Por: Rubén Darío Ceballos Mendoza*
Viendo y escuchando a muchas personas perorando en la redes sociales insistiendo en recurrir a la violencia, en entorpecer la buena marcha gubernamental, en desconocer una nítida victoria que todos reconocen nacional e internacionalmente, lleva a reflexionar respecto que definitivamente no puede uno ni nadie con siquiera dos dedos de frente comulgar con la estolidez rampante que los caracteriza, cuando lo que real y verdaderamente importa para todos lo efectos es que prevalezcan los argumentos bien fundamentados, los argumentos inteligentes pero nunca la violencia y menos así porque sí.
Bien se entiende que no podemos ser solo espectadores de sucesos o figuras de adorno, sino tratar de ser en lo posible y en beneficio patrio, actores centrales transformadores de la realidad social, piezas clave en la toma de decisiones que definen el rumbo comunitario, adentrarnos en procesos que lleven a reales como edificantes constructos, recapacitar sobre la madurez de nuestra democracia y, de manera muy especial, sobre el papel fundamental que debemos desempeñar en ella como ciudadanos que somos, para así avanzar sobre seguros, respeto y ejemplar altura de miras.
Entender la necesidad de participar políticamente, de ayudar a evolucionar en las más de las áreas y niveles, conquistar para bien de todos mayores espacios hasta consolidar los principio constitucional definidos en beneficio colectivo. Necesita el país que todos contribuyamos a marcar un antes y un después, adoptar válidas posturas, velar por que se doten a las instituciones de herramientas reales para sancionar a quienes pretendan frenar los buenos y mejores liderazgos mediante la difamación, el acoso o la exclusión. No requerimos leyes que sean solo líneas sobre papel, sino escudos para la dignidad colectiva y el reconocimiento explícito que políticamente necesitamos de formas indispensables para una superior visión, sensibilidad y capacidad de avance.
Tenemos que proponernos la inaplazable tarea de ayudar a enriquecer desde el balcón de lo argumentativo el debate público, permitiendo que agendas invisibilizadas ocupen el centro de las agendas legislativas y de gobierno. Se impone avanzar legal y culturalmente, que trazadas sean en caminos idóneos rutas claras hacia la civilidad y el respeto irrestricto, lograr cada día y cada vez, más cabida para todos, que se coordinen campañas de beneficio comunitario, que las opiniones apunten con certeza plena a que se respeten integralmente las voces colectivas siempre y cuando las mismas eleven la calidad de nuestra vida pública, con lo que seguro estoy construiremos superiores ámbitos democráticos.
Concluyentemente hay que elevar el nivel del debate público, lo cual significa consolidarnos sobre la base de confrontaciones constructivas de ideas, pensamiento crítico y proyectos viables, ya que cuando centramos la política en las propuestas y dejamos de lado las descalificaciones personales, fortalecemos el tejido social en la certeza que ganar el espacio público debe ser siempre el reflejo de la confianza ciudadana y del talento para proponer soluciones a diferentes temas que aquejan a nuestra sociedad.
Hagamos de esta nueva etapa una oportunidad extraordinaria para consolidar una democracia ejemplar, en lo que ayudará que partidos políticos, candidatos, medios de comunicación y ciudadanía en general sumemos esfuerzos y demostremos que en el país bien y mejor podemos ejercer la política con dignidad, propuestas sólidas y absoluta equidad, pensando siempre en que el futuro de nuestra nación tenemos sí o sí que construirlo multiplicando el talento de todos, abrirnos en jornada permanentes donde empatía, legalidad y la fuerza de los argumentos sean en positivo verdaderos motores de cambios y transformaciones.
*Jurista. Especializado en Derecho Laboral. Derecho Penal. Docente Universitario. Conferencista. Panelista. Columnista. rubenceballos56@gmail.com

