SAÚL ALFONSO HERRERA HENRÍQUEZ- abogado. Magister en Derecho Público. 

Por: Saúl Alfonso Herrera Henríquez*

Las campañas permanentes por parte de los partidos políticos, que en mi concepto debe ser una constante, son vistas por algunos, por no decir que los más, como un riesgo de orden principal, al considerar que  las convierte en una competencia interna prolongada que puede generar tensiones entre los grupos internos y liderazgos regionales, aumentándose así la posibilidad de conflictos que llegar pueden a ser irreconciliables. En contrario sentido, creo que sirven las campañas  planteadas como un proceso prolongado y continuo para conocer mejor a quienes los representarán, puesto que son se tratará ya de un momento específico de selección, sino de una etapa extendida de posicionamiento político, lo que debe ir acompañado de mecanismos más estructurados para definir sus candidaturas y decidir en mejor manera las decisiones, lo que las robustece de forma importante, al tiempo que fortalece y ayuda a profundizar la democracia.

No es de mucho fiar que los procesos internos sean rápidos y concentrados, que se definan de acuerdo con “impulsos, situaciones y circunstancias de últimos momentos”, muchas veces non santos, lo que muestra a los partidos con un alto grado de improvisación organizativa. El proceso de escogencia de candidatos debería evolucionar hacia la institucionalización, definir las candidaturas con debida anticipación, valerse de las encuestas, adecuadas a la razón de ser partidista y apropiadamente consolidadas como parte importante de los mecanismos de selección.

Los aspirantes deben iniciar sus recorridos mucho antes del registro formal, lo que permitirá un mayor orden interno, lo que si bien alarga la competencia, la “selección” deja de ser un evento puntual para evaluarse durante varias etapas claramente definidas, en las que converjan, además de la necesidad de control interno sobre una estructura política cada vez más amplia, crecer en presencia territorial, depurar aspiraciones con mayor tiempo y disminuir rupturas de último momento; lo que se traducirá en un proceso interno objetivo en contexto de un sistema de evaluación continua, a la par que ayuda a mantener la visibilidad constante de sus cuadros, mantener activa la estructura política del partido y permitir evaluar sus liderazgos con un mayor horizonte en el tiempo para evitar sorpresas. Igualmente, sirven para, exponer a la opinión pública las diferencias internas, lo que intensifica la presión sobre la cohesión partidista. Y si bien ello según algunos puede generar desgaste, alerta sobre la necesidad de aceitar las estructuras partidistas con bastante tiempo de anticipación para mantener la cohesión y la visibilidad de los partidos.

Los politólogos sostienen que el primer deber de un partido político es ganar el poder, y una vez que lo logra, su meta principal debe ser cómo preservarlo. Pero el punto está en la capacidad real de los partidos para mantenerse en el poder. O las formas que use para hacerlo. Porque crean lo que crean los políticos, la fidelidad de los votantes no es eterna y menos si no se les tiene en cuenta, de ahí que como en política la futurología no existe, conviene prepararse para no caer en el vacíos, imprecisiones ni improvisaciones.

Nadie con certeza puede asegurar la eternidad de los mandatos políticos. No se conocen regímenes eternos. Muchos que lo han pretendido debieron evolucionar, modificarse o adaptarse a las nuevas circunstancias de los tiempos como a partir de su encumbramiento. Igual se desgastan con mayor o menor celeridad por el autoritarismo, el clientelismo, la corruptela, la represión, la personalidad de sus líderes.

 *Abogado. Especializado en Gestión Pública. Derecho Administrativo y Contractual. Candidato a Magister en Derecho Público. Analista. Conferenciante. Columnista

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