Alfredo Leon Leyva -Ingeniero. Escritor. Columnista

Por: Alfredo León Leyva*

Fue un 14 de febrero del año 1964, un día después de cumplir los once años de nacido; y mi padre que, vuelto de Bogotá, me trajo un libro de tamaño mediano como regalo de cumple año; debía ser que cuando recién llegado él como a las siete de la noche, me entregó el presente y me dijo: Léelo, y después me comentas. 

Ese día, viernes, había estado con mi abuela paterna Teresa en la procesión de San Agatón en Mamatoco, y después de recibir el sol de esa tarde me sentía muy cansado; pero pudo más la emoción por el regalo recibido, que me cogió muy entrada la noche leyendo “La Eneida” de Virgilio, y pronto el sueño me venció.   

Pasado algunos días de aquello fue que se dio la oportunidad fortuita de que coincidiéramos para el comentario, esto así por sus múltiples ocupaciones;  y oportuno le pude dar mis comentos acerca de aquél que con cariño me había traído de tan distante ciudad;  y procedí en mi resumen que atento él escuchó, en donde resalté a Eneas, quien unió a los sobrevivientes de la guerra de Troya y los latinos, generando la descendencia que originaría la cultura Romana. Pues Ascanio, su hijo conocido como lulo fundó Alba Longa, ciudad de donde descenderían Rómulo y Remo 400 años después.

También resaltó de entonces a “la vencedora de los hombres en batalla” llamada Andrómaca: esposa del héroe Héctor, comandante de los ejércitos de Troya asesinado por Aquiles.  

Coincidencial es que después de tantos años, cuando no es tan viva la memoria ahora para recordar en detalle, pero que si recuerdo fueron muchos aunque precise hoy pocos, y de ellos lo que concernía a la guerra de Troya contra los Griegos, por el rapto de la preciosa Helena; y entre tan cuantiosa gama de personajes que contiene “La Eneida”, su autor me trajo a conocer la única tragedia que hasta hoy termina en plenitud y felicidad, si es que la hay completa en la vida.    

El autor muestra a Andrómaca, hija de Etión rey de Tebas, bajo el monte Placo en Silicia; criada en palacios con las comodidades propias de las riquezas de su padre, en unión de sus siete hermanos varones en Tebas, actuando como la reina en reemplazo de su madre fallecida cuando ella era una adolescente. 

Es prometida a Héctor,  el príncipe heredero del trono de Troya, hijo del Rey Príamo, con quien se une en matrimonio para fortalecer las relaciones entre Tebas y Troya. De esta unión existió un único hijo, al que llamaron todos en Troya: Astianacte; y cuya traducción del griego antiguo significa: “señor de la ciudad”, aunque Héctor lo llamaba “escamandrio” en honor al rio de Troya.

Aquello del torbellino que produjo el amor de la esposa de Menelao, Helena, al seducir al príncipe Paris, quien la rapta llevándole en huida a Troya para generar la guerra de los Griegos contra esa y sus aliados; y es entonces que los “mirmidones” con su comandante Aquiles, atacan a Tebas y asesinan al padre de Andrómaca y a sus siete hermanos. 

A partir de entonces, solo tiene ella como su familia a Héctor y a su hijo el pequeño Astianacte.

El mismo Aquiles en venganza por la muerte de su amigo Patroclo dada en manos de Héctor, como fiera herida da muerte al comandante de los ejércitos de Troya; y tiempo después es Aquiles, el que cae por la flecha disparada por Paris, hermano de Héctor, que le hiere en el talón, casual su único sitio donde era mortal.

Y llega entonces el caballo de madera que entra a Troya, fabricado en la mente de Odiseo y que Epeo hijo de Panopeo, trabajó artesanalmente en tres días con ayuda de los Aqueos. Y fue en este dado como presente, que se introdujo en Troya, ya muerto Aquiles el más grande de los “mirmidones”; y es Neoptólemo el hijo de éste, que después de asesinar al Rey Príamo en el templo de Atenea, toma a Andrómaca y al hijo de ella como rehenes.

Odiseo decide asesinar al niño rehén, el hijo de Héctor, por temor a que éste crezca y vengue a su padre; y por tal lo arroja desde lo alto de la muralla ante la desgarradora presencia de Andrómaca, que impotente desde lo alto de la muralla ve morir a su hijo.

Tomada cautiva como esclava por Neoptólemo es llevada al Ftía, en donde la hace su concubina y tiene con su captor tres hijos: Moloso, Píelo y Pérgamo. Vive con él hasta que Orestes da muerte a Neoptólemo y finalmente, Andrómaca encontró consuelo al casarse con Heleno el adivino, hermano de su difunto esposo Héctor. Con Heleno, Andrómaca tuvo un hijo al que llamaron Cestrino, y se estableció en el Epiro, donde Heleno había heredado tierras. Aquí, Andrómaca y Heleno gobernaron juntos, encontrando una forma de paz tras años de sufrimiento. 

Virgilio, en su obra: “La Eneida”, describe cómo la pareja vivió felizmente en el Epiro, una vida que marcó un final menos trágico para la heroína nata de Tebas que había sufrido tanto en y después de la guerra de Troya.

Hasta los días presente, Andrómaca simboliza los sacrificios que la mujer debe hacer durante la guerra, entre el manifiesto amor familiar mezclado con el sufrimiento sufrido por la tragedia y violencia de los conflictos cuando debe ver a su esposo enfrentarse a un destino fatal que desde antes presiente, perdiendo todos sus derechos al enviudar; y representa el amor conyugal y maternal en medio de la mísera violencia de la guerra que destruye a las familias. 

Qué raro que cuando fue que tuve tales historias en mis manos, conservaba la costumbre de ir todos los años a la procesión de San Agatón Obispo, en la iglesia de San Jerónimo de Mamatoco; donde se  oían los cohetes voladores que tronaban con estruendo al paso de la procesión camino a la iglesia.

 Ah, se me olvidaba la “cachucha” con orejera que acompañó aquel presente de ese día que recibí con agrado; de dril ella a cuadros de color café y crema, muy parecida a la que muchos años después usaría el Chavo del ocho. ¿Te imaginas lo feliz que estuve, entonces?

 *Ingeniero. Analista. Columnista

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