SAÚL ALFONSO HERRERA HENRÍQUEZ- abogado. Magister en Derecho Público. 

Por: Saúl Alfonso Herrera Henríquez*

Se escucha por doquier no quererse por ningún motivo que se practique la política del pasado, que es preferible mirar al futuro y construirlo con tecnología y modernidad; pero, coinciden todos, que la crisis que golpea es severa y estructural, que vienen días difíciles para quienes deban tomar las grandes y duras decisiones, así como para quienes debamos soportarlas, como precio a pagar para levantarnos de nuevo desde el fondo de nuestras fuerzas. Hasta ahí el consenso.

Pero si nadie quiere ese pasado, cómo explicar entonces el olvido hoy de los grandes males que deben impulsar el uso de la inteligencia más avanzada en la formulación de proposiciones serias y sólidas que, además, deben contar con un importante margen de gobernabilidad para hacerlas viables y por el contrario, con una verborrea más que despreciable, empeñan vanamente tiempo y esfuerzos en ataques y contraataques que bien o mal ya todos conocemos, que se traducen en pasado y presente, acciones y consecuencias, transmitidos por ellos mismos. Son tales personajes los que quieren convencernos que les importamos, que quieren servirnos con desinterés, cuando lo que realmente demuestran son sus indecibles y nunca saciadas ansias de poder.  

Es verdad manifiesta que hoy por hoy los nuevos políticos de orígenes y entornos distintos, son definitivamente analfabetos en las artes de la política y ni siquiera a golpes de realidades aprenden las funciones que realmente les corresponden, lo que muestra como conclusión, que es muy poca la esperanza de renovación que nos ofrecen, aunque sí se esfuerzan y preocupan ahora en mostrarnos su mala cara con insultos, mentiras, demagogia, populismo, polarizaciones, medias verdades, alusiones calumniosas cargadas de improperios, vejámenes y odios revanchistas.

Mucha culpa compartida sin duda con los habilidosos, quienes se hacen los desentendidos permitiendo y estimulando o tratando de justificar lo injustificable. El nivel educativo o el entorno no son justificación de la agresividad, la violencia o la pésima conducta social, aunque bien podemos afirmar que en el escenario político hemos conocido ciudadanos sin mayores títulos académicos, pero educados y ejemplos de decencia y consecuencia. Estamos ansiosos de librarnos de años de infamias en la política y de soportar solo angustia en nuestras familias, ciudadanía y comunidad.

Quienes en la política pretendan en adelante incursionar, deben estar a la altura de las circunstancias y guardar coherencia entre sus discursos y sus actos, al tiempo de aprovechar su tiempo en trabajar en las vías mejores de solución que deben aplicarse en beneficio colectivo. 

*Abogado. Analista. Columnista. Especializado en Gestión Pública. Derecho Administrativo y Contractual. Candidato a Magister en Derecho Público

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