JOSÉ MANUEL HERRERA BRITO

Por: José Manuel Herrera Brito.

El presente es efímero sabemos todos, razón por la que hay que vivirlo a tope y con buen juicio. Recuperarlo nos permitirá en adelante vivirlo con toda la intensidad con que quizás ayer no lo hicimos, lo que será, de tenerlo en cuenta, tabla de salvación en muchas situaciones y circunstancias, debiendo incluirse atender en mejor forma relaciones y amistades, cuestionarnos más, ver con mayor claridad las reformas urgentes que en todo sentido demandamos como sociedad. No se puede volver al pasado, ello está claro, más si se impone retomarlo para aprender. El pasado está en el futuro, está adelante, no atrás; nos permite modificar nuestra ruta y, si hemos estado atentos a las señas del camino, cambiar de rumbo, orientar el paso. Está en lo que somos hoy. Somos hoy lo que fuimos, vivimos, amamos, sentimos, asimilamos, quedó en el camino, guardamos y dejamos ir.

El único momento de conexión que tenemos es el hoy, el presente vivido intensamente. Aquí y ahora. No podemos cambiar el pasado, pero sí el presente, tomando nota del pasado. Corrupción, inequidades, injusticias, descalabros sociales y demás desmanes e imprecisiones tienen un pasado que señala acusadoramente que no hicimos ni elegimos lo correcto; de ahí que importe cambiar, modificar, transformar esa realidad es nuestra tarea presente, nuestra responsabilidad y obligación hoy, aquí, ahora, sin más dilaciones.

Nuestros territorios nos necesitan pensantes, hacer más por nosotros mismos, descubrirnos mejor y descubrir las necesidades nuestras y de los demás, cohesionarnos, integrarnos, hacernos solidarios, reconocernos, censurar lo desigual, vernos en los sufrimientos de muchos y por la tierra que nos necesita, imponiéndose encuentros y reencuentros, reflexiones, amistad y respeto profundo por la maravilla de la vida nuestra y de los otros, de la creación. Se trata de volver al pasado para construir el porvenir con sus factores sociales e históricos que permitan construir identidad configurando modelos participativos dentro del territorio, promoviendo la defensa, proyección, desarrollo y crecimiento comunitario.

Requerimos para lo cual, acudir a métodos que permitan una descripción de la vida diaria, indagar por los símbolos y las representaciones sociales que han conformado la identidad posibilitando así un acercamiento a profundidad de los propios fenómenos de la sociedad, a fin de lograr así dar una correlación a la información recopilada, tomando como instrumento de vital importancia los discursos de la comunidad que faciliten encontrar imaginarios, autopercepciones y vivencias a lo largo de la historia de la comunidad.

Las circunstancias socio-históricas que experimenta un territorio configura la identidad desde la autopercepción y la que otros tengan o puedan tener sobre dicho espacio geográfico y sus gentes, lo que potencia la posibilidad de transformar sus prácticas, su pensamiento y sus creencias, lo que ayuda sobremanera a definir que la importancia de la participación en todas las actividades públicas fortalece y desarrolla sociedades más equitativas e inclusivas. saramara7@gmail.com

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