SAÚL ALFONSO HERRERA HENRÍQUEZ

Por: Saúl Alfonso Herrera Henríquez*

Sostenibilidad es cualidad de sostenible, especialmente las características del desarrollo que asegura las necesidades del presente sin comprometer las de las futuras generaciones. Se refiere, por definición, a la satisfacción de las necesidades actuales sin comprometer la capacidad de las generaciones por venir de satisfacer las suyas, garantizando el equilibrio entre crecimiento económico, cuidado del medio ambiente y bienestar social, de donde nace la idea del desarrollo sostenible, como aquel modo de progreso que mantiene ese delicado equilibrio hoy, sin poner en peligro los recursos del mañana, por lo que no hay que olvidarnos del futuro.

De aquí podemos extraer varios conceptos, como la definición de sostenibilidad ambiental, que pone el acento en preservar la biodiversidad sin tener que renunciar al progreso económico y social; la sostenibilidad económica, que se encarga de que las actividades que buscan que la sostenibilidad ambiental y social sean rentables; y, la sostenibilidad social, que busca la cohesión de la población y una estabilidad de la misma. En definitiva, la sostenibilidad y el desarrollo sostenible funcionan siguiendo el principio que no se pueden agotar los recursos disponibles de forma indiscriminada, que hay que proteger los medios naturales y que todas las personas deben tener acceso a las mismas oportunidades.

La sociedad está cada día más consciente respecto al desarrollo sostenible. Incluso los más reacios acaban reconociendo el protagonismo creciente de la sostenibilidad en sus diferentes formas, como son medioambiental, social y económica. A este fenómeno no es ajena la Asamblea General de las Naciones Unidas de la Agenda 2030 y sus 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible – ODS, superados ya los previos Objetivos de Desarrollo del Milenio – ODM. En consecuencia, todos los miembros de la Unión Europea se han comprometido formalmente a aplicarlos y así figura en los respectivos tratados. Por otro lado, la Comisión ratificó ese compromiso que viene a conciliar “la prosperidad económica y la eficiencia, las sociedades pacíficas, la inclusión social y la responsabilidad medioambiental”.

Pero los mecanismos empiezan a cojear, según informe del Tribunal de Cuentas Europeo, en la divulgación e información que sobre la sostenibilidad efectúan tanto las entidades gubernamentales como las empresas públicas y privadas. El sector público tendría que dar ejemplo, en aras de la tan cacareada transparencia, a la hora de informar acerca de las estrategias, herramientas y metodología con la que lleva a cabo la divulgación de información sobre la sostenibilidad. Esos informes deben ser conocidos y publicados. Evidentemente, se trataría de una información no financiera que sirviera para ilustrar a los ciudadanos acerca de la sensibilización de unos organismos supuestamente ejemplares en su ejecutoria. Distintas auditorías vienen a demostrar que ni siquiera la Unión Europea en su conjunto cumple con los requisitos que ella misma aprobó. Tampoco los gobiernos son especialmente proclives a divulgar sus informes sobre sostenibilidad, aun cuando de este modo podrían ver incrementadas su credibilidad y su transparencia.

El Tribunal de Cuentas Europeo reconoce que en el sector privado las cosas van mucho mejor. Bien es verdad que existe una Directiva que obliga a las grandes empresas a divulgar determinada información “no financiera” sobre sostenibilidad. En la actualidad hay más de siete mil empresas que cotizan en bolsa y cumplen con los requisitos; y, el cumplimiento de la divulgación de información sobre la sostenibilidad puede considerarse modelo y, asimismo, su cumplimiento con los ODS. De todos modos y para tener en exacta cuenta es que una cosa es predicar y otra muy distinta aplicar. 

*Abogado. Especializado en Gestión Pública. Derecho Administrativo y Contractual saulherrera.h@gmail.com 

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