JOSÉ MANUEL HERRERA VILLA

Por: José Manuel Herrera Villa*

Coinciden expertos en materia socioeconómica, que se ha abandonado en mucho el bienestar de las personas, lo que amerita generar una economía a escala humana, siendo esencial desarrollo social, humano y crecimiento, referido éste al incremento en la producción, medido teniendo en cuenta el número de productos en un momento dado en una región determinada. Más precisamente del PIB per cápita y de su incremento anual. Interesa por tanto que los estados se concentren en la búsqueda y procura de la satisfacción de las necesidades humanas fundamentales para alcanzar tal desarrollo y crecimiento. Es preocuparse los estados por consolidar un desarrollo económico dirigido a generar bienestar en la población; ya que el desarrollo en verdad debe tener como fin último el bienestar del ser humano, ubicarse las necesidades humanas con sus respectivas satisfacciones, así como considerar las capacidades y los derechos, perspectiva por las cueles el desarrollo es un proceso continuo de expansión de libertades individuales y sociales, debiéndose impulsar las capacidades y satisfacer las diversas necesidades y libertades humanas.

La desigual distribución de los ingresos que existen en los países, no necesariamente crecientes o elevados niveles de ingreso per cápita, aseguran elevadas calidades de vida para la población. La concentración de la riqueza genera que el crecimiento económico termine en manos de muy pocos y no conduzca al desarrollo, lo que enseña que más debemos preocuparnos por la equidad que por el exceso de eficiencia, toda vez que el desarrollo no se alcanza de manera espontánea, sino que es indispensable una sociedad civil empoderada que presione al gobierno para que se comprometa con el bienestar de la mayoría de las gentes.

Los países deben preocuparse más por el bienestar de las personas que por el crecimiento y la eficiencia. El crecimiento es un medio para alcanzar el fin esencial: el desarrollo humano de la población. Lo fundamental es que la gente viva mejor, tenga más esperanza de vida y mayor nivel educativo. Es contribuir al bienestar social, económico, cultural y humano de toda la población, evitando la concentración de la riqueza, la concentración del poder y toda clase de discriminación,

En educación bueno es diferenciar aprendizaje y desarrollo. Ir más hacia la integralidad, hacia lo esencial, hacia el desarrollo del pensamiento, la lectura contextual y crítica, la escritura y la comprensión de sí mismo y de los otros. Estamos demasiado preocupados porque se aprendan algoritmos, gramática, ortografía, historia, ciencias y geografía; y no que se aprenda a trabajar en equipo, comprender a los otros, construir sus proyectos de vida, argumentar, escribir, leer y deducir. Nos olvidamos de las personas, descuidamos sus capacidades y abandonamos el desarrollo integral. Por esta razón, los jóvenes no consolidan su autonomía ni su pensamiento complejo en la escuela, no se vuelven más empáticos o resilientes. La educación está frenada en el paradigma equívoco de enseñar contenidos particulares, datos e información y se olvida del desarrollo humano. Los árboles no dejan ver el bosque, no nos hemos dado cuenta que el aprendizaje no debería ser el fin de la educación, sino el medio para consolidar el pensamiento, la convivencia y la comunicación asertiva en los más diversos contextos. 

Requerimos también una educación a escala humana, en lo que ayudará una ciudadanía más empoderada, que elija gobiernos que tengan como una de sus prioridades el repensar la educación, llave maestra de la movilidad social y del desarrollo individual y social. No más informaciones impertinentes en los colegios, que generan graves problemas en pensamiento crítico, autonomía, trabajo en equipo y lectura profunda. Es la clave y hay que aprenderla a tocar. 


*Profesional en Administración y Finanzas. Especializado en Auditoría Integral. Formulación y Evaluación de Proyectos de Desarrollo.   

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