Julian Fernández Gutinico. Comunicador Social. Periodista. Maestro Ancestral. Asesor Espiritual. 

Por: Julián Hernández Gutinico*

Se marca hoy en el mundo por parte de algunas religiones, un evidente sometimiento a la humanidad, situación que muestra a las claras la descomposición del orden religioso en las sociedades modernas, lo que se traduce en una clara metamorfosis de lo religioso, lo que además de lamentable constituye gran vergüenza.

Sacrificios, ritos, mitos, preceptos y valores religiosos han sido durante milenios factores decisivos en culturas de todo el mundo, promocionando la estabilidad y la supervivencia de las sociedades humanas. ¿Cuáles serían las consecuencias de la crisis del orden religioso como elemento de cohesión social en las sociedades modernas? ¿Cómo y por qué se habría producido? ¿Cuál sería su efecto en la existencia individual y en las relaciones sociales e interpersonales? ¿Por qué resulta ambigua la relación del cristianismo y la modernidad con la violencia? Son cuestiones que trataremos de responder.

Nos lleva lo cual a interpretar la historia de la humanidad con una teoría de la evolución cultural, que es a la vez una teoría de la violencia y del fenómeno religioso, que pretende dar cuenta de la diversidad universal de algunas expresiones desde la metamorfosis de lo religioso, tales como la descomposición como factor de cohesión social, como eje de coordenadas para fundamentar las jerarquías y los papeles sociales, que se ve superado con la irrupción de la modernidad y los ideales ilustrados, revolucionarios e igualitarios, además que a este respecto se combinan observaciones, análisis e interpretaciones de tipo histórico, filosófico y antropológico, a las que subyace una paradoja que no es nueva. Una visión religiosa, la cristiana, a través de la que se asume que habría germinado la modernidad, no solo va a suponer un elemento de cuestionamiento y erosión de las religiones antiguas, sino también de la propia configuración de las sociedades de cristiandad.

Paradójicamente, el mensaje cristiano y la modernidad acarrean no pocas ambigüedades, particularmente en su relación con la violencia a distintos niveles, falta de coherencia de las instituciones que los han encarnado generada por la propia dinámica evangélica y las crisis suscitadas comenzando por el cuestionamiento de los mecanismos sacrificiales. Así mismo, la desmitificación operada por el cristianismo y la modernidad sobre mitos y religiones antiguas, así como sus visiones del hombre, desencadenando consecuencias de enorme calado y gran ambivalencia, como la disolución de la rigidez de las jerarquías sociales, configurando sociedades donde primarían la mediación interna, la rivalidad y la indiferenciación. Igualmente, la secularización desde el punto de vista de la filosofía del sujeto, las relaciones interpersonales y sociales, donde la descomposición del orden religioso abona el terreno para lo que se ha denominado como trascendencias desviadas, que facilita que el lugar de Dios sea ocupado por el sujeto.

Sentidos y ámbitos los dichos en los cuales ha repercutido la secularización sobrevenida en las sociedades modernas. La desmitificación y la deslegitimación de los sacrificios, mitos y ritos religiosos que habrían enmascarado milenariamente los procesos victimarios de violencia colectiva, han sido operada por el cristianismo. Las sociedades modernas, la mayor flexibilidad social, el espíritu revolucionario e igualitario, el universo social de las mediaciones internas, la subjetividad moderna… entroncan, en el mismo gran proceso histórico animado por la dinámica cristiana de crítica y descomposición de las sociedades arcaicas y sus sacrificios victimarios.

El propio fermento crítico y desmitificador cristiano no ha sido suficiente para librar al cristianismo histórico de sus propios chivos expiatorios. No solo el cristianismo, sino que tampoco la modernidad ilustrada ha estado exenta de contradicciones y ambigüedades, de manera que la descomposición del orden religioso en la modernidad no dinamita la continuidad histórica entre sociedades arcaicas y modernas, aunque haya enormes diferencias entre ellas, ya que el mundo entero se encuentra frente a la violencia en una situación parecida a la de los grupos humanos más primitivos, solamente que en esta ocasión es con conocimiento de causa; no tenemos ya recursos sacrificiales ni malentendidos sagrados que aparten de nosotros esta violencia, toda vez que hemos llegado a un grado de conciencia y de responsabilidad nunca alcanzado por los hombres que nos han precedido. Sin embargo, en la modernidad, y tras ella, se ha seguido vertiendo sangre en los conflictos humanos, y cimentándose con ella las construcciones políticas, mostrando que la separación entre lo arcaico y lo moderno no es absoluta. 

*Comunicador Social. Periodista. Maestro Ancestral. Consejero, Asesor y Consultor Espiritual.

¿Cómo le pareció el artículo?
+1
1
+1
0
+1
0
+1
0
+1
0

Por editor

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *