Por Isaías Molina Jácome*
“El Nene” Cepeda vivió con intensidad y dejó huella en el periodismo, la literatura, el cine y la publicidad de Colombia y su caribe. En Barranquilla su legendario paso por diferentes espacios físicos y proyectos periodísticos aún resuenan, cuando se cumplen 100 años de su natalicio. El escritor barranquillero Álvaro Cepeda Samudio convirtió la amistad en la manera más original de forjar su inmortalidad y, de paso, en una especial forma de arte cuyo espíritu hoy resuena en lugares como La Cueva, donde el legado que convirtió a sus amigos en cómplices de sus aventuras creativas aún sobrevive. Junto a los hombres y mujeres que conformaron el grupo de Barranquilla “El Nene” Cepeda no solo dialogó sobre las obras literarias de William Faulkner, John Steinbeck o Ernest Hemingway, entre otros autores, sino que fue testigo de su transformación como intelectuales que revolucionaron el periodismo, la fotografía, el cine y la pintura en la Barranquilla de la segunda mitad del siglo XX, aquella que resistió la violencia sangrienta del conflicto armado colombiano. Un bar y dos medios que hacen parte de la historia cultural de Barranquilla atestiguan en sus paredes y sus hojas de papel la energía creativa del escritor costeño por estos días conmemorado en el primer centenario de su nacimiento.
La Cueva, un refugio para conversadores. Corría la década de 1950 y en Colombia sucedía la guerra entre liberales y conservadores, intensificada por el asesinato del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán el 9 de abril de 1948. En Barranquilla, por el contrario, había un ambiente de paz, propicio para la eclosión de las artes. Tres décadas antes la revista Voces (1917- 1920), dirigida por el catalán Ramón Vinyes, nacía como semilla creativa para poetas, cuentistas, periodistas y novelistas que allanaban el camino a nuevas generaciones de creadores. Álvaro Cepeda Samudio terminó convirtiéndose en uno de ellos; luego de graduarse como bachiller del Colegio Americano emigró a los Estados Unidos en 1949 para estudiar periodismo en Nueva York, en la Universidad de Columbia, inaugurada en 1912 con dinero del magnate Joseph Pulitzer. Sin duda, la educación que recibió allí potencializó su genialidad, la cual compartiría en La Cueva —antiguo bar de cazadores—, junto a intelectuales tan diversos como Alfonso Fuenmayor, Germán Vargas y Gabriel García Márquez, o espíritus inquietos como el del fotógrafo Nereo López y artistas plásticos como Alejandro Obregón, Orlando “Figurita” Rivera y Cecilia Porras, entre otros, que conformarían el llamado grupo de Barranquilla en el mítico espacio de la calle 59 con carrera 43 donde todavía hoy palpita, después de más de dos décadas de su recuperación como bar, restaurante y fundación cultural, el genio de este grupo de creadores costeños.
De la etapa periodística de Cepeda se destaca su trabajo en el periódico liberal El Heraldo y la colaboración con la revista Crónica, fundada por Gabriel García Márquez y Alfonso Fuenmayor con el lema: “Su mejor week-end”. Crónica era un semanario de 16 páginas que circuló entre 1950 y 1951 cuyas páginas estaban dedicadas al deporte, la literatura y el periodismo. Su amigo Orlando “Figurita” Rivera fue uno de los ilustradores, y Gabriel García Márquez, quien fungía como su jefe de redacción y escribía en su revolucionaria edición impresa, también se aventuraría junto a Cepeda Samudio a rodar en 1954 La Langosta azul, un cortometraje de 29 minutos en blanco y negro, filmado en las playas de Salgar, Atlántico, con una cámara de 16 milímetros, sin presupuesto, pero con la voluntad y participación del grupo de Barranquilla. Álvaro Cepeda Samudio modernizó no solo el diseño gráfico de “Diario del Caribe”, sino el estilo de contar la realidad, pues mezcló el periodismo con los elementos narrativos de la literatura.
La herencia literaria de Diario del Caribe. A comienzos de los años 60 el Grupo Santo Domingo compró el Diario del Caribe a la Compañía Unida de Publicaciones que lo había fundado en 1956. Su primer director fue Álvaro Cepeda Samudio, hasta el año de su muerte, en 1972. Cepeda modernizó no sólo su diseño gráfico, sino el estilo de contar la realidad, pues mezcló el periodismo con los elementos narrativos de la literatura. “Fue el primero que circuló los domingos, el primero en publicar una página cultural diaria y también pionero en circular con revistas especializadas tales como Jornada, (deportiva, con algunos contextos culturales pertinentes), Weekend, y Suplemento Literario, su revista cultural”, afirma el periodista Sigifredo Eusse, quien trabajó en esta publicación. La prematura muerte de “El Nene” Cepeda a la edad de 46 años por un cáncer de pulmón malogró la carrera artística de un hombre que hubiera podido legar una obra más extensa, pero el tiempo le alcanzó para escribir libros memorables como Todos estábamos a la espera, La casa grande y Los cuentos de Juana. Su espíritu creativo, todavía hoy, a más de 50 años de su desaparición física, retumba fuerte en la capital atlántica.
*Comunicador social y periodista, Magíster en Comunicación y Doctor en Comunicación. Docente catedrático de competencias comunicativas. Autor de la novela Noche de bala (2024) y el libro de cuentos Gente como usted.

