Por: Rubén Darío Ceballos Mendoza*
La educación ambiental tiene que seguir siendo un proceso educativo para alertar y despertar la conciencia global sobre el impacto de las actividades humanas en el medio ambiente, dado que todo lo que aprendemos a este tenor transforma nuestra manera de ver el mundo y la forma en que nos relacionamos con nuestro entorno, razón por la que no debe limitarse solo a las aulas, sino utilizarse como instrumento y herramienta trasladados a un modo de vida que llame a construir una sociedad más consciente y responsable, capaz de comprender que cada acción realizada en esta dirección tiene un impacto significativo en la naturaleza; más, por cuanto Si algo no ha cambiado aún hoy, es la necesidad latente que sea implementada, toda vez que las generaciones presentes y por venir enfrentan inmensos desafíos ambientales.
Definitivamente, y ello lo padecemos a diario, la complejidad de esta problemática va en ascenso, es exponencial, lo que obliga que de la misma manera también lo sean las estrategias que deben implementarse para combatirla; por lo que importa fomentar significativamente, entre muchos otros asuntos, la educación ambiental a través de planes y programas ecológicos, capacitación constante a los docentes, lo mismo que dotar de herramientas suficientes y necesarias ese fomento en ruta a consolidar una plena conciencia ecológica desde la niñez.
Es algo que debe recibir el respaldo de todos los estamentos sociales, políticos y culturales públicos y privados desde ya y hasta siempre, puesto que no se trata de una medida aislada y mucho menos de un tema menor, debido a que educar en el respeto ambiental es educar en el respeto a al sagrado derecho a la vida; además por cuanto la educación ambiental transmite conocimientos, cultiva y afianza una nueva manera de ver el mundo más allá de la sensibilización, lo que impone incentivar creatividad, innovación, pensamiento crítico, así como la búsqueda y procura de soluciones en real beneficio del desarrollo sostenible.
Ser además una filosofía de vida que guíe nuestras decisiones y hábitos cotidianos; de ahí la fundamental importancia de enseñar valores ambientales desde la niñez, para que las nuevas generaciones crezcan con un compromiso planetario genuino. Es adentrarse de lleno a contribuir con el cuidado del planeta; entender que desde los primeros años aprender a cuidar y respetar el entorno desarrolla empatía, sentidos de pertenencia, responsabilidad y compromiso; comprender que cada acción, por ínfima que parezca en detrimento del ambiente tiene consecuencias, funestas las más de las veces; lo que impone tener un elevado sentido de conciencia, sólida base de una sociedad más responsable con su entorno de vida.
Foco este que debe ser extendido hacia el respeto a los seres sintientes, a evitar la violencia contra los animales desde la niñez, dado que no hacerse desde edad temprana derivará sin remedio en conductas y acciones agresivas y por ende peligrosas en la vida mayor; razón por lo que concierne adicionar estos aspectos en la educación con lo que además de fomentar el cuidado del medio ambiente, es apostar decidida y decisivamente a la por la paz social; lo que determina que para lograr los necesarios como positivos cambios y transformaciones que requerimos, tenemos que todos involucramos desde ya, para que no nos alcance la noche.
* rubenceballos56@gmail.com Columnista. Jurista
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