lisbeth barraza escorcia - lidereza social- conferencista

Por: Lisbeth Paola Barraza Escorcia*

Se ha dicho siempre que la prudencia es clave en el ejercicio del criterio. Saber cuándo ir y cuándo no ir. Aspectos que definen a los buenos líderes, quienes además de analizar con rigor, sean capaces de asumir riesgos con audacia. Ya que su tarea no es sólo tomar decisiones, sino enseñar a su equipo a elegir su destino en función de sus capacidades, aspiraciones y contexto. De igual manera, destacar la relevancia de la empatía y la afectividad en la conducción de equipos y organizaciones. Por ello, criterio, determinación y empatía son cualidades que facilitan ir más allá. Una cabeza que permita tomar decisiones acertadas, manos que ejecuten las acciones  y un corazón que involucre a los demás en la tarea, evitando que quienes lideran se queden solos en el proceso. En definitiva, dirige bien quien posee criterio, determinación y empatía.

El criterio es la cabeza, el hábito intelectual que permite comprender la realidad tal como es y vislumbrar cómo transformarla. No todos lo poseen en la misma medida, pues requiere cualidades como la serenidad y la reflexión. Quienes son impulsivos o coléricos suelen tomar decisiones guiados más por su estado de ánimo que por los hechos. La prudencia bien entendida no consiste en imitar a otros, ya que esta actitud sólo conduce a llegar tarde a las encrucijadas decisivas y a diluir la propia identidad. La determinación se puede entrenar. Quien no claudica, tarde o temprano alcanza sus metas, incluso cuando éstas son ambiciosas. Un buen líder no se justifica ni busca culpables externos; asume responsabilidades y se sobrepone al cansancio y a la decepción, infundiendo en su entorno esperanza en el porvenir.

Las frustraciones son parte del camino, pero los grandes líderes aprenden de ellas, perseveran y mantienen una actitud resiliente. Resisten la adversidad, inspiran a otros, fomentan en su equipo cualidades esenciales como la tenacidad, el coraje, la constancia y la paciencia. Las virtudes del líder no sólo ayudan a afrontar desafíos, también terminan arraigando en la cultura organizacional. El eje del liderazgo es la empatía, la capacidad de ponerse en la piel del otro y comprender sus emociones, percepciones y puntos de vista. No se trata sólo de una reacción afectiva, sino que es  un ejercicio racional que permite interpretar y responder adecuadamente a las necesidades de los demás. La empatía implica asumir de manera racional la situación emocional de los demás para realmente comprender al otro.

Simpatía, sencillez y optimismo, comprobado está, facilitan la conexión con los colaboradores. Una cultura de empatía dentro de una organización reduce conflictos, fomenta la colaboración interdisciplinaria y permite sumar fuerzas en la consecución de objetivos comunes. Ningún líder puede lograr un impacto relevante si trabaja de manera aislada, por tanto, el liderazgo exige actuar con empatía, considerando la colaboración de muchas otras personas y entidades con las que se comparten valores, ideas y metas.

El esfuerzo por llegar a acuerdos y la disposición para ceder o modificar los propios planteamientos tienen una recompensa valiosa: permiten sumar conocimientos, experiencias y perspectivas diversas, lo que facilita llegar más lejos. En un mundo en constante transformación, el liderazgo requiere cabeza para decidir con criterio, manos para ejecutar con determinación y corazón para conectar con los demás desde la empatía. Todos a una

.*Lideresa Social. Conferencista. Columnista

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