Por: José Manuel Herrera Villa*

Nuestros municipios a lo largo y ancho de la geografía nacional, deberían empeñarse en contradecir a quienes los señalen de derrotista; y en oposición a lo cual, levantarse siempre, no doblegarse, dar la cara, buscar y procurar los caminos mejores de desarrollo, progreso, integral bienestar, crecer, producir, competir, entender que, de la mano de tales propósitos, entre otros muchos, es dable consolidarse como territorio.

Es apelar a la materialización de los mejores logros posibles, acudir a lo mejor de sus gente, cambiar la atmósfera cuando no es la mejor. Acordarse siempre de sus mejores días. Unirse. Cohesionarse. Alzarse. Proponerse para lo excelso y apartar lo que división causar pudiera, a fin de defender su razón de ser sin fisuras. Hacerse imparables. Propender por atraer inversionistas nacionales e internacionales. Avanzar en lo posible en contener un tejido industrial. Avanzar. No decaer. Mostrar fibra y nervio. Demostrar de lo que pueden ser capaces y responder ante los embates, sean cuales fueren, con una sólida y unánime respuesta social, además de hacer resistencia cuando se requiera y ser conscientes en cada momento de lo que como municipio deben jugarse en beneficio colectivo.

No pueden nuestros municipios ser indolentes nunca, ni resignarse a no ser prósperos, debiendo reaccionar a tiempo y con pulso e impulso vital. Afrontar sus problemas. No hacerse los sordos sus dirigentes ante las demandas de la población, ni ante las dificultades, que deben ser miradas de frente. Nada de conformismos, ni acomodarse, como tampoco excusarse en el papel de víctima. Hay que hacer de nuestros municipios entes de frenética actividad. Pensar en grande. Hacerse respetar. Buscar mejor vida. Mostrar espíritu de cuerpo, de lucha, de superación y demostrado sentido de pertenencia.

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