SAÚL ALFONSO HERRERA HENRÍQUEZ

Por: Saúl Alfonso Herrera Henríquez*

En crisis pareciera estar la democracia, a juzgar por que hoy se cuestiona más a los sistemas en los que los gobernantes son elegidos por el pueblo, y poco o nada aquellos donde predomina la autocracia. Democracia es el sistema político que defiende la soberanía del pueblo y su derecho a elegir y controlar a sus gobernantes. Aspiración, ideal, manera de tomar decisiones entre los miembros de una comunidad y, a través de ella, regular la convivencia. Idea sencilla no siempre compartida por todos.

Cada persona puede tener una idea diferente de lo que es la democracia y se da porque es un concepto que tiene múltiples significados y dimensiones: ideal, forma de vida, régimen o sistema político, conjunto de valores. Su multiplicidad de significados no disminuye la importancia de una serie de ideas que como ciudadano debemos tener cuando participemos en política o queramos vivir en un sistema político que llamamos democracia.

A pesar de su importancia, muchos la perciben como algo lejano, abstracto, inalcanzable o que no se entiende muy bien. Otros que es una mala palabra y la rechazan. Algunos no la quieren porque lo que conocen como democracia no satisface sus expectativas y unos porque no les gusta compartir el poder ni que todos participen en la solución de los problemas colectivos. Hay personas que les encanta ponerle adjetivos porque el concepto principal les parece incompleto e insuficiente. Una serie de atributos son usados de manera cotidiana para acotarla, tales como democracia delegativa, liberal, de calidad, débil, lo que es asaz común; y, que tenga defensores y detractores hace la tarea mucho más compleja de lo que se pueda creer.

Su historia es la de un cúmulo de personas exigiendo que se cumplan derechos tales como libertad de expresión, de prensa, de culto, voto, derecho de asociación, respeto a las minorías y a las diversidades, de las mujeres a una vida libre de violencias. Cada día nos ponemos más exigentes y queremos más derechos porque queremos vivir en democracia. Por eso, en nuestra historia, se han ido acordando una serie de ellos y de obligaciones que las personas tenemos que conocer y cumplir para poder vivir en democracia.

Autocracia en tanto, es ese régimen político en el que una sola persona gobierna sin someterse a ningún tipo de limitación y con la facultad de promulgar y modificar leyes a su voluntad, como son los caos de China, Rusia, Turquía y Etiopía, para solo citar algunos. Los autócratas son elogiados por una supuesta mejoría de sus economías. Aunque sea verdad que la de China creció durante décadas, vale aclarar que aumentar el PIB es más fácil cuando el comienzo es la pobreza. Los seguidores de los regímenes autoritarios también argumentaban que sus líderes podían pensar a largo plazo, ya que no tienen que preocuparse por elecciones cada cuatro o cinco años, a diferencia de los jefes democráticos.

De todas maneras, y esto hay que estudiarlo, analizarlo y tenerlo en cuenta, la crisis de autocracia proviene en parte de la falta de mecanismos correctivos, especialmente cuando eliminan los límites legales a sus propios poderes. Los estados autoritarios no han ofrecido al mundo más que enfermedades, guerras y hambre; y, pensando a futuro, su derrocamiento podría extender la violencia y la anarquía.

Saúl Alfonso Herrera Henríquez. saulherrera.h@gmail.com Abogado, Especializado en Gestión Pública. Derecho Administrativo y Contractual

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