anny herrera villa- Ingeniera Industrial

Por: Anny Margarita Herrera Villa*

Las economía debería enamorarnos cada día y cada vez más, toda vez que es ella, la ciencia social que estudia cómo las personas, las empresas y los gobiernos administran los recursos limitados para satisfacer necesidades ilimitadas, y se centra en conceptos tales como de escasez, producción, distribución y consumo, a la par de ser atendida en su integralidad por sus ramas principales micro y macroeconomía, cuyos avances en el mundo de hoy son innegables y ver tienen con las actividades todas del ser humano, que en su afán de crecer e4n algunos casos y de supervivencia en otros, lucha por no permanecer mucho tiempo en el suelo, aspecto que es sin duda parte y esencia del capital económico al marcar lo cual resiliencia y acción colectiva. Y si bien desde siempre se nos ha enseñado como alfo importante que el desarrollo consiste en atraer fábricas, establecer carreteras, inversión extranjera, y engordar el Estado central y el comercio, hoy las regiones de manera inteligente tiene que entrar a demostrar y demostrase que hay algo mejor y es descubrir el grande secreto de la creatividad, que también produce bastante riqueza, no hace humo, pero si cultura.

Importa aquí recurrir a la economista Mariana Mazzucato, quien sostiene que el Estado no debe limitarse a corregir los errores del mercado; también crear capacidades para producir nuevo valor para la sociedad, ya que, en todo el orbe, los gobiernos dicen que quieren economías más innovadoras, inclusivas, colaborativas, resilientes y arraigadas en el lugar; ejemplo de ello las fiestas y otras manifestaciones culturales, que nos muestran cómo se ve esa economía, que ubica la creatividad junto a la producción, la identidad cultural junto a la innovación, la comunidad junto al espíritu empresarial, la coordinación pública junto a la participación cívica, el dinamismo económico junto al valor cultural, lo que debe obligar a los gobiernos a no continuar midiéndolo con marcos diseñados para capturar transacciones, sino como ámbito, como espacio real de de verdadera transformación.

Es dejar de mirar la cultura como algo improductivo y entender que fiesta, folclore, danza, gastronomía y demás de sus múltiples manifestaciones pueden ser y de hecho son una política de industrialización de los servicios.; de ahí la importancia de invertir en bibliotecas, parques, nuevas e innovadoras formas de transporte por cable, innovación, universidades y espacios culturales, lo que lleva a afirmar que una buena y mejor política de seguridad es producir oportunidades, exportar conocimiento, y en fin, ambientar la cultura en contexto de política pública inteligente.

Emular por ejemplo a los coreanos del sur, quienes han comprendido que dramas televisivos, música, cine, diseño, videojuegos y gastronomía y demás actividades culturales son dables de ser convertidas en industrias estratégicas que generan miles de millones dólares y pueden convertir una cultura regional en rentable exportación. Bailar produce riqueza y las canciones  como hemos visto, se convierten en fábricas de dinero.

*Ingeniera Industrial. Especializada en Proyectos de Desarrollo

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