Ruben Darío Ceballos Mendoza - jurista

Por: Rubén Darío Ceballos Mendoza*

Ningún pueblo ni ninguna sociedad podrá salir nunca adelante con la mentira como plano mental para generar espacios específicos de conciencia, tampoco desde el fingimiento como narrativa, ni con la desaparición y ocultamiento de la corrupción rampante de sus más altos funcionarios, ya que como sentenció Epicteto, la verdad triunfa por sí misma y la mentira necesita y necesitará siempre de la siempre malhadada y malvada complicidad; de ahí que en un mundo atiborrado de narrativas construidas, ese sabio decir resuena con fuerza, recordándonos que la verdad, aunque a menudo ignorada, es un faro de autenticidad.

Se impone, en vía de claridades, cultivar la verdad en nuestras cotidianidad, ser éticos, saber cuál debe ser nuestra percepción de la realidad, Entender que la mentira requiere de una arquitectura de soporte constantemente mantenida, que las falsedades no subsisten en aislamiento, ya que precisan de una red de complicidades, omisiones selectivas, elaboraciones adicionales y refuerzos continuos para mantener su apariencia de verdad. Además, es de suyo contundente y cierto que la mentira no tiene futuro.

Entre nosotros, muchos y más que nunca son hoy los textos sobre la mentira en medio de manifestaciones y declaraciones de todo tipo, haciéndose evidente la mentira oficial como marca indeleble. Llevamos años de mentira, que comenzó cuando el señor que tomó posesión como Presidente mintió criminalmente al jurar respetar la Constitución y las leyes que de ella emanan, y acto seguido ha violado todas las leyes, destruido los poderes nacionales, someter al Poder Judicial, convertir parcialmente al Legislativo en una manada de oportunistas, destruida la economía, pobre crecimiento, Ecopetrol perdiendo miles de millones de pesos, aniquilada la salud, miles de ciudadanos perdieron la vida por dicha causa. Se acude diariamente a la mentira para justificar los actos de gobierno que atacan a los ciudadanos, a quienes se irrespeta como también a sus manifestaciones, se ataca sin piedad a los manifestantes cuando se concentran para demandar mejores condiciones de vida, salud, protección contra los delincuentes, y muchas demandas más, como lo confirman centenares de filmaciones y siguen negando lo que todos vemos.

La mentira, a pesar de no tener futuro, como se afirma y comprobado está, se ha convertido en eje de gobiernos que no van para ninguna parte y se empeñan en confirmar lamentablemente la mentira como su sello, como su impronta, lo que genera situaciones insostenibles de cara al mañana, así en el hoy la mentira les siga dando réditos. Lo cierto es que no deja ver la mentira como realmente vamos, tampoco la posibilidad de un cambio real que nos lleve a recuperar la dignidad de nuestra patria, especialmente en momentos como el actual, en que requerimos afirmar nuestra fe en la verdad verdadera.

Se impone denunciar las mentiras por todos los medios habidos y por haber, particularmente aquellas que afirman logros que no son, disminución de delitos, y muchas realizaciones, lo que amerita como el pueblo grande que somos, repudiar todas sus mentiras para que la verdad siempre salga avante y enterados estemos de todo cuanto acaeciendo está.

Como país tenemos la obligación que se señalen oficialmente los problemas que enfrentamos, para que una vez se conozcan defendernos con eficacia explicando las razones de los mismos. No podemos seguir callados ante ellos y en consecuencia afrontarlos sin timidez, sin agresivas politizaciones ni polarizaciones, y promover en cambio diálogo, entendimiento, conciliación, No más seguir escondiéndolos. Requerimos dar cara a nuestras realidades, a nuestras implicaciones y buscar como procurarnos las soluciones mejores, puesto que estamos obligados a corresponder con todas ellas por graves que sean.

De igual manera y como ciudadanos que somos, tenemos que empujar s nuestro gobierno que diga verdades, que no niegue lo que pasando está en sus entrañas, por cuanto ello equivale a negarse a sí mismo, arrastrándonos a la incertidumbre, la desconfianza y la decepción. Definitivamente estamos gobernados por una camarilla que oculta sus verdaderas intenciones, no se atreve a decir lo que opina, sabiendo que no tiene consenso. Un país que miente a los suyos y al resto del mundo no es confiable, ya que la mentira se percibe, aunque no se exprese. Ellos se ocultan para que no se descubra la mentira que llevan dentro, su secreto, afortunadamente ya descubierto, es que son autócratas, no demócratas, no creen ni en la alternancia ni en las elecciones libres, sino en la imposición, afortunadamente no hemos llegado del todo a ese escenario, pero no debemos descuidarnos., de lo contrario, allí nos instalaremos. 

*Jurista. Especializado en Derecho Laboral. Derecho Penal. Docente Universitario. Conferencista. Panelista. Columnista

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