Por: José Manuel Herrera Brito
Gobernar con y para la gente requiere de un estilo cercano e inmenso compromiso con las causas sociales, plantear cambios y transformaciones que en positivo que viables y factibles sean, gobernar con firmeza, sensibilidad y visión social, ser honestos, austeros, velar por la justicia y amar al pueblo, sobre la base de hacer de los territorios espacios de derechos, inclusión y bienestar, donde nadie quede excluido. Es entender que primar debe una perspectiva humanista que prioriza la vida, la seguridad y el desarrollo comunitario.
Atender el valor fundante de la seguridad, mejorarla, trabajar para que los delitos de alto impacto como el el feminicidio y el robo de vehículo con violencia entre otros, disminuyan, labor que hay que lograr de manare coordinada con el fortalecimiento de la policía y la inversión en inteligencia, cámaras, patrullas, pero también a las políticas sociales que atienden las causas de la violencia, en la verdad que la seguridad se construye con justicia, empleo y comunidad. Velar por que la mujer sea centro de proyectos, respaldarlas, consolidar sus propósitos, brindarles atención integral, acompañamiento jurídico y psicológico, capacitación y oportunidades para salir adelante. Ampliar las redes de refugios y potenciar permanentemente las campañas contra la violencia, ya que bien vale la pena gobernar con perspectiva de género en diaria práctica.
Urbanísticamente imponerse debe impulsar un modelo de ciudad planificada, sustentable y humana, avanzar en la construcción de vivienda accesible, con un enfoque territorial que combata inequidad y desigualdad, reflejar desde la movilidad este espíritu como parte de una estrategia que priorice un transporte público seguro y digno. Hacer del medio ambiente un eje fundamental, recuperar hectáreas de áreas verdes. Implantar, implementar y fortalecer programas de reforestación y captación de agua de lluvia, así como promover el uso de energías limpias en edificios públicos, en dirección a asegurar el derecho a un entorno sano sin sacrificar el desarrollo urbano.
Hacer de la prevención una huella, atender la atención temprana en espacios con altos índices de violencia con programas culturales y deportivos para jóvenes, apuntando a la construcción de una ciudad más solidaria. Es hacer converger en los centros comunitarios arte, deporte, salud, cultura y educación, símbolos todos de esperanza y transformación. Es gobernar con presencia en los territorios, escuchar, dialogar y actuar. Estar constantemente en calles, los barrios, comunas y localidades como reflejo de un estilo de liderazgo que rompa con la distancia tradicional entre el poder y la gente, a fin de demostrar así que la empatía es también una forma de autoridad, y una de las formas mejores de avanzar con rumbo firme y con sentido social, en clara compromiso de trabajar y gobernar para el pueblo y con el pueblo como una prueba viva que el poder puede ejercerse con principios, visión y sentir por la gente, en el fundamento que cuando el humanismo guía la política, los cambios y transformaciones en positivo no sólo se ven, sino que se sienten.
Sabemos que consolidar transformaciones en positivo es tarea fácil, y que gobernar bien y mejor no es tarea menor, por lo que debe ser lo cual más que relevante en contexto de administración pública y pleno sentido de responsabilidad democrática, lo que facilitará avances, acciones y construir políticas que respondan a la necesidad de resolver realidades urbanas complejas. No se trata de gobernar con base en discursos, sino en acciones palpables en las calles, incrementar la seguridad, detener extorsiones, atracos, homicidios, colocar a la baja los despojos y el maltrato a las mujeres, fortalecer el sistema de cuidados y castigar los delitos como el de lesiones agravadas por razones de género, asociación delictuosa y amenazas. Es en materia de seguridad fijar la estrategia de mantener la disminución de los delitos con la incorporación de nuevas cámaras de videovigilancia y la adquisición patrullas para reforzar el modelo de prevención encaminado a garantizar una ciudad más segura con base tecnológica y operativa, haciendo realidad aquello que la seguridad se construye también desde la comunidad y la atención profunda de sus causas sociales.
Otro aspecto a tener en cuenta es tocar el tema de la planeación urbana con justicia social, invertir directamente en barrios, reconocer el valor de la memoria colectiva, la identidad cultural y el derecho a un entorno digno, convertir los sagrados recursos públicos en nuevas obras de infraestructura, mantenimiento permanente del mobiliario municipal, al igual que fortalecer los programas del bienestar para construir un futuro lo suficientemente más equitativo. Proyectos todos que no solo mejoran la movilidad, ya que también fortalecen la seguridad, reducen la desigualdad y llevan los servicios a quienes habían sido relegados.
En lo social, aumentarse deben los aumentos de la cobertura de programas para los sectores más desprotegidos, fundamental para garantizar el derecho a necesidades básicas como educación y movilidad, toda vez que más apoyos representan una visión de justicia urbana donde las oportunidades no dependen de donde se viva, sino de un proyecto incluyente de territorio. Se trata de partir claramente de una efectiva gobernanza, de escuchar a la gente y estar convencidos que gobernar es servir, lo que permitirá a la ciudadanía ver avances y participar en ellos, porque los territorios se transforman, querámoslo o no, con y para su gente. Es alcanzar bienestar, cambios y transformaciones con resultados en las más de las áreas con realidades en construcción y no sobre la base de solo promesas. saramara7@gmail.com

