Por: Rubén Darío Ceballos Mendoza*

El empoderamiento de la mujer como trabajadora, empresaria, lideresa y emprendedora, debería y tendría que ser oportunidad y realidad en contexto de crecimiento económico, inclusión social, general progreso e integral prosperidad, en la verdad que debe avanzar en distintos campos, áreas y ámbitos para con ello influenciar decisiones públicas que cambien para bien su realidad, ya que su participación en la fuerza de trabajo e ingresos genera crecimiento y efecto multiplicador en la sociedad. No obstante, interesa sobremanera en este derrotero, un superior avance de los derechos de las mujeres que implica sólidos desarrollos regionales, por lo que permitírseles debe acceso en igualdad de oportunidades a crédito, educación, formación, apoyo comunitario y gubernamental, para que así pueda entrar solvente en la fuerza laboral y torrente económico

En tal sentido debe promoverse a la mujer como pilar de crecimiento económico, lo que permitirá positivos cambios y transformaciones a modelos y estructuras que sin ellas no funcionan; además, no puede desperdiciarse porque sí su potencial poblacional y con ello hacer posible mejorar exponencialmente las condiciones de vida de la población, reducir la pobreza, expandir la economía y definitivamente crecer económicamente y alcanzar resultados positivos en materia distributiva. Es claro que la participación de la mujer en la fuerza de trabajo está muy lejos de la masculina t los hogares don de la mujer es cabeza de familia siguen siendo más pobres que los encabezados por hombres; de ahí que sea necesario promover un verdadero empoderamiento de las mujeres, que les permita ejercer la plenitud de sus posibilidades como pilares de crecimiento y desarrollo, en lo que importa un cambio estructural, que reduzca las desigualdades, interesando  énfasis especial en las mujeres con mayores niveles de vulnerabilidad en razón a su condición social, raza, etnia o tipo de empleo. Importa en este itinerario, la pronta eliminación de todas las formas de violencia contra la mujer, ya que mientras persista lo cual y se siga menoscabando el ejercicio de sus derechos, estaremos obstaculizando el desarrollo, así como su capacidad y autonomía económica, que contribuye, entre otros factores, a la erradicación de la violencia.

Contribuye el empoderamiento de la mujer a que exija sus derechos, ejerza liderazgos, aproveche las oportunidades de educación y empleo, con lo que, sin duda alguna, las economías crecerán. Si queremos aprovechar ese potencial de las mujeres como socias del desarrollo, debemos por todos los medios eliminar las violencias contra la mujer, en lo que ayuda el compromiso político como factor fundamental, a nivel de cada municipio y departamento de la región, para brindar un apoyo efectivo y apropiado que responda a las necesidades específicas de las mujeres, a través de una adecuada inversión social y sistemas de protección social que establezcan escenarios mínimos y la superación de necesidades básicas insatisfechas, tales como: acceso a servicios básicos de salud, educación primaria, seguridad en el ingreso, vivienda, agua saneamiento y otros servicios para reducir desigualdad y exclusión.

Si en verdad avanzar se quiere en lo que a la autonomía económica de las mujeres se refiere, cabe repensar las redes de cuidado y los sistemas de protección social, los cuales deben articularse con provisión de servicios, desde guarderías y jardines infantiles en los lugares de trabajo, las escuelas o los centros comunitarios, hasta centros de atención y personal de apoyo domiciliario para adultos que por discapacidad o edad no pueden cuidarse a sí mismos, estrategias que deben estar acompañadas por políticas que reduzcan el peso que enfrentan las mujeres por el trabajo no remunerado.

Empoderar a la mujer es reducir la desigualdad en todas sus expresiones, hacerlas partícipes de su propio desarrollo y el de sus comunidades, para lo que se debe trabajar en conjunto y de esta manera contribuir a potenciar al máximo sus capacidades, talentos y energía. Demanda todo lo expuesto actitudes proactivas de los gobiernos y manejar agendas de inclusión en las políticas de desarrollo social y económico. El progreso de la mujer es el de todos. Dar prioridad a la mujer no es una opción sino una necesidad. Invertir en la mujer, además de ser un asunto de derechos, es también expresión de buen sentido económico, debiéndose implantar e implementar medidas concretas y acciones dirigidas al cambio, a promover y respaldar la participación de la mujer en la economía, como una de las rutas mejores para lograr un crecimiento económico sostenible, reducir la pobreza y alcanzar superiores niveles de integral prosperidad para todos en nuestra región. rubenceballos56@gmail.com *Jurista

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