Por: Hernando Pacific Gnecco*
El mundo está lleno de museos; desde pequeños lugares temáticos hasta las más grandes galerías que exponen la historia de la humanidad. Todos son valiosos y cada uno tiene mucho por contar. El conjunto de objetos que se exhiben en sus salones no está ahí por azar; el objetivo de un museo es preservar la historia de aquello que aparece en sus exhibiciones, llámese patrimonio artístico, cultural o histórico. En algunos casos, esas piezas aparecen para hacernos reflexionar.
Los museos suelen ser entidades sin ánimo de lucro y permanentemente abiertos al público. Los curadores se encargan de investigar, seleccionar y darle sentido a las obras o documentos que ocupan espacios en esas edificaciones. Incluso, las estatuas o bustos en lugares públicos están ahí para recordar episodios históricos que, nos guste o no, sucedieron e influyeron en la historia de un país o de la humanidad. Colón llegó a América explorando un camino distinto en busca de especias: ese histórico suceso tiene visiones distintas para los nativos y los españoles. El hecho cierto es que la vida de los aborígenes cambió definitivamente: guerras, sometimiento, y un cambio total en sus creencias, costumbres y vida. Al continente también llegaron otras naciones buscando aquellas riquezas que los españoles habían encontrado. Así, los ingleses en Norteamérica casi exterminaron a las civilizaciones nativas, los portugueses esclavizaron africanos para venderlos en este continente; holandeses y franceses aprovecharon la ocasión para dominar territorios. Son realidades ineludibles.
Derribar estatuas y bustos de hombres y mujeres importantes no borra la historia; quemar obras literarias de grandes pensadores no desaparece su pensamiento. Censurar pinturas, fotografías o películas, prohibir canciones, abolir la libertad de expresión o amenazar a los artistas, incluso borrarlos físicamente, no solo no elimina su legado, sino que lo potencia denotando el carácter extremista de quienes acuden a esas prácticas. Han sido comunes a regímenes políticos de toda índole; la Alemania nazi a través de su Ministerio de Propaganda comandado por Goebbeles se enfocó en corrientes de pensamiento consideradas “peligrosas” (¿para quién?); persiguió violentamente a todo lo ajeno a la ideología imperante. Casos similares se vivieron durante el estalinismo en la Unión Soviética, en los Estados Unidos durante la Guerra Fría, Cuba con el régimen de los hermanos Castro, Chile de Pinochet, Italia de Mussolini, España de Franco o China de Mao. Y todos esos escollos, con la excepción de Corea del Norte con la dinastía Kim todavía vigente, han sido superados; el pensamiento no muere con la desaparición de los pensadores.
Colombia también ha caído en negacionismo y revisionismo. Débora Arango lo sufrió; sus obras se retiraban de las paredes más rápido de lo que demoraban en colocarlas. Lleras Restrepo censuró Cien años de Soledad por “vulgar” (las verdaderas razones pudieron ser otras). Los libros vetados en Colombia son numerosos; muchos aparecen en el Índice de Libros Prohibidos. Hasta 1991 hubo comités de censura legales. Poetas, escritores, pintores, músicos, humoristas y todo artista que exprese ideas diferentes al régimen de turno corre el riesgo de persecución. Incluso, el régimen de Maduro vetó a varios artistas colombianos por participar en el concierto Venezuela Aid Live.
Estas censuras vienen acompañadas de negacionismo y revisionismo, sazonadas de odio hacia determinadas ideologías o colectivos; el negacionismo implica un rechazo irracional a hechos históricos comprobados, y el revisionismo quiere “corregir” determinados episodios incómodos. La ignorancia de la historia y la política en estos casos comanda tales acciones. Así, un día los neonazis podrían cerrar los Museos del Holocausto o el sobrecogedor campo de concentración de Auschwitz, o los sionistas negarán el genocidio en Gaza; aparecerán otras Leyendas Negras, se derribarás otras estatuas de personajes históricos o se quemarán más libros.
Recientemente fueron retirados del Museo Nacional de Colombia algunos objetos polémicos; todos ellos tienen peso histórico, independiente del significado para cada corriente política. Ese episodio no cambiará la historia. Aspiramos a que sea una equivocación a corregir y no una revisionista política de gobierno.
*Médico Cirujano. Especializado en Anestesiología y Reanimación. Docente Universitario. Conferencista. Columnista. hernando_pacific@hotmail.com

