, dado que requerimos cambios y transformaciones radicales positivas en lo económico, educativo, salud, social, político, ambiental y cultural, de la mano de un modelo de gobierno que responda bien y fielmente a las necesidades poblacionales, lejos de estatismos y populismos. Interesa que seamos un gran motor de la economía
Interesa que ciudanía y comunidad provoquen un aumento, ojalá desbordado de civismo, libertad bien entendida, sentimiento de pertenencia, aupar la creación de más servicios y espacios públicos, motivar la iniciativa social y, por consiguiente, la participación a tope de la sociedad civil. Aunado a ello, interesar acciones contra el clientelismo y la corrupción, cada día y cada vez mayormente insertados en la clase política, lo que desincentivaba trabajo y la creación de nuevas riquezas. Se trata de cambiar radicalmente esta clase de situaciones negativas, cortar lo absurdo, cambiar déficit por superávit, promover la libertad económica, contribuir al logro de estabilizaciones en todo sentido, a efecto que lo cual sea fundamental para restaurar la confianza en la institucionalidad e ir tras logros mayores en los que brille con luz propia una muy fuerte impronta cultural, ciudadana y sea verdadera ambición recuperar la prosperidad perdida como un gran propósito por el mejor de los caminos, donde lo más seguro sea el imperio de la certidumbre.
*Abogado. Columnista. Especializado en Gestión Pública. Derecho Administrativo y Contractual. Magister en Derecho Público. saulherrera.h@gmail.com

