SAÚL ALFONSO HERRERA HENRÍQUEZ

Por: Saúl Alfonso Herrera Henríquez*

Se ha dicho desde tiempo inmemorial que sólo los pueblos salvan a los pueblos, lo que indica que o nos salvamos todos o nos vamos todos al cipote, razón la cuál para acudir siempre a la solidaridad, esa adhesión o apoyo incondicional a causas o intereses ajenos, especialmente en situaciones comprometidas o difíciles. Se demuestra ella cuando nos conmovemos al ver personas maltratadas huyendo a otras latitudes a ver si pueden sobrevivir y volver a vivir en paz y con derechos. Igualmente, cuando se desata una ola de empatía, de compasión y de apoyo ante una catástrofe natural o antinatural como otra guerra más sin sentido. También cuando no aceptamos que se ahoguen en el mar quienes intentan escapar del hambre.

La solidaridad, y menos en estos tiempos de hambrunas, violencias, incertidumbres y angustias, no puede ser flor de un día. Aplica aquí el decir del dramaturgo alemán Bertold Brecht, cuando dice… “Hay hombres que son solidarios un día, y son buenos. Hay otros que son solidarios un año y son mejores. Hay quienes son solidarios muchos años y son muy buenos. Pero hay los que son solidarios toda la vida: esos son los imprescindibles.”, así como tal debe ser la solidaridad entre gentes y pueblos. Es la necesidad de compartir y la decisión política de hacerlo.

Es compartir pan, trabajo, luchas, causas, objetivos, propósitos, planes, proyectos, programas, metas, ilusiones, esperanzas. Se trata que compartamos y repartamos. Que sumemos y multipliquemos. Salvarnos juntos como una consigna y una convicción. No más actuar con el egoísmo de siempre para salvarnos unos y otros no. Repito, o nos salvamos todos juntos, o naufragamos. Si compartimos vamos vivir todos. Esa justa solidaridad de querer compartir la riqueza es y será bienvenida siempre. Es convencernos de la necesidad que haya gente dispuesta a lo cual, y con ello ganamos en equidad entre personas, barrios, zonas, localidades, municipios, departamentos, regiones, provincias, países, comunidad de naciones y humanidad entera, desde la pequeña parte de la humanidad que somos todos.

La solidaridad cotidiana nos permite descubrir la grandeza, su fuerza es ser también todos. Definitivamente, la solidaridad, la lucha y la utopía son milagros humanos, razón por que es necesario compartir para llegar a todos, para salvarnos todos y cumplir con la enseña que lo que importa no es llegar sólo ni pronto, sino llegar con todos y a tiempo. Pensar así y actuar así será sin duda principio de salvación de todos y para todos.


*Saúl Alfonso Herrera Henríquez. Abogado. Especializado en Gestión Pública. Derecho Administrativo y Contractual. saulherrera.h@gmail.com.

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