Por: José Manuel Herrera Brito

Refiere la historia en letras mayúsculas, gigantes y por demás luminosas, que las revoluciones social-marxistas han tenido su cuota de violencia como algo sustancial a su contexto ideológico (Comuna de París, la Revolución Bolchevique, Baviera, Munich y Berlín – 1918, Ho Chi Minh en Vietnam, Mao en China, el Jemer Rojo en Camboya, Fidel Castro, el Sandinismo); es decir, siempre han caminado en esa ruta por ser de su esencia, lo que traduciría que incuestionablemente deberíamos prepararnos para la violencia. En la actualidad no es tan así, se han permitido variaciones. Hoy, en dirección a evitar prevenciones, no hablan de ello, sino que actúan, de manera que la resulta de sus determinaciones que toman sobre la marcha desemboquen natural y apenas perceptiblemente, en el lodo que subsume y los científicos políticos denominan estatismo socializante.

Es este sin duda un proceso político silencioso sobre el que muchos tienen identificado el final, el hacia donde van y el hacia donde se dirigen. Es este un devenir qué al llegar a cierto punto, no tiene marcha atrás, lo que muestra que hay que estar prevenidos al máximo, a fin que no nos pase la vivida experiencia de vecinos países sumidos hoy en la anarquía, a lo que quieren llevarnos algunos, quienes sin decirlo o abiertamente, empujan hacia esas profundidades abisales donde quieren lanzarnos.

A tales sujetos no les preocupa en lo más mínimo la suerte del país, ello lo tiene sin cuidado, parecieran actuar con la frialdad propia de los sicópatas. No les interesa la autocrítica, sino como conducir hasta consolidar, sus subversivos propósitos. Para ellos es terror es la mejor herramienta para tener paralizada a la sociedad y pasar a depender del Estado, objetivo central de toda facción de izquierda. Su meta es avanzar de hecho sobre la propiedad privada y pública, tratando de condicionar a los gobiernos a aceptar los hechos consumados.

Cuanto más condescendientes estemos o seamos, más espacio tendrán para seguir avanzando raudamente en sus protervos propósitos, tales como progresar en la quiebra de la actividad privada, sobre lo que los financistas, analistas, economistas y políticos sostienen que sería un grave desatino, ya que lo cual fundiría irremediablemente al Estado, ya que de llegarse a ese punto (como igual pasó en vecino país), quedan a la orden del día las expropiaciones

En el estatismo, el Estado ocupa el cargo de su función absoluta, crea un modelo de «Dios en la tierra», es la nacionalización de todas las formas de vida humana, no hay ninguna esfera de actividad en la que el gobierno no participe. Es el control de pequeñas y medianas empresas, todas las estructuras, el sector de la alimentación, las ramas de la vida social. Hay una completa centralización de gestión. Incluye la imposición de ideales y valores, la destrucción de la sociedad civil crea un alto grado de estado policial burocrático en forma de estatismo total. La población, simplemente se convierte en una gran masa inerte, que puede ser fácilmente controlada. A eso estaremos abocados sino actuamos con la sindéresis que la situación, momento y circunstancias requieren. En nuestras manos está, ser o más no ser nosotros mismos. saramara7@gmail.com

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