Por: Rafael Robles Solano*

Actualmente nos hallamos frente a grandes dilemas de cara al concepto de responsabilidad social, tanto en lo personal y como lo que atañe a nuestras comunidades.  El país se debate entre muchas controversias que van desde las económicas, pasando por las políticas, la salud, para enfrentar la pandemia del covid-19, la inseguridad en las ciudades, la violencia en los campos y contra los derechos humanos, el devastador azote de la corrupción que copó todos los escenarios y cuyas noticias pese a lo sorpresivo de sus actores, ya casi ni nos asombran, porque ante tanta injusticia generalizada, en la práctica venimos optando por recurrir a la conocida figura del avestruz, que ante la inminencia de peligro, refugia su cabeza en cualquier hueco.

Hasta opinar en los medios de comunicación, se ha tornado riesgoso, porque las corrientes extremistas se están erigiendo arbitrariamente como censores, guardianes de la verdad revelada de sus propios y mezquinos intereses, pues no aceptan y menos admiten, cuestionamientos en contra de cualquiera de los personajes afectos a sus simpatías e ideologías, porque de inmediato se convierten en un objetivo militar, amenazas éstas que atentan sin discusión alguna contra los derechos humanos.

Es así como se puede mirar hacia cualquier escenario nacional, regional o local, encontrando en cada uno de ellos, tanto en lo público como en el privado, noticias, hechos, conductas, actuaciones, obras, que son motivo de reclamaciones y severos cuestionamientos, que fundadas o no, son causa para fuertes críticas y señalamientos en contra de sus funciones y gestiones, esto sucede en lo gubernamental, institucional, político, económico, académico, religioso, deportivo, etc. Nada escapa a dichos acontecimientos.  Sin embargo, en la actualidad muchos prefieren optar por la indiferencia, hastiados por la magnitud generalizada de la corrupción o refugiados en medio de sus propios temores, lo cual es respetable, en vez de pronunciarse, de alzar sus voces y denunciar tanta inequidad, arbitrariedad e injusticias.

Ante tanta información circulante por todos los medios y redes sociales, uno o el suscrito, se siente como un espectador de los acontecimientos que desfilan a diario como noticias, mensajes, otros como ahora llaman: fake news, con contenidos dedicados en su mayoría a desinformar. Sin embargo, nosotros tenemos el deber de discernir y seleccionar de entre tanta basura informativa, aquella que sea información veraz, valedera, constructiva y que nos permita tomar conciencia frente a la cruda realidad en que nos hallamos.

Lo planteado hasta acá, no significa que nos abstengamos de exponer libremente nuestras ideas y pensamientos, porque de hacerlo, seriamos cómplices silenciosos de quienes pretenden imponer sus posturas ideológicas, políticas, religiosas y antidemocráticas o de dominación absolutista, para convertirnos en ciudadanos sumisos, donde no es posible el disenso, la contradicción, el debate, la confrontación de ideas, pensamientos y creencias.        

Entonces, todos tenemos el deber y hasta la obligación social, de permanecer alertas y conscientes en no permitir el vasallaje que pretenden imponer sutilmente unos y a la fuerza otros, para que nuestros pensamientos, principios y valores éticos, subsistan y permanezcan vigentes en nuestros entornos personales, familiares, en la crianza y educación de nuestros hijos, en la formación de nuestros alumnos y discípulos, en el compartir nuestras ideas con las amistades y personas que nos rodean, sin ser vistos o sujetos de reproches turbios y deshonestos de quienes ahora detentan y disfrutan de las mieles del poder y que por ello, permanecen temiendo a los que no comparten como ya expuse, sus posturas de dominación, porque asumen que con ellas, las ideas y pensamientos, peligran sus privilegios.

*Secretario Ejecutivo LIDERESOCIAL .

E.Mail.: lideresocial@hotmail.com

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