Por: José Manuel Herrera Brito
Eje fundamental de cualquier proyecto positivo de cambio y transformación nacional, regional, departamental o local, tiene que ser una confianza plena respecto de lo que se quiere, toda vez que un buen gobierno no debe limitarse solo a la ausencia de corrupción, sino, como siempre se ha expresado, implica instituciones transparentes, ecuánimes y con reglas predecibles para todos, reflexión pertinente para nuestras unidades territoriales, donde la construcción de un gobierno eficaz, eficiente y con mayor integridad sigue siendo uno de los más grandes, si no el más grande desafío que tenemos como territorios.
Buen gobierno, es un conjunto de principios, prácticas y normas que garantizan la transparencia, ética, eficiencia y rendición de cuentas en la gestión pública. Se enfoca en el uso responsable de recursos, la participación ciudadana, la lucha contra la corrupción y la atención al ciudadano. Su objetivo es mejorar la confianza ciudadana y lograr resultados medibles.; de ahí qui bien podamos decir que el buen gobierno es más que un ideal abstracto, ya que está directamente vinculado con el desarrollo económico, la estabilidad democrática y la cohesión social razón por la que países con instituciones sólidas muestren menores niveles de desigualdad, mayor confianza ciudadana y mayores índices de bienestar. Lo que no es nuestro caso, ya que entre nosotros, persisten indicios de corrupción, impunidad y burocracia ineficiente, lo que afecta en materia grave la credibilidad del Estado.
Nos lleva lo cual a un cómo, es decir, cómo poder transformar las reglas del juego político / administrativo para que los incentivos favorezcan el binomio integridad / eficacia, ya que en el país, históricamente hablando, los intentos de reforma suelen quedarse escasamente en la superficie; esto es, nuevas leyes, organismos o discursos que no logran modificar seriamente las prácticas arraigadas, por lo que el desafío más profundo se encuentra en rediseñar los mecanismos que regulan la interacción ciudadanos / servidores públicos / autoridades.
Para nosotros un buen gobierno debería soportarse en instituciones confiables y predecibles, ya que la ciudadanía necesita reglas claras que se apliquen sin excepciones; transparencia y rendición de cuentas, puesto que no basta con publicar datos, debido a que se requiere que la información sea accesible, comprensible y útil para evaluar el desempeño gubernamental y la profesionalización del servicio público, la dignificación y capacitación de los servidores públicos es condición indispensable para un gobierno que funcione como debe y tiene que ser.
Debemos tener en cuenta igualmente que enfrentamos como país un desafío cultural, la normalización de la corrupción como práctica cotidiana, razón por la que hay que cambiar esta percepción, ya que exige políticas ejemplares y sanciones efectivas, lo mismo que un esfuerzo pedagógico que vincule la ética pública con la vida diaria de los ciudadanos, en el entendido y la compresión que un buen gobierno no se construye sólo desde arriba; requiere una sociedad que exija, vigile, participe activamente en la definición de prioridades y en la evaluación de resultados.
La amplia experiencia que extractar podemos de la comunidad de naciones ofrece lecciones valiosas, al haber en ella países que redujeron la corrupción y fortalecieron sus instituciones mediante reformas integrales con sistemas de carrera administrativa, órganos de control independientes y mecanismos de participación ciudadana robustos; y si bien no requerimos de copiar modelos, sí aprender de ellos para diseñar soluciones adaptadas a nuestra propia realidad y necesidades a este tenor.
En todo caso, para logra lo expuesto necesitamos para cambios y transformaciones en positivo de la confianza, dado que sin ella, las políticas públicas carecen de legitimidad y los programas sociales pierden eficacia. Construir un buen gobierno significa reconstruir el pacto Estado / sociedad con un acuerdo basado en reglas claras, instituciones sólidas y un compromiso compartido con la integridad. Es ello un enorme e inaplazable reto si en realidad y verdad queremos un país más justo, próspero y democrático que avance en lo fundamental; vale decir, con instituciones que funcionen, servidores públicos que sirvan y ciudadanos que confíen.saramara7@gmail.com

