SAÚL ALFONSO HERRERA HENRÍQUEZ

Por: Saúl Alfonso Herrera Henríquez* 

Popular se hizo en su momento la frase “Todo para el pueblo, pero sin el pueblo”, invención del despotismo ilustrado, que buscaba el desarrollo político, económico y social de los Estados y que los beneficios llegaran a los súbditos, pero sin contar con ellos, solo con quienes pertenecían al círculo de los denominados ilustrados. Gracias a tal concepto de orden político se alcanzaron avances tanto importantes como significativos en el continente europeo en la segunda mitad del S XVIII. En la actualidad dicho concepto no tiene lugar en nuestras sociedades, donde el valor superior es el de la democracia, entendida en sentido estricto como una forma de organización del Estado en la cual las decisiones colectivas son adoptadas por el pueblo mediante mecanismos de participación directa o indirecta que confieren legitimidad a sus representantes.

Sin embargo, y lo percibimos, vemos y palpamos día a día, que siempre está latente la tentación, inaudita por cierto, de gobernar sin contar con el pueblo una vez que han pasado las justas electivas, lo que nos deja en claro que en su desarrollo se acude descaradamente a la demagogia y el populismo, en una clara demostración de cómo utilizan los dirigentes al ciudadano para sus personales fines y nunca para los superiores de la comunidad. Definitivamente utilizan al electorado quienes estructuran su hacer político y establecen sus planes en esa dirección, en el que no son tenidos en cuenta los sufragantes cuando de hacerlos partícipes se trata. Nunca están ellos en sus consolidaciones ni en sus cometidos.

No cuentan nunca con la gente, no se atienden sus demandas, no se trabaja en procura de atender las propias realidades y necesidades poblacionales ni territoriales, ni siquiera con sus representantes más cercanos, los del ámbito local, para diseñar las reforma que afecta el entorno; pero sí con sus camarillas, que les ayudan a materializar sus malas ambiciones y codiciosos intereses. Van por la calle del medio sin atender consensos, ni siquiera dialogan, todo se torna en despropósito.

Nos toca sin dilación alguna y ante la cercanía de un nuevo debate electoral acertar políticamente, lo que debe y tiene que ser una obligación. No más improvisaciones. No más actuar cual borregos en beneficio de otros intereses que no los propios. Tenemos que adentrarnos en nuestras realidades y necesidades. Es hacer valer nuestros derechos. Analizar. Ser aterrizados. No más improvisaciones. Interesa que tensemos la cuerda en la búsqueda y procura de los propios y colectivos beneficios. No más seguir siempre al límite
de las irrealizaciones. Cumplámonos a nosotros mismos. No más equivocaciones. No más afectaciones. Hagamos la diferencia so pena de continuar sumergidos por elegir mal y peor, con mandatarios y dirigentes que en nada corresponden con el ser, hacer, quehacer y deber ser que les compete en esencia.


*Saúl Alfonso Herrera Henríquez. Abogado. Especializado en Gestión Pública. Derecho Administrativo y Contractual. saulherrera.h@gmail.com

Por editor

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.