Melanio ZUÑIGA HERNANDEZ

Por: Melanio Zúñiga Hernández

Los salarios son un componente fundamental de las condiciones de trabajo y empleo en las empresas. Dado que se trata de un costo para los empleadores y de la principal fuente de ingresos de los trabajadores, los salarios pueden ser objeto de conflictos y se han convertido en uno de los principales temas de las negociaciones colectivas en todo el mundo. Al mismo tiempo, los salarios pueden causar situaciones de discriminación y privación si no se les garantiza a los trabajadores un nivel mínimo que sea digno.

Desde el punto de vista de la economía, los salarios son parte importante de los costos laborales y son una variable esencial para la competitividad de las empresas que requiere ser analizada, también en su relación con otros factores como el empleo, la productividad y la inversión. Por estos motivos los Estados, junto con representantes de empleadores y trabajadores, han reconsiderado sus políticas salariales y han realizado importantes reformas o han evaluado nuevas estrategias, para lo cual se ha pedido apoyo a la OIT.

Referimos a estos aspectos con ocasión de la discusión tripartita del posible incremento del salario mínimo para el año 2023, a partir de la cual surgen opiniones diversas, orientadas en su mayoría a tratar de persuadir a la contraparte y al gobierno nacional de que el mismo no sea superior a la inflación y un punto o punto y medio de productividad.

Para algunos empresarios y economistas afines a los grupos económicos, Colombia es un país donde el salario mínimo es alto respecto a los países vecinos, lo que debería ser tenido en cuenta para acotar o poner un piso al mínimo, de tal forma que se permita cuantificar sus efectos y el impacto sobre el empleo, la distribución del ingreso, su rigideces en el mercado laboral con efectos sobre la pobreza en los extractos bajos, y su grave impacto tanto en el sector formal como en el informal, incrementando las distorsiones en la economía.

Si bien se entienden en cierta medida los argumentos de estos expertos, tampoco se puede desconocer que la crisis económica actual suele estar provocada por la inflación y la desaceleración del crecimiento que viene generando una severa caída de los salarios mensuales reales, no solo en Colombia sino también en numerosos países del mundo, según informes de la Organización Internacional del Trabajo (OIT); comportamiento que se concibe originado en un conjunto de factores externos derivados, en buena parte por la guerra en Ucrania y el aumento de los costos energéticos, que están reduciendo el poder adquisitivo, especialmente de las clases bajas y medias, y terminan afectando especialmente a los hogares más pobres y con bajos ingresos.

De acuerdo con el Informe Mundial sobre Salarios 2022 – 2023: “El impacto de la inflación y la COVID – 19” en los salarios y el poder adquisitivo, publicado por la OIT el 30 de noviembre de 2022, durante la primera mitad del año los salarios mensuales disminuyeron en términos reales un 0,9% a nivel mundial, siendo la primera vez en este siglo que el crecimiento del salario real global ha sido negativo.

Igualmente en las economías avanzadas de El G -20, formado por los países del G-8 (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Italia, Japón y Rusia) más la Unión Europea, Arabia Saudí, Argentina, Australia, Brasil, China, Corea del Sur, India, Indonesia, México, Sudáfrica y Turquía, los salarios reales disminuyeron un 2,2% durante el primer semestre de este año; mientras en las economías emergentes o BRICS (China, India, Rusia, Brasil y Sudáfrica), que corresponden a aquellos mercados que ya no son países en vías de desarrollo, pero que a su vez no han alcanzado el estatus de país desarrollados, el crecimiento salarial se desaceleró, pero mantuvo un valor positivo del 0,8%. En contrate, en los países de América Latina y el Caribe el crecimiento del salario real descendió a menos 1,4% en 2021 y menos 1,7% durante el primer semestre de 2022.

El descenso de los salarios según la OIT ha colocado a decenas de millones de trabajadores en el mundo en una situación desesperada, ya que se enfrentan a una incertidumbre cada vez mayor, permitiendo que la desigualdad de ingresos y la pobreza no solo aumenten si no que mantenga la pérdida del poder adquisitivo de los peor pagados, lo que conlleva a que se deba prestar atención especial por parte de los gobiernos a los trabajadores que se encuentran en la parte media e inferior de la escala de salarios.

Luchar contra el deterioro de los salarios reales puede contribuir a mantener el crecimiento económico, lo que, a su vez, ayuda a recuperar los niveles de empleo registrados antes de la pandemia, y ser además una manera eficaz de disminuir la probabilidad o la intensidad de las recesiones en todos los países y regiones.

Sin embargo, para los gurúes económicos de Colombia, el salario mínimo siempre es un factor inflacionario, y hablar de un incremento del 1% por encima de la inflación, es decir, un 13.5% (inflación esperada del 12.5%) tendría un efecto inversamente proporcional sobre el empleo, es decir, le reduciría en 1%, según un reciente estudio realizado por un equipo de investigadores del Banco de la República, que miden los efectos del alza del salario mínimo en la macroeconomía colombiana.

De acuerdo con los datos del estudio, la afectación en el empleo se daría en mayor proporción en la creación, ya que del 1% que resultaría afectado, 60 puntos básicos corresponden a la reducción en la creación y los 40 puntos restantes serían por una mayor destrucción o pérdida de empleo. Además, el informe estima que se pierden cerca de 46.000 empleos formales al año, con el agravante que los efectos más fuertes del alza del salario mínimo se dan en las microempresas de 20 empleados o menos, así como en los más nuevos emprendimientos.

En cifras concretas, para los expertos economistas y el banco de la república, un aumento real de 1% del salario mínimo, destruiría en total unos 72.200 empleos y aumentaría la tasa de desempleo en 0,3 puntos porcentuales, y la informalidad en 0,1 p.p. Según la proyección con datos de 2022, este incremento del salario mínimo llevaría la tasa de desempleo a 12,5% (9.7% a noviembre 30 de 2022), y de la informalidad a 42,6%, y reduciría el PIB (Producto Interno Bruto) en $1.92 billones.

