SAÚL ALFONSO HERRERA HENRÍQUEZ

Por: Saúl Alfonso Herrera Henríquez*

Nuestros políticos, en lugar de definir para todos escenarios de convergencia hacia edificantes propósitos y objetivos, se trenzan en reyertas de la más baja estofa, impulsan intereses que desdibujan la democracia y obstaculizan todo progreso, bienestar y prosperidad, lo que genera en la población desgano, cansancio, inquietud, desconfianza, incertidumbre, hastío, aborrecimiento; y cuando ello así opera, definitivamente ratifica aquello que cuando las cosas vienen mal, vienen todas juntas.

Se suma al fastidio de tener que ver con tanta dificultad, estorbos y absurdos inconvenientes entre nosotros como comunidad y lo realizable, lo factible y el fracaso como resultado ante ninguna verdad, el inconformismo generalizado que crece como una espiral de silogismo irrebatible, que refleja un mal gobierno.

La crisis está dada. Está entre nosotros. No nos reponemos de los fracasos sucesivos y no se ve como han de superarse. Todo el manejo administrativo público está lleno de momentos que te dan contra el piso ante la evidencia de las irrealizaciones y los malos manejos que se le vienen dando “alegremente” a los sagrados recursos públicos. La forma como venimos siendo administrados refleja una triste realidad. Nada se vitaliza ni revitaliza, se construye ni se reconstruye.  Predomina lo oscuro, lo opaco y de vacaciones se encuentran la buena administración, gestión y gerencia, que nos lleva a todos, aún más de lo habitual al dolor de ver que cada día y cada vez más nos hundimos sin pausa en la ignominia.

Pareciera que no estuviésemos en el tiempo adecuado, nada funciona, desbocada está la corrupción. Los índices de progreso, crecimiento y desarrollo, al igual que los niveles de educación a la baja, en oposición a la inseguridad y la violencia que crece como la espuma, panorama desalentador que es campo abonado para mantener aletargada a la sociedad sin pan ni circo. Lejos estamos de renovar dignas esperanzas que respuestas puedan dar para atender como se debieran las demandas, las ganas e innumerables necesidades de las gentes. No hay ideas desde las administraciones encaminadas a buscar las salidas mejores.

No se atiende a lo que hay que hacer, con lo que muchos desgraciadamente están conformes, lo que deja espacio (de no hacerse lo que se debiera), para que se sigan adueñando del poder con soluciones de medio pelo y de poca monta  marcadas de incivilidad y discriminación. Necesitamos reaccionar. No contentarnos con minucias y nunca menospreciar la importancia del ánimo y las esperanzas, que dejan de ser comunes para convertirse en individuales. Tampoco podemos aferrarnos a golpes de suerte que nos salven de las penas que acusamos.

Cuándo será que tengamos en verdad dirigentes capaces de diseñar las estrategias mejores para el esbozo de un mejor porvenir futuro mejor, incondicional, sustantivo, concreto, esperanzador, que trascienda, que demos una idea de sociedad pujante, una idea de grupo, a efecto de no encallarnos; de lo contrario, nos enquistaremos en nuestra mala y brumosa realidad. 


 *Abogado. Especializado en Gestión Pública. Derecho Administrativo y Contractual. saulherrera.h@gmail.com

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