Por: José Manuel Herrera Villa*

Definitivamente y más hoy que nunca, tiempos en los que muy pocos van de frente y quieren que sus intenciones no se conozcan del todo, es importante leer bien y con mucho cuidado, a fin de llegar realmente a lo que se quiere o quieren decir, toda vez que la clave está también en lo que no se dice. Se asoman las campañas al Congreso de la República, y ya se escuchan dimes y diretes de alto calibre, acusaciones van y vienen, señalamientos, burlas y demás otras injurias y calumnias, que apenas dejan espacios para pensar y reflexionar.

Leer entre líneas es como escuchar en voz alta los pensamientos de una persona. Los humanos muchas veces no somos capaces o no queremos expresar siempre de manera directa lo que realmente queremos o pensamos. Tanto la información escrita como la oral pueden ser comprendidas e interpretadas desde distintos puntos de vista. Así podríamos analizar cada una de las palabras que se utilizan, su estructura gramatical, el contexto del mensaje o las ideas principales. Sin embargo, en muchas ocasiones aquello que se dice o se escribe oculta información y, en consecuencia, el que recibe el mensaje tiene que interpretar lo que no se dice o se cuenta. Cuando esto último ocurre estamos leyendo entre líneas, como sucede la mayoría de las veces en los discursos de los dirigentes políticos, que los mensajes se comunican con ideas simplificadas o con eufemismos para que los ciudadanos tengan una visión determinada de la realidad, o van dirigidos a unos para que los entiendas otros.

Hace falta sin duda en este país que más personas, especialmente quienes aspiran, lo mismo que los intelectuales, en aras de hacer más importante los debates políticos, se muestren como son y muestren sin ambages lo que debe y tenga que ser, se apresten a hacer su aporte en la medida que fuere, a señalar al menos las propuestas que mejor les hayan parecido, desde una óptica y postura razonada, valiente y por demás decidida.

Decir las cosas sobre los asuntos de mayor importancia, claramente, sin argucias, sin miedo ni temores, si están o no de acuerdo con que sí y con que no. Que no todo quede a la deducción de los lectores, puede ser peligroso y lo más probable es que se corra el riesgo que todo se tergiverse.  Normalmente lo que no dicen estos señores siempre tiene inmensas importancias de de fondo, de estrategia y hasta de forma, lo mque hace que se imponga un sesudo y contundente análisis político, pero desde luego con un muy grande compromiso ético. De no ser así, mejor es que no se pronuncien, so pena de sesgarlo todo.

Debemos tener en cuenta que hay orillas ideológicas que asumen los asuntos según su conveniencia, arman sus discursos, algunas veces dentro de la Constitución, la ley y respetando las reglas, pero otras veces no, especialmente cuando no les entusiasman los otros, aunque el actuar de aquellos sea legítimo, lo cual desde lo estratégico tiene mucha importancia, independientemente de generar confianza o ilusión. Profesional en Administración y Finanzas. Especializado en Auditoría Integral.

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