Así mismo se afectaría el déficit presupuestario o déficit público de 2022 (cuando los gastos realizados por el Estado superan a los ingresos no financieros, en un determinado periodo, normalmente un año), incrementándose hipotéticamente el PIB del 7.0% al 7,1%, afectando los ingresos del Estado, producto del efecto combinado de la reducción de las contribuciones a la seguridad social, aumento de las prestaciones en el sector pensional, disminución de impuestos directos e indirectos y el aumento del gasto público por concepto de nómina.

Hoy es generalizada la idea en el sector empresarial colombiano, los grupos económicos y el Banco Central, según el cual el incremento del salario mínimo en el 12,5 durante el año 2023, con un aumento real del 3.25%, puede disparar la inflación, el costo del crédito, que de por si ya ha subido significativamente incentivado por el banco de la república, asi como la negativa influencia que ha tenido la devaluación del peso frente al dólar, encareciendo los productos alimenticios importados; termine destruyendo unos 229.800 empleos formales, en tanto la tasa de desempleo subiría 0,9% ubicándose en el 13,1% y la informalidad se incrementaría en 0,3% hasta ubicarse en una tasa de 42,8%.

Para las familias que no entiende de macroeconomía ortodoxa diferente a que su salario no es suficiente, y que finalmente son los que más sufren las consecuencias de factores como los antes descritos, un aumento porcentual significativo del salario mínimo se considera como compensatorio de la pérdida del poder adquisitivo de su salario durante el presente año; sin embargo, es claro que un desproporcionado incremento podría contribuir parcialmente a aumentar la inflación como se ha visto este año, sino también poner en peligro la tan necesaria recuperación económica tras la pandemia, generando un mayor malestar social y socavar el objetivo de lograr la pretendida prosperidad y paz total para todos.

Lo anterior exige del gobierno nacional la urgencia de adoptar políticas públicas bien diseñadas, y tratar de que su aplicación este orientada a sostener el poder adquisitivo y los niveles de vida de los trabajadores asalariados y de sus familias; para evitar que los ajustes nominales introducidos con el aumento del salario mínimo pierdan poder adquisitivo con la aceleración de la inflación, que rápidamente termina erosionando el valor real de los salarios en el país.

Otras medidas que pueden atenuar el impacto de la crisis del costo de la vida en los hogares, incluyen aquellas dirigidas a grupos específicos como la entrega de bonos a las familias más vulnerables y de bajos ingresos, claramente identificados para ayudarles a adquirir los bienes esenciales o la oportuna devolución del impuesto sobre el valor agregado (IVA) de estos bienes, para aliviar la carga de la inflación que pesa sobre sus hogares, y a la vez, contribuir a su baja a niveles que no les afecten drásticamente.

Debemos destacar como dato final e ilustrativo, que según datos mundiales, regionales y nacionales de organismos económicos como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y otros, durante el primer semestre de 2022, la inflación se incrementó proporcionalmente con más rapidez en los países de altos ingresos que en los países de ingresos bajos y medios, dando lugar a tendencias  en materia de salario real, como las observadas en América del Norte (Canadá y Estados Unidos), en done el crecimiento medio del salario real llegó a cero en 2021 y bajó a menos 3,2% en lo corrido del 2022; mientras en América Latina y el Caribe, descendió a menos 1,4% en 2021 y menos 1,7%.

En la Unión Europea, donde los programas de preservación del empleo y las subvenciones salariales protegieron en gran medida el empleo durante la pandemia, el crecimiento del salario real aumentó de 1,3% en 2021 y descendió a menos 2,4%. Igualmente, se destaca que en la Europa Oriental el crecimiento se ralentizó situándose en 4,0% en 2020, en 3,3% en 2021, y menos del 3,3% hasta mediados del 2022; mientras que en Asia y el Pacífico aumentó hasta 3,5% en 2021 y se ralentizó hasta situarse en 1,3% a mediados de 2022. Si se excluye China de estos cálculos, considerando el importante peso de este país en la región, el crecimiento del salario real fue muy inferior al 0,3% en 2021 y 0,7% en el primer semestre de 2022.

Por su parte en Asia Central y Occidental el crecimiento del salario real registró un fuerte crecimiento de 12,4% en 2021, pero desaceleró hasta llegar a 2,5% en el primer semestre de 2022, mientras que en África los datos sugieren una caída de menos 1,4% en 2021 y un descenso hasta menos del 0,5% en 2022, y en los Estados Árabes, las tendencias provisionales estiman un bajo crecimiento del 0,5% en 2021 y del 1,2% en 2022.

La perspectiva de la economía global señala que esta se frenará más de lo esperando en 2023, un año en el que buena parte del mundo se asomará a la recesión o acabará cayendo en ella, según el Fondo Monetario Internacional (FMI), que ha rebajado en dos décimas, hasta el 2,0 %, su previsión de crecimiento para el próximo año. Todo ello en un momento marcado por una elevadísima inflación a nivel mundial que puede traer problemas mayores si no se frena a tiempo. De ahí que el Fondo anime a los bancos centrales a que sigan endureciendo su política monetaria, es decir, aumentando las tasas de interese, aunque eso lleve a una inevitable ralentización económica. (“El mundo se frenará más en 2023 y muchos países se asomarán a la recesión”)  

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Por editor

Un comentario en «SALARIO MÍNIMO Y SU IMPACTO INFLACIONARIO»
  1. Además de la información suprema ente Importante conocer estos aspectos que nos muestra este artículo.
    Excelente pluma

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