Alfredo Leon Leyva -Ingeniero. Escritor. Columnista

Por: Alfredo León Leyva*

Cabría preguntarnos los que pertenecemos a la generación de los nacidos en la década de los cincuenta, sesenta, y hasta de los setenta de mil novecientos; y quienes hoy somos los padres y abuelos de ellos.

¿Acaso es un problema exclusivo de Colombia, o es general en centro y sur América? 

El modelo educativo en Colombia sufrió un cambio brusco dado en 1972, cuando se adoptó el modelo de educación impuesto a la Alemania vencida, después de la segunda guerra mundial. El propósito entonces era hacer una nación nueva que abandonara el ferviente amor manifiesto por los símbolos patrios que entonces motivaron el crecimiento y fortalecieron a los nazis. No, a la instrucción cívica obligatoria sino opcional; no, a la moral obligatoria, sino de libre elegibilidad;  reforma de la instrucción de la urbanidad, que pasó de obligatoriedad a electiva; igual con el comportamiento y aseo. 

Se estableció un nuevo orden en la formación de la instrucción básica y media; pero se abrió a nuevos conceptos políticos que sobreponen la instrucción y el conocimiento para reemplazarlo por la ideología política, que transformó a la mente de la juventud alemana. Y como allí con tales reformas educativas, el joven dejo de ser culto para convertirse en un joven sin pensamiento crítico y con libertades limitadas.

Aquello de escuela de tiempo completo, y escuela de calidad, quedaron en el espejismo; tales reformas en la práctica se convirtieron  en el aburguesamiento irresponsable de los maestros que se honraron con el título de DOCENTES, para producir un alumno sumiso que no pensara, sino que como bestia obedeciera sin cuestionamiento alguno un solo orden: el camino de los estúpidos. Y en serie produjimos esa horda de la que francamente ya no se espera nada, al menos para nuestras generaciones; y que nos causan dolor, ver el comportamiento de cuál naufrago perdido en la mitad del voluptuoso océano en que se ha convertida la vida moderna.

Y escuchamos un cantante balbucear repetido e incansable, un mismo sonido gutural por espacio prolongado de minutos como si fuese el efecto consecuente de un golpe accidental dado en la cabeza del crio con la pileta del bautismo, cuando fue que se resbalo de entre las manos del sacerdote en pleno rito; y lo que más sorprende, es que tales bemoles musicales se hacen en el pentagrama musical, largas  notas Negras que parecen nunca van a acabar. Y una muchachada enardecida, les aclama siguiendo el gutural sonido que abandona la nitidez propia de la voz. Caramba, menos mal que aún no se les ha dado por componer una poesía; y no imagino la sensibilidad que pudiese trasmitir un poema, con solo la escritura de una pequeña oración repetida una y otra vez. 

¿Qué tal eso de Bad Bunny? Que la prensa europea después de las repletas presentaciones sucedidas reconocen que: ”La voz del interprete, es solo una parte de la música que se expone”.  ¡Carajo! Pareciera que a esta generación toda, incluida los periodistas, hubiese tenido el mismo accidente en la marmolina pileta bautismal.  

“Mírala. Toda la mañana en el club, conmigo pasándola cabrón” así, una, dos, tres veces y sigue igual. Ó que tal: “En la guagua se siente el olor de tu perfume…, pero que a medida que nosotros  peleamos eso es solo lo que lo que nos une. Y te mando un abrazo ma mama mama… mama Mondá….  Y que de verdá es que en tu pensamiento eso es lo que presumes”. 

Y el corista afinado y legible dice: “Para que to el mundo vea lo rica que tú estás.” 

Caramba: ¿Será el “Intro” para la música de los Reptiliano, Draconianos o de otra etnia inter-espacial,  no ya del futuro, sino del ahora mismo? No estoy seguro de ello, pero si lo estoy de que para los bautismos en el futuro, debe cambiarse el material con que se construyen las piletas para tal rito; tal vez si las hiciéramos de plástico, quizá liberaríamos a las juventudes del futuro de tales afectaciones crónicas. 

Y ah, exigir drásticamente a los sacerdotes, ejercitar riguroso su brazos y manos para sostener a los muchachitos y muchachitas, evitando tales accidentes cuando es que los bañan con el agua del espíritu santo. 

De veras, creo que hasta ahora el actor americano Jerry Lewis, el cómico de los años sesenta tenía razón: “El mundo está loco”.

*Ingeniero. Escritor. Analista. Columnista

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