JOSÉ MANUEL HERRERA BRITO- periodista y abogado

Por: José Manuel Herrera Brito*

Mucha y más es la absurda complejidad que caracteriza nuestra vida nacional, por lo que no es para nada osado ni arriesgado bajo punto de vista alguno plantear que estemos hoy más que nunca necesitados del auxilio incomparable de la Inteligencia Estratégica, recurso insustituible para el bien y mejor conducir de las políticas que constituyen la gobernabilidad del país, ya que es ella un proceso sistemático de recopilación, análisis y uso de información para tomar decisiones informadas en un entorno competitivo, mismo que va más allá de la simple recolección de datos; dado que su objetivo es anticipar cambios en distintos escenarios, reducir riesgos y aprovechar oportunidades con base en información debidamente estructurada que debe ser usada prontamente, ya que es necesaria para decidir sobre asuntos trascendentes para el país, requiriendo para el efecto, tiempos de estudio realizados depurados conscientemente por personal especializado con experticia y perfiles interdisciplinarios que trabajar deben sobre distintos asuntos de inmediato, mediano,  largo aliento, carácter  permanente, y en su universo ocuparse también de asuntos de orden internacional.

No podemos quedarnos como país, plagado de dimensiones y complejidades de fondo, ciegos en asignatura tan importante como es la  Inteligencia Estratégica, que no debe dejar los espacios que le competen sin tratar, ya que crecerían mayormente los problemas internos o externos que deben ser atendidos con celeridad, a efecto que no se torne más graves, múltiples, amenazantes, interrelacionados, cotidianos, mientras que la capacidad anticipatoria luce nula y muchas veces sustituida con opiniones personales. 

Tenemos que advertir siempre que el destino de la Inteligencia Estratégica es auxiliar al jefe de gobierno en la reflexión trascendental sobre riesgos o amenazas que afecten a los altos intereses nacionales. Sus conclusiones son la materia prima de las decisiones más significativas en el seno del poder y la meditación serena no puede ser sustituida por la alegre urgencia conceptual. No puede haber en sus decisiones serias faltas de cálculo de consecuencias, puesto que preocupante sería someternos a navegar sin radares, mientras los peligros yacen embozados cuando deben ser descubiertos antes de emerger. Mucho más debiéramos saber del mundo, de la violencia generalizada, de nuestra economía y de las transformaciones tecnológicas. Igual entender que los hechos en el campo internacional se advierten sujetos a nuevas condiciones, la restitución de la concordia interna está muy lejos y las previsiones de nuestra economía no son alentadoras, lo que es, además de complicado, parte integral de nuestras realidades y las estamos enfrentando con déficits. 

Jamás ni nunca podemos seguir cayendo en el limbo de despreciar la solidez de la visión estratégica universalmente reconocida como la productora de certidumbre en apoyo de quien ejerza el deber de decidir sobre situaciones delicadas. Muchos son los casos que, de haberse atendidos, se hubieran prevenido en sus hechos y consecuencias que están conmoviendo al país. No es estimulante observar que las causa de ciertas decisiones costosas social y políticamente eran perfectamente evitables con el trabajo metódico que la Inteligencia estratégica podía aportar si en realidad fuera apreciada como un capital de verdadera significación nacional.

La inteligencia estratégica es universalmente y cada día más, considerada como un todo, como un  indispensable recurso de excelencia, necesario en grado superlativo para la mejor conducción nacional, por lo que no debe ser nunca desechada, siendo pertinente en consecuencia  buscar afanosamente la solución procedente ante esa realidad que viviendo y padeciendo estamos. 

*saramara7@gmail.com

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