Por: José Manuel Herrera Villa*

Poder traduce tener la capacidad o facultad de hacer determinada cosa. Estar una persona en condiciones de hacer determinada cosa por no haber nada que lo impida. El pensamiento administrativo se ha alimentado sólo de la práctica del ejercicio de administrar en las organizaciones, cuya base se fundamenta en el hecho de una visión objetiva de la realidad que procura dar cuenta del comportamiento de sus diferentes colaboradores, de ahí la importancia de ir en este campo más allá de la mera observación de una realidad organizacional desde el punto de vista de las prácticas e invitar a involucrarse en el tema del poder como un referente para encontrar explicación a la conducta de los colaboradores en las empresas, a fin de comparar lo que desde la administración se ha conocido como el ejercicio del poder en las organizaciones, lo que amerita una revisión teórica de los planteamientos realizados, para a partir de él sugerir temas de diálogo entre lo que se entiende por poder y cómo la administración ha interpretado dicho concepto desde la óptica de su ejercicio en las organizaciones.

Mucho se ha escrito sobre el poder desde tiempo inmemorial y todo cuanto es, define, importa y comporta en todas las esferas de la vida pública y privada. Marlowe, en la segunda mitad del siglo XVI, construyó el conjunto de su obra dramática en torno a tres de los poderes que siempre han obsesionado al hombre: el del conocimiento (Fausto), el del dinero (El judío de Malta), y el político (El Gran Tamerlán); y en Shakespeare, el poder ha sido estudiado y analizado hasta la saciedad. 

Múltiples son las facetas del poder, muchas veces enmascaradas como para no ser conscientes de hasta qué punto estamos encadenados por los velos que esconden los verdaderos poderes en la sociedad. Hay poderes que no cuentan, porque no agitan las calles, no queman contenedores, no quitan ni ponen gobiernos y el abuso de poder, generador de corruptelas, se esgrime para justificar otros alcances. Colectivos bastantes como el de inmigrantes, mujeres y otras minorías marginadas padecen con rigor el peso del poder; así como el que una cultura ejerce sobre otra, no siempre de manera violenta, sino sutilmente, más no por ello menos devastador. Su escenario es el mundo global, está en todas partes, en unas muy evidente, caso de las dictaduras, y en otras más o menos camuflado. Por eso algunos han denominado asimetría globalizada la que, para una sociedad que se dice solidaria, ejercen algunos gobiernos e instituciones públicas.

En lo económico, tiene su simbología; así como en lo militar, religioso; y, el político que lo entendemos en democracia como la conjunción de los tres poderes básicos: el legislativo, el ejecutivo y el judicial; amén del poder mediático que lo experimentamos a diario, especialmente en las franjas de mayor audiencia en los medios de difusión.

El poder político nos refiere que en toda relación de poder importa tener consecuencias y gravitar en la conducta de otros que deben mostrar obediencia ante el mandato, so pena de ser obligados a obedecer. Se ejerce desde el gobierno de un Estado, para mantener el orden, la seguridad, y en general, el bien común. Es creación humana, que aparece con la formación de los Estados, en principio vinculado al poder religioso, como en muchos Estados de Medio Oriente. Siempre se necesitó, justificar por qué algunos hombres tenían esa facultad de mandar sobre otros, y las razones se apoyaron primero en divinizar la figura del detentador del poder, luego en convertirlo mandatario de Dios, y finalmente hacerlo nacer de un contrato por el cual la ciudadanía lo otorga, de modo voluntario, para asegurar su seguridad y otras necesidades.

Puede ser asumido por el gobierno a través de la fuerza, como ocurre en las dictaduras, o surgir de un acuerdo por el cual el pueblo les delega a los funcionarios el poder, en elecciones libres, como ocurre en las democracias modernas. Es el único que se encarga de usar la fuerza pública para reestablecer el orden perturbado y combatir la inseguridad dentro de los límites legales, ya que, para herir, matar o privar de la libertad a una persona deben existir motivos fundados. Cuando sobrepasa los mandatos constitucionales o legales, se incurre en un abuso del mismo; y según algunos pensadores, como John Locke. da el derecho al pueblo de resistirse a la opresión. Sin embargo, en los estados totalitarios el abuso de poder es una de sus características. Es legal si asumió de acuerdo a lo prescripto por las leyes, y legítimo si cuenta con el apoyo popular y su confianza. La relación poder/autoridad es que según Jacques Maritain, para la autoridad el poder es absolutamente necesario, pues con el poder la autoridad logra, a través de la fuerza, la obediencia que necesita para imponerse. Profesional en Administración y Finanzas. Especializado en Auditoria Integral. Formulación y Evaluación de Proyectos.

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