JOSÉ MANUEL HERRERA VILLA

Por: José Manuel Herrera Villa*

Estamos viviendo en un mundo en el que la falta de talento es trocado por la mediocridad, donde es de común ocurrencia la llegada de personas a cargos de preeminencia sin conocimientos acordes, ninguna habilidad específica y pobres competencias, puestos allí solo por favorecimientos de diversa índole, en detrimento de otras, esas sí con talento, pero sin las “palancas” suficientes que apoyen sus cometidos de orden laboral.

Éxito, suerte y oportunidad suelen perseguir a unos “nada que ver” que enmascaran el significado que los define, haciéndose llamar a sí mismos listos, vivos, adelantados, duchos, lo que vitalizan sin ningún pudor y a costa de la idiotez de otros, prosperan en la escala social entre la indiferencia de algunos, la admiración de pocos y la impotencia de los más. Muchos son los dueños de habilidades y reales competencias que estupefactos miran cómo los mediocres les pasan por encima destacando sobre los verdaderamente capacitados, solo porque su arrojo les facilitó en su hora dar un paso más por tener nada que perder y mucho por ganar.

La población ignara eleva a inteligente al osado, menospreciando al talentoso que no entienden, o no estar en capacidad de valorar la competencia en la que destacan sobre la inmensa mayoría. Es la gente del común la que en realidad mueve el mundo, por tener la potestad de volver exitoso al corriente y frustrado al más capaz. Ya por ocupar un puesto de poder, desinterés o desconocimiento, los más comunes son los que deciden quién sube y quién no, equivocándose la más de las veces al no mediar en ello estudio, análisis ni reflexión alguna.

De igual o peor manera las denominadas redes sociales y ciertos medios de difusión contribuyen a valorar personas que en realidad no lo tienen, al tiempo que desdeñan a aquellos que sí lo poseen. El mal no está en lo que mal hecho está, sino en lo por venir. Soportados estudios a este tenor indican que el coeficiente intelectual medio de la población mundial ha disminuido, lo que convierte todos los rincones del mundo en escenario propicio para que los “nada que ver” disfruten con sus mentiras, y los jóvenes, el futuro, cada día se desperdician más y más en asuntos baladíes que hacen o dicen personas que son otros “nada que ver”, personas que se hacen a fama por llevar a cabo un sinfín de absurdos que son sus referentes mayormente significativos.

Hoy pocos leen, menos escriben, no saben hablar, sin percatarse que como lo refieren los estudios, es el empobrecimiento del lenguaje que oculta la incapacidad para elaborar y formular el pensamiento complejo. Menos manejo del lenguaje traducen menos capacidad de manifestar emociones y poco nivel de procesamiento, lo que hace que aflore victoriosa la mediocridad rampante para que quienes son un tanto más perspicaces, se alimenten de esa mediocridad.

 *Profesional en Administración y Finanzas. Especializado en Auditoria Integral. Formulación y Evaluación de Proyectos de Desarrollo jomahevi@gmail.com 

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