SAÚL ALFONSO HERRERA HENRÍQUEZ- abogado. Magister en Derecho Público. 

Por: Saúl Alfonso Herrera Henríquez*

Se impone a todas luces que encaremos como ciudad, con determinación y decisión bastante la delicada situación económica, política, ambiental y social que acusamos, lo que no es un secreto para nadie, como tampoco un algo que no pueda superarse, en lo que importa una administración pública dispuesta a considerar y establecer los canales que propicios y precisos sean para alcanzar dicho propósito, más cuando demostrado está en lo anales de la historia que una caída de la actividad económica implica una menor producción de bienes y servicios, baja del consumo familiar, menos inversión privada, menores ventas, cierre de empresas y negocios, descenso de la recaudación tributaria, despidos de personal, menos contrataciones, reducción de salarios, mayor informalidad, más pobreza y deterioro del bienestar y no podemos caer más recesión, lo que es real y verdaderamente grave, cuando lo que buscarse debe es que una porción cada vez más grande se reparte entre una población igualmente cada vez más grande.

La ciudad tiene que crecer más, crear riqueza y construir dignidad, aún estamos a tiempo. El Creador nos dio un territorio rico en recursos y posibilidades de desarrollo y no podemos darnos el lujo de cometer el pecado de convertir esa bendición, en pobreza, sólo por la falta de visión, unidad y decisión. La pobreza definitivamente duele, afecta el bolsillo, provoca un desgaste profundo en la salud mental, el cuerpo y las oportunidades de las personas y se impone vivir, no solo sobrevivir, que la preocupación no nos jale hacia ella, que tengamos tiempo de verdad, permitirnos esos lujos. La pobreza no solo significa falta de plata, sino de libertad, perseguir sueños, alimentarse adecuadamente, mantener las luces encendidas, para seguir respirando.

No es pretender yates, ni oro, ni cosas brillantes, sino tiempo sin estrés, sin temor ni miedo,  donde el amor no se racione entre turnos y supervivencia. Tener lo suficiente para respirar, vivir con dignidad, vivir en lugar de simplemente aguantar, caminar lento, hablar suave, abrazarnos un poco más sin mirar el reloj, sin estar acosados por el tiempo y las preocupaciones. La pobreza es una ladrona que se lleva la comodidad,  la presencia, se roba los pequeños momentos, la calidez, la cercanía. Convierte la vida en una carrera donde el amor espera en la línea de meta y esa línea sigue moviéndose cada día y cada vez, más lejos. Ser pobre duele. No por lo que no tenemos, Sino por todo el tiempo que nunca vamos a recuperar.

la pobreza no es sólo una cifra, un objetivo, un reto o cualquier otra cosa con la que políticamente se quiera resignificar; la pobreza es dolor, dolor físico, trauma, soledad, inestabilidad y volver a comenzar siempre que alguien quiera que tú vuelvas a comenzar. Es falta de libertad, no tener a nadie a favor y tener a todo el mundo en contra. Es vergüenza, alienación, saturación mental. Y, muy frecuentemente, mucho más de lo que nos imaginamos, es prisión, dejar de pertenecer a uno mismo, como no se cansan de sostener ilustres estudiosos de la temática.

Indica lo cual la importante y urgente necesidad de que se atiendan los traumas sociales que no han sido resueltos, solucionados ni enmendados, lo que genera riesgo de exclusión social. lo que impone como prioridad poner fin a la pobreza y establecer las medidas y los presupuestos adecuados para que la reducción del problema pueda empezar a ser al menos una realidad y se deje atrás que la gente siga sufriendo los diferentes dolores físicos y psíquicos, traumas, falta de control sobre sus vidas, vergüenza, alienación: falta de libertad para ser ellas mismas , por dicha causa.

De no dársele manejo y procurarle solución a esta problemática, muy difícil construir un mejor tipo de sociedad, ya que la pobreza, querámoslo o no, produce heridas cada vez más profundas que resbalan por las promesas de innumerables políticas frustradas y proyectos sociales decaídos, lo que ancla cada día y cada vez más núcleos poblacionales marginados.

Definitivamente es problema que requiere al menos principio cierto de solución, no más debates mediáticos, ruedas de prensa con anuncio, planes sin presupuesto que los apoyen, chantajes sociales, sino hacer más por visibilizar la exclusión social y la pobreza, multiplicar los recursos y volcarse con ingentes trabajos administrativo y burocrático en esa dirección y dejar atrás toda clase de trivialidad sobre las políticas sociales y ayudar verdaderamente a liberar a las personas atrapadas en esta condición y ser todos parte de la amplia construcción colectiva que tanto necesitamos si realmente queremos eliminar todo el inmenso dolor y exclusión social que entraña y comporta la pobreza.

* Abogado. Especializado en Gestión Pública. Derecho Administrativo y Contractual. Candidato a Maestría en Derecho Público. Columnista

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