Por: José Manuel Herrera Brito

Como ciudadanos, lo que nos supone como personas con criterio propio, debemos y tenemos que ser conscientes, pues ni más faltaba, que creamos que los vítores, hurras, bravos, vivas, aplausos y demás otras manifestaciones que los políticos suman en sus campañas se traduzcan siempre en votos, lo que es para tener en exacta cuenta. Sabemos que esas expresiones de los asistentes a dichos eventos son lo que se denomina el al argot político un abrazo minúsculo, en la certeza que tales momentos de euforia se dan con facilidad y para todos, sin importar quien o quienes estén esos escenarios que casi siempre sazonan con refrigerios (y no de buena calidad) y se atiborran en medio de un gregarismo que impulsa a lo cual, siendo verdad que dichas parafernalias, muchas de ellas absurdas y de mal gusto, no se convierten en votos porque sí.

Todos y cada uno de nosotros, en una u otra oportunidad, hemos sido testigos de esa serie de demostraciones que se dan casi siempre en defensa de algunos supuestos con los que la mayoría de las veces no se está de acuerdo, e incluso cuando quienes están delante de las audiencias se contradicen, o pasan de unas posturas a otras sin sonrojarse siquiera, en su consciente entendido que quienes los escuchan no se percatan. Cuando reniegan de algo, se suman a uno u otro algo cualquiera y digan lo que digan, siempre serán aplaudidos sin importar el contenido de sus exposiciones. Definitivamente… el rebaño. El adónde va la gente, adonde va Vicente. Les interesa el efecto que se genera, a fin de difundirlo mediáticamente, para dar así sensación de gran poder de poder de convocatoria y sumar seguidores, en el también entendido que a nadie le gusta perder.

Es cosa que cada día y cada vez se entiende más, razón por la que las personas, especialmente las más centradas respecto de lo que verdaderamente acontece a su alrededor sienten vergüenza ajena, lo que no sucede con los más de los asistentes, quienes acuden a dichos escenarios y demás eventos de similar tenor e importancia, en la realidad de ser partidarios previos, bien dispuestos y son quienes van con el aplauso programado desde sus hogares o sitios de trabajo.

Esos aplausos cada vez menos, entiéndanlo cada vez más, no son ni se convierten de la noche a la mañana en votos para contar, a pesar que aún falta mucho para que se defina una mejor conciencia política entre las gentes, la cual debería adentrase. en beneficio colectivo que no individual, en jornadas de reflexión y en tal derrotero, escoger bien y mejor y no respecto de los que a veces sin darse cuenta, aplaudió, vitoreó o arengó precipitadamente. Procuremos ser más justos con nuestros congéneres y con nosotros mismos. Escojamos bien y mejor por favor. Basta ya de equivocarnos tan repetidamente, toda vez que terminamos como siempre pagando justos por pecadores y ello no es ni será nunca saludable. En nuestras manos está reconsiderar situaciones y recomponer el rumbo. Que no se nos olvide, en la seguridad, absoluta por demás, que todos saldremos gananciosos.

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