Rubén Darío Ceballos Mendoza

Por: Rubén Darío Ceballos Mendoza*

La política, bien se sabe, es la forma ideológica que centra el poder a un grupo de personas que lideran y velan por las garantías de una población. Aristóteles desarrolló una obra que la tituló «Política», que fundamentó los principios de lo que actualmente es Administración de poder. Es la administración de poder que tiene un encargado y sus seguidores, debe ser tratada con cautela. Actualmente, posee distintas vertientes, dadas las formas de pensar de diferentes pueblos que practican distintas culturas y estilos de vida y se debe adaptar a las condiciones de la región en la que se emplea, pero también se utiliza para la relación entre países para el desarrollo de las comunidades con ayuda externa, al tiempo que presenta distintas áreas de estudio, tales como: fiscal, económica, monetaria, ambiental.

Es una actividad ejercida por un grupo de personas destinadas a tomar una serie de decisiones para cumplir con objetivos. Es una manera de ejercer el poder y lograr mediar las diferencias que se presentan entre las partes, en lo que refiere intereses sociales. A lo largo de la historia, ha constituido una serie de actividades organizadas por los sistemas. De ahí que llame la atención, debido a los fines e intereses superiores que persigue la política en beneficio colectivo, que quienes la ejercen pretendan que crezca el desprendimiento ciudadano por ella; toda vez que las escenas a las que asistimos estupefactos y que sus
malas, peores y perversas acciones adoban dan para ello, generando descontrol sin rumbo, lo que indica el descenso en que la han postrado, amenazando el horizonte y ningún positivo inmediato porvenir.la

Son incapaces muchos de ellos, de mantener al menos la compostura. Hacen sin recato lo que les place, además de cobrar para hacer lo que tienen que hacer, cuando su deber es trabajar para mejorar la vida de las personas. No han entendido que la política debe siempre construir, fortalecernos con ideas, iniciativas, propuestas, planes, proyectos y programas para mejorar. Exceden todos los parámetros y paradigmas, sembrando tensiones e incertidumbres que auguran malos destinos, inquietudes, desasosiegos y propician desequilibrio.

El llamado es a ser dignos representantes del pueblo que los elige, y que no se alimente el desapego a la política por parte de los ciudadanos. Es claro que la política de la acción, decisión, ideas, proyectos y ambición en beneficio del pueblo es más necesaria para consolidar objetivos y dejar de lado la estela perversa que nos ha endosado la llegada a dicha actividad de una serie de personajes totalmente prescindibles, lo que lleva a concluir que no estamos obligados a sufrir la medianía de políticos de baja estofa. Ciudadanos, entendamos de una vez por todas que las urnas deben purificar nuestro porvenir. Darnos libertad. Afianzar la democracia y en lo posible, a pesar de saber que en el camino patrañas surgen, encargarnos debemos de poner a cada quien donde les corresponde.


*Jurista. rubenceballos56@gmail.com

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