Jose-Luis-Diaz-Granados -Periodista Cultural. Escritor. Ensayista.

Por: José Luis Díaz-Granados*

Santa Marta, mi tierra natal, es una ciudad de floraciones naturales singulares, interesantes e irrepetibles, desde el Morro, soberano guardián de la preciosa bahía, hasta la Sierra Grande, el único nevado del mundo que tiene litoral. En cuanto a su dimensión humana, no voy a citar a tantas personalidades sobresalientes que han contribuido a lo largo de cinco siglos visibles, en sus múltiples manifestaciones, a la magnificencia de la capital del Magdalena Grande, por la sencilla razón de que en toda enumeración siempre se destacan de manera primordial las omisiones.

Solo en esta tierra balsámica y fragante podía encontrar justo reposo el Libertador Simón Bolívar, el denostado y humillado Padre de la Patria, víctima de los nefastos y farisaicos septembrinos, los que a la muerte del genio caraqueño fundaron dos partidos políticos que malformaron la controversial república que habitamos hace 200 años.

Por las razones anteriores y por muchas más de fuerza mayor, era imposible que Oliverio del Villar Sierra (1941) hubiera podido nacer en un lugar distinto a Santa Marta. 

Oliverio del villar -escritor y poeta samario,
Oliverio del villar -escritor y poeta samario,

Oliverio —hoy consumado Gran Chef Haute Cuisine de prestigio internacional—, es El Samario por antonomasia. Es la encarnación genuina de su nobilísima ciudad con su alegría, emotiva agudeza, inocentes travesuras —heredadas de su inolvidable padre—, sus hechizos naturales y su grandiosidad marina. Pero también, por su rebeldía, «su libertad, sus ímpetus» y su noble corazón atolondrado ante las malignidades que de pronto importunan la serena belleza del cercado.

Leyendo sus Sonetos bolivarianos y Sonetos al garete (Santa Marta, Colección Dorada del Magdalena, 2012), se acrecientan de manera positiva dimensiones que en mi sensibilidad dormitaban confusas. La sencillez que su cálido lenguaje trasmuta en verso festivo, en ocasiones cáustico e irónico, de pura estirpe quevediana, lo que a lo largo de su vida ha atesorado dentro de su inteligencia inquieta y su alma transparente: el amor reverencial a la parábola vital del Libertador Simón Bolívar, el perenne homenaje a los suyos, a los amigos dilectos y a tantas indagaciones que el misterio del ser obliga a formular a los poetas.

Gratísima es en el libro de Oliverio la presencia imperecedera de su padre, el inolvidable Camarada Juan de Dios del Villar —legendario adorador de aquellas preciosas adolescentes samarias de los años 30, a quienes les prometía amor sincero y eterno, poniendo por testigo a “su padre Lenin”, y quien además, dirigía El Sesquiplano, un diario que hacía temblar a los poderosos y a los corruptos en los años 40—, y el mismo que, entre risas y lágrimas a lo Charlot, batalló de manera incansable por una sociedad racional, más humana y más justa. También, destaca Oliverio la impronta ocurrente y genial de su hermano Hernando del Villar, El Momo, uno de pintores más importantes de Colombia en el siglo XX.

Cultor afortunado del “monumento levantado a la memoria de un instante” —como definiera Goethe al soneto—, Oliverio del Villar Sierra aporta con sus versos tesoros perdurables a la ya legendaria belleza de la Perla de América. Sin la menor duda, Oliverio es uno de los samarios sobresalientes que serán objeto de homenajes y reconocimientos en esta conmemoración única, en la que celebraremos orgullosos y regocijados, el medio milenio de la fundación nuestra divina y humana “Perla de América”.

¡Oliverio, hermano mío, por tantos episodios fraternos de nuestras vidas comunes, te envío con estas breves y deshilvanadas palabras, el más entrañable de mis abrazos! Bogotá, 6 de marzo (98 aniversario de Gabito), 2025. 

*Periodista Cultural. Escritor. Ensayista. Conferencista. Laureado Poeta, Escritor y Novelista Colombiano.

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