Por: Saúl Alfonso Herrera Henríquez*
La verdad verdadera de los asuntos todos, especialmente los gubernamentales, deben llevarnos en contexto de civilidad, a atmósferas de acuerdos y consensos como condición para evitar la confrontación; y como en todo proceso los actores tendrán que ceder para llegar a una solución colectiva, a fin de materializar sensaciones de alivio con miras a la pacificación; no obstante, el listado es nutrido y tomarse en cuenta deben las circunstancias que vienen molestando desde hace ya bastante rato.
Adicionarse a esto deben las reforma en proceso y en perspectivas, un pacto por la economía, el desarrollo sostenible, productividad, empleo y trabajo, reconstruir cohesión social, integración e inclusión para volver a encontrarnos y aceptarnos con respeto. Búsqueda y procura de la unidad en la diversidad como objetivo que facilite lo que necesitamos. Reconocer que somos una sociedad violenta que debe sosegar su energía destructiva y encaminarla a la creación, a la economía naranja en todas sus manifestaciones. Consolidar formas para la solución de conflictos encontrando modos democráticos que los enfrenten y superen.
Se encuentran en estos propósitos dificultades, pero nada que no pueda superarse, encontrarles solución y garantizar para todos la mejor de las cosechas en orden y en virtud de democracia.
Tenemos que ir como país hacia superiores niveles de eficacia para enfrentar nuestras dificultades y llevarlas a procesos prácticos, Convertir el turismo, esa grande industria sin chimeneas, en una política pública a ejecutarse en todo el territorio patrio, aceptar la migración que edifique, atender las zonas rurales, construir una sólida consciencia urbana que cultive la vecindad y ocupe el territorio con un derrotero que fortalezca las ciudades intermedias, las regiones metropolitanas y los centros poblados que se articulen entre sí; acciones que son mucho más que simples medidas administrativas y expresan la capacidad constructiva de una sociedad de cara al mañana.
Obligados estamos a aceptar el desafío de reconocernos humanamente humanos y vulnerables, para así volver nuestros ojos y nuestra energía a la superación consciente, permanente y continua de estarnos lamentando, lo que por si mismo a nada positivo ni edificante conduce; más, cuando lo que necesitamos como país son gente con propuestas que vayan más allá de la ingenuo e inocente y definitivamente tengan que ver sí o sí con ciudadanos decentes que deseen y quieran trabajar dignamente en beneficio y aprovechamiento.
*Abogado. Especializado en Gestión Pública. Derecho Administrativo y Contractual. Candidato a Maestría en Derecho Público. Columnista

