MÉDICO HERNANDO RAFAEL PACIFIC GNECCO

Por: Hernando Pacific Gnecco*

A los formidables banquetes de antaño asistían insignes tragaldabas que comían más allá del hartazgo. Mucho se ha especulado acerca de ciertas costumbres romanas grotescas, más en tono de sátira, metáfora o crítica, tal como lo hizo Cayo Petronio en el Satyricon; describe casos aislados, como el del emperador Claudio, que se tornaron en generalidad; ocasionalmente, son traducciones macarrónicas del idioma latín o interpretaciones erradas de los textos clásicos. No hay fuentes fiables que prueben esos excesos como práctica común en la cotidianidad romana. Lo que sí está probado es la opulencia de los banquetes imperiales y la presencia de reconocidos glotones.

Pocos refinamientos tenía la antigua Grecia; Sibaris era una excepción. La glotonería campeaba; Homero menciona el desaforado apetito de Hércules. Un célebre atleta de entonces, Milón de Crotona, fue capaz de engullir nueve kilos de carne, otro tanto de pan y beber diez litros de vino en un día, dice su biógrafo Diodoro Sículo. Las mujeres griegas competían a la par; la flautista Agale mataba el ayuno con cuatro kilos de pan y seis de carne. Otro respetable estómago era el del excéntrico emperador romano Varius Avitus Bassianus, el famoso Heliogábalo, símbolo de gula y excesos. De variados colores, sus copiosas comidas duraban todo el día; iba de casa en casa de sus compinches. Otro célebre extravagante fue el liberto Trimalción; sus caprichos llenaban los distintos comedores de su casa con platos exóticos, representando siempre los signos del zodiaco. ¿Cuáles mediciones utilizaban es aquellos tiempos? No suenan equivalentes a las actuales; más parecen exageraciones o licencias literarias. Caprichosos para comer, aunque menos glotones, fueron Nerón, Tiberio y Claudio, y San Luis de Francia.

En la obra de Rabelais, La horrorosa vida del gran Gargantúa, padre de Pantagruel, aparecen esos dos descomunales glotones; cinco novelas narran la vida de esos personajes. Su voraz apetito dio paso a la expresión “banquete pantagruélico”, una comilona que va más allá del simple gozo placentero. No eran ogros crueles sino gigantes glotones. Al nacer, dice Rabelais, Gargantúa grito: “a beber, a beber”. Por cierto, Epicuro era la cara opuesta; placer sensual con moderación.

Durante la Edad Media, banquetes y glotones estaban a la par. Carlos V, el hijo de Juana la Loca y Felipe el Hermoso, era insaciable en el poder y la mesa; su desaforado apetito y su prognatismo le trajeron distintas enfermedades, principalmente la gota; el retiro en Yuste no calmó su voracidad que aliviaba con peces y mariscos. No se le quedaban atrás el gigantón y caprichoso Enrique VIII de Inglaterra (a quien el corte de cuarto trasero de buey debe el nombre de Sir Loin of beef), ni tampoco Luis XIV, el Rey Sol: era proverbial su gusto por los huevos, escasos entonces, y el picante. Su cuñada, la princesa Palatina, describió lo que solía comer el monarca: cuatro platos de distintas sopas, un faisán entero, una perdiz, una pierna de cordero, jamón, ensalada, frutas y dulces. ¡Vaya capacidad!

Existió el exclusivo “club de los grandes estómagos” en París; cada sábado se reunían en el Restaurante Philipe los doce miembros a degustar sin parar cocina sofisticada de 6 pm a 12 pm, según escribió Alfred Delvau en su libro Les plaisirs de París. La Reina Victoria no se andaba con rodeos a la hora de comer; a la hora del five o´clock tea prefería una buena dosis de tuétano de buey sobre tostadas a las galletas dulces; su figura no era propiamente esbelta.

¿Y nosotros los mortales? Ocasionalmente disfrutamos de algún banquete y a veces nos excedemos; nuestra fisonomía habla de nuestros hábitos alimentarios. Todos conocemos a glotones eximios, y muchos de nosotros hemos caído en el pecado de la gula; la tapa de la glotonería son los desagradables concursos de comer en exceso. Además de poco saludables, desconsiderados hacia quienes padecen de carencias en un mundo que desperdicia demasiada comida, suficiente para saciar sobradamente a todos los hambrientos del mundo. 

*Médico Cirujano. Especializado en Anestesiología y Reanimación. Docente Universitario. Conferencista. Columnista

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