Alfredo Leon Leyva -Ingeniero. Escritor. Columnista

Por: Alfredo León Leyva*

La gente debe trabajar con amor en lo que ama, no en lo que le toque como es el caso aquí en nuestra patria. Y hoy hasta el amor ya se hace sin amor, y la gente en escasos ocasiones lo hace con amor; y el trabajo es un derecho que hace realizarse al hombre. El trabajo no es una obligación.

El concepto de TRABAJO proviene en sus raíces profundas, originalmente de la voz del latín: Tripilliare, para referirse a un instrumento de tortura utilizado al que llamaban Tripallium, empleado para castigar esclavos y controlar animales. En la antigüedad el trabajo manual, considerado penoso y reservado para los campesinos, mientras que el ocio y la contemplación se reservaba solo para las clases altas y dominantes; y con el pasar del tiempo, en especial a partir de la Edad Media hasta la modernidad, el trabajo físico adquirió valor moral y social, y al trabajo intelectual se le reconoció por su importancia dentro de la sociedad. En el llamado nuevo mundo a partir del siglo XVIII, el trabajo se transformó impulsado por la mezcla de culturas y la industrialización que produjo nuevas formas de empleos o “trabajos” con sus derechos laborales. En últimas, el trabajo es una actividad multifacética que comprende dimensiones físicas, económicas y sociales, que se ha convertido en motor del fundamento de la vida humana contemporánea. El Trabajo es un factor de producción esencial junto con el capital, la tierra y la tecnología.

Pero vaya que sonoro en las cantinas en toda la América hispánica todos los ebrios tarareaban, desafinados la mayoría por no decir todos, el estribillo aquél de que: “Dios el trabajo lo había hecho como un castigo”. ¿Recuerdan? Increíble, hasta los mismos sacerdotes creyeron lo tal.

No puedo asegurar que “Cervecería Águila” haya tenido que ver en la producción de aquel pegajoso tema musical, pero si le ayudó a convertirse en la institución comercial más establecida en el caribe y en todo el país; y además, hicieron posible que todos y todas como dicen hoy, pusieran sus picos en el águila, que dio ocupación a muchos que con este trabajo pudieron solidos levantar sus familias. 

Mire usted, esos que no creyeron que “el trabajo era un enemigo, porque Dios lo había hecho como castigo”, pudieron con sus parejas, y además con sus “rascamoños”, pues es muy común en el caribe jugar con suplentes hasta para bailar el merengue “apambichao”. Todavía para muchos, esto de trabajar les causa mucho dolor; y más cuando no producen para comprar unas fría cervezas Águila. Casi que tomar una docena de frías en la calentana costa caribe, puede considerarse hoy un trabajo sagrado.

Se imaginan estar en Barranquilla, un viernes de cualquier semana a esos de las seis de la tarde: ¿y hallarse seco?; y, con el enfriador de la tienda repleto de las ansiadas heladas. Y que de repente le pongan el vallenato: ¡Por ella es que estoy así!  Y viendo “seco”, pasar a nuestro lado a los demás: Currucutiando a su paloma. ¡NOJODAAAA! Qué mierdero. 

*Ingeniero. Analista. Escritor. Columnista

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