Por Ernesto Benavides*
No se necesitaron muchas horas para que el júbilo en los rostros de la diáspora venezolana se transformara en adustez y sospecha. No es para menos.
Extrajeron a Nicolás Maduro, pero el régimen continúa. Con la juramentación de la vicepresidenta chavista Delcy Eloína Rodríguez ante un Tribunal Supremo de Justicia que sigue siendo un apéndice del partido, el sistema ha logrado lo impensable: sobrevivir a su propio líder. Y lo ha hecho, paradójicamente, con el espaldarazo del presidente Donald Trump.
Muchos imaginaron que a la caída de Nicolás Maduro seguiría el regreso de Edmundo González, bajo el liderazgo de María Corina Machado. En este escenario se nota el crudo pragmatismo de la Casa Blanca. La administración estadounidense parece haber aprendido de la experiencia vivida en Irak, donde cayó Sadam Husein y su liderazgo fue condenado a la horca. En aquel entonces, el poder fue entregado a una oposición que no logró controlar el país, resultando en una destrucción tal que el patrimonio arqueológico cuidado por siglos desapareció.
Hoy por hoy, tras analizar esos hechos y las declaraciones de Trump, queda claro que lo único que importa es una transición controlada entre el régimen y la oposición. ¿Qué funciona de inmediato para EE. UU.? Una Delcy Rodríguez «obediente» y una cuarentena estricta a los buques que salen de Venezuela.
Donald Trump ha prometido inversiones para extraer petróleo, pero con capital de los propios venezolanos; y como los precios no se negociaron, habrá que pagar las facturas que se cobren. Seguramente a Delcy Rodríguez le tocará devolver los bienes expropiados a empresas estadounidenses con sus respectivas indemnizaciones.
Parece haber una distancia abismal entre las aspiraciones de los venezolanos —que claman por democracia— y la agenda de Washington, que prioriza la economía del crudo. Pasarán meses antes de que las fuerzas lideradas por María Corina Machado y Edmundo González, puedan recuperar la libertad para los ciudadanos.
Hoy hay algo claro: cayó el dictador Nicolás Maduro, pero no el régimen chavista, cuyo engranaje sigue rodando.
*Mg. Economía

