Por: José Manuel Herrera Brito
Es entre nosotros la seguridad un desafío diario, una estridencia que requiere como respuesta seriedad para enfrentar miedo y violencia con una justicia cercana como camino a recorrer. Cada día enfrentamos desafíos a nuestra tranquilidad, hechos conocidos por todos pasan en silencio, algunos con nombre propio y otros no, pero todos importan, ya que afectan la vida, la seguridad, la dignidad y el patrimonio de las familias. No hay dolor menor ni víctima invisible. Por eso, la paz has que defenderla y cuidarla con responsabilidad. Saber que la ética se demuestra en los hechos y que la justicia no puede usarse para ganar aplausos ni alimentar divisiones. Convertir el dolor en herramienta política distorsiona el deber más básico del servicio público: proteger la vida, restaurar la dignidad, reconstruir la confianza. Es la tarea y horizonte de la justicia.
La paz debe construirse con la gente, ser un principio transformador. No se trata de castigar, sino de prevenir. De imponer, sino de escuchar, convocar y acompañar. Gobernar gobernando desde los territorios para que la gente se convierta en protagonista de esa transformación. No podemos perder de vista que la seguridad humana es garantizar la vida y la libertad, que una vida segura es una vida digna y que la seguridad debe tener rostro humano. Cuando hay participación activa de la gente, colaboración, empoderamiento, sentimiento de pertenencia , la violencia retrocede; y cuando hay voz ciudadana, la ley gana legitimidad y donde hay legitimidad, surge una paz fortalecida.
Definitivamente no es polarizando ni alentando el miedo como se construye ni cómo se edifica el porvenir. La seguridad no se impone con estridencia, sino que se conquista y se hace propia con acciones, diálogos, acercamientos, acuerdos, consensos. Con una justicia que escuche, puesto que la ley, cuando es verdadera, no obedece pasiones ni coyunturas. Es imparcial. La justicia no grita. Actúa simplemente. Es ese el camino que tenemos que recorrer, impulsar programas con enfoque territorial para hacer de la participación una política activa con jornadas por la paz, mesas de seguridad, con sembradores de la paz, comités de ciudadanos, redes juveniles y de mujeres, entre otros, con plataformas vivas a las que la gente no sólo asista, sino hacerlas escenarios vivos para que igualmente propongan y decidan.
Tenemos que encarnar la seguridad en todas y cada una de nuestras unidades territoriales con visión e identidad propia. Que la participación activa no sea vacuo discurso, narrativa, relato y decir, sino una práctica cotidiana, toda vez que la paz es un derecho humano, una tarea colectiva. Es vincular miles de personas que antes guardaban silencio para que participen en contexto de cambios y transformaciones en positivo y entiendan de una vez por todas que donde el pueblo participa, florece la esperanza y surge la paz irremediablemente. saramara7@gmail.com
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