Por: José Manuel Herrera Brito
Hemos tenido buenos, malos, pésimos y peores políticos, lo que no es del caso señalar, pero permitir sí que se encargue la historia –y está en mora de hacerlo- del balance objetivo de sus vidas y de sus obras. Corresponde sí y de cara al porvenir pensar con el deseo y que los mismos se conviertan en realidad, en ruta a potenciar nuestro Distrito y municipios todos del departamento en unidades territoriales vanguardistas. Que pensemos de cara a las elecciones de Congreso que se avecinan, en tener políticos de primera y segura condición, con dignidad intelectual, ética y estatura moral, sin estridencias ni campañas para hacerse respetar, sino que su conducta y su ejemplo basten y sobren. Dirigentes y ciudadanos íntegros cuya vida sea expresión de coherencia de los más altos y significativos valores de la democracia representativa.
Brújulas morales, distinguidos, honestos, honorables, responsables, ciertos, que nunca necesiten de hacer grandes alardes para hacer sentir su presencia y su compromiso. Conductores comprometidos con el desarrollo social de su entorno, motivados por las convicciones mejores que inspiraron a los líderes supremos que aportaron al constructo democrático. Personas consientes, formados, de agudeza intelectual, seres humanos admirables, sensibles ante los problemas sociales, defensores firmes de las causas superiores, demostrada vocación social y ejecutores de sólidas gestiones. Referentes éticos de voz prudente pero aguda, transmisores de autoridad, respeto, sabiduría e inspiren confianza, ejemplo de lo que significan el poder con dignidad, la política con decencia y el liderazgo sin aspaviento.
Dirigentes que jamás un nunca se dejen vencer por la ambición, la codicia, la avaricia, la mediocridad y la vanidad, sino por la limpieza y personal pulcritud y probidad que honrar debe el servicio público. Políticos referentes morales, ejemplos a seguir, con condiciones excelsas que los pervivan en las páginas de nuestra historia institucional y en el recuerdo imborrable y luminoso de la vida pública territorial. Políticos así son los que requerimos, que no improvisados.
Políticos que encarnen con coherencia y profundidad los valores de la integridad, la inteligencia y el compromiso público. Que sus vidas sean un ejercicio constante de ética, cultura y servicio a la gente, que apuesten por el conocimiento como motor del desarrollo, que dejen impronta, inspiren confianza, siembren ejemplo y valores en las generaciones presentes, por venir y además sean convencidos defensores de la cultura como fuerza transformadora de la sociedad. Rectos, valientes, independientes transparentes. Que entiendan que la ética y la moral pública son principios inquebrantables. Que sepan interpretar con lucidez crítica y responsabilidad democrática los signos de su tiempo con altura y equilibrio.
Que capaz sean de entender, así atravesemos crisis y tiempos signados por la complejidad, que la política puede ser noble y representen en consecuencia la figura de un servidor público ideal; vale decir, íntegro, culto, sobrio y profundamente ético, que deje huella en nuestra conciencia cívica y lo que ello represente para las nuevas generaciones, más hoy, que estamos urgidos en manera importante de referentes, de faros que iluminen el camino de quienes aún creemos en la virtud como guía y en la inteligencia como instrumento de positivos cambios y transformaciones.
Políticos de ideas y de acción que puedan permanecer en la historia escritos con letras broncíneas de dignidad, valentía, sabiduría y trayectoria ejemplar. Faros morales luminosos en momentos de oscuridad, tiempos de penumbra y extravío institucional. Constructores de democracia moderna, de decencia política, maestros constantes de los principios mismos del poder como honestidad, austeridad, cultura y férreo compromiso con la legalidad y el Estado de Derecho, con singular capacidad para combinar la reflexión política con la acción concreta en todos los escenarios institucionales y de vida misma. Protagonistas de transformaciones sociales y políticas.
Que no enciendan el pabilo de la desconfianza ni erosionen las bases del Estado de Derecho. Que sus relaciones sean de respeto y confianza. Que tengan visión de futuro, confianza y continuidad democrática. Orientadores naturales, reflexivos, de pensamiento político profundo, de la ética en la acción y que entiendan el poder como un instrumento de servicio, sean austeros como símbolo de coherencia y jamás usen el poder para beneficio personal, en la verdad que su autoridad debe provenir no de los cargos sino de su estatura moral, a efecto que sus legados sean dables, además de ser estudiados, vivirse, En nosotros está la responsabilidad y el compromiso de ayudar a construir una nueva política para no seguir siendo cogestores no coadministradores de frustraciones y desesperanzas, lo que obliga elegir bien, mejor, condenar la polarización y atender solícitos el llamado a la decencia con inteligencia, pensamiento sereno y firmeza ética.saramara7@gmail.com

