Enrique Herrera

Por Enrique Herrera A. @enriqueha

Blanco o negro, bueno o malo, izquierda o derecha son tensiones excluyentes y dicotómicas o, en otras palabras, un tipo de distorsión cognitiva  que hace referencia a la tendencia a verlo todo exclusivamente en los extremos o polos como dos absolutos, sin escala de grises ni puntos intermedios. Eso pasa mucho en la política electoral.

Y los resultados de las consultas presidenciales adelantaron el escenario de polarización de 2018 y en esta estrategia, tal y como lo anoté en una columna del año pasado, el objetivo era visibilizar los extremos e invisibilizar al Centro para luego, con un Centro diezmado, ir por sus votos. Así pasó recientemente en Chile y en Ecuador.

Pero también hay otra tensión, entre la angustia -ya no tanto el miedo- que genera un candidato  con sus propuestas que inundan de incertidumbre e inestabilidad el futuro, y la necesidad de cambio. Los electores están pidiendo cambio a gritos pero hay cambios que generan angustia, perturbación, que asustan. En todo caso, entre esas dos emociones definirá su voto. En algún punto extremo o intermedio, entre la angustia y el cambio se situará y votará, porque el voto electoral es un voto emocional.   

En este escenario, si Fajardo con las fuerzas del país nacional, incluidas las políticas, no rescata y reconfigura el Centro, se lo rapará la polarización porque el elector se alineará en un bando o en otro, de hecho ya está tomando partido; pero los candidatos, Fico y Petro,   se dirigirán al centro, al tono de grises, a lo claroscuro para buscar el saldo faltante  que los hará presidente.

Pero la foto política de hoy es muy diferente a  la de la  semana pasada  y la de  mayo, la de la  primera vuelta puede ser distinta a la de hoy. Faltan muchos hechos políticos, comenzando con las fórmulas vicepresidenciales, las alianzas, los errores, los debates, las sorpresas y 8 o 9 millones de votos -que son como el 75%  de los que sufragaron en la consulta- que no votaron pero que siempre votan en la primera vuelta. La consulta tuvo 12 millones 234 mil votos y en primera vuelta del 2018 votaron 19 millones 636 mil personas. Y ahí todavía puede haber juego si el Centro  se recupera del golpe y se convierte en una opción de poder bajo el entendido que a la presidencia no se llega solo y sin tragarse ni un solo sapo. 

Así pues, inició otra etapa del juego pero la cancha la comenzó a demarcar la polarización, Fico y Petro. La ciudadanía  verá en profundidad el desempeño de todos los jugadores; la delantera la llevan los que ganaron las consultas pero ninguno la tiene fácil y todo puede pasar. A  hoy ninguno gana en primera vuelta, la foto puede cambiar, en política nada es estático y al final terminaremos viendo qué pudo más, si el cambio o la angustia  o el punto claroscuro del Centro.


*Enrique Herrera Araújo. Abogado, especialista en Desarrollo Regional y magister en Gestión Pública, experto en tierras, agro y desarrollo rural.

Otras columnas de opinión del autor:

Elecciones de 2022: ¿Una campaña con un único extremo?. La elección de Zuluaga perjudica a Petro y favorece a los candidatos de centro.  Es posible que la lucha entre los extremos haya llegado a su fin.

ALGO VA DE PETRO A LA COALICIÓN CENTRO ESPERANZA. La forma de hacer política está mutando pero el cambio es como el tráfico de Bogotá: tortuoso y cuesta transitarlo. No es fácil y es complejo.

